¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

Almas corrompidas

SamuelDelAmorSamuelDelAmor Pedro Abad s.XII
editado julio 2012 en Narrativa
Capítulo 1: El comienzo.

En las llanuras inmensas de China, se encontraba un pequeño niño de ojos verdes y pelo rojo como el fuego, cuya situación familiar no era precisamente la que todos desearíamos.

Sus padres no parecía que le prestasen mucha atención, yo diría incluso que no le querían, de hecho me atrevería a decir que le odiaban. Odiaban a su propio hijo, aunque éste, en su inocencia desconocía los motivos. Las miradas que recibía por parte de todos eran de desprecio, y los que le sonreían lo hacían para después burlarse de él.

Pasó su infancia muy mal, hasta que cumplió los 14 años y como era de suponer, no era un chico bueno. Era un ladronzuelo de poca monta, al que pronto se le acabarían los días de niño, para convertirse en adulto por culpa de un incidente que él mismo llevaría a cabo de forma involuntaria.

Era viernes, y como de costumbre iba a robar comida a las casas de los incautos que se dejaban la puerta abierta. Tuvo la mala suerte de entrar a robar a un criminal conocido en toda la comarca, escondido en una casa de madera que él mismo construyó. Cuando entró, el joven buscó desesperado por todos los rincones de la casa algo que echarse a la boca. Sin darse cuenta, mientras comía sintió una presencia enorme detrás de sí, y que sin girar la cabeza podía suponer que era bastante grande y que estaba en un lío.

-Eh tú, ¿qué crees que estás haciendo chaval?-, dijo con voz ronca. Vas a lamentar haberte comido mi cena.

Sin dejar que el pobre chico dijese nada, le dio una paliza tan grande, que lo dejó inconsciente. No sabía cuanto tiempo llevaba inconsciente cuando se levantó, pero algo había cambiado en su mirada. Ya no tenía la mirada de un pobre desgraciado al que nadie quiso y que sólo buscaba un hueco para esconderse, ahora tenía una mirada más profunda y con un evidente trastorno por culpa de aquella paliza.

El joven, al que por cierto no he bautizado se llamaba Joshiro, el cual buscaba ahora una venganza contra el hombre que le apaleó.

Aquella misma noche, sin pensarlo dos veces robó un cuchillo y partió hacia la casa del asesino. Estuvo un buen rato sentado en frente de su casa, pensando en la manera de hacerlo rápido y por supuesto, eficientemente.

De repente el hombre salió de casa para hacer sus necesidades junto a un árbol, de forma que Joshiro aprovechó y se metió en su casa sin que éste lo percibiera.

El hombre, al entrar en casa, cerró de un portazo y se echó en su cama de paja hasta quedarse dormido. Joshiro sin dudarlo un instante, se acerco por detrás de su cabeza, colocando el cuchillo sobre su garganta y apagando la luz de aquel hombre horrible.

Tras matarlo, Joshiro se sintió aliviado y salió de la casa. Al principio pensó que estaba mejor porque había acabado con la vida de su agresor, pero pronto se daría cuenta de que había desatado en él, una furia interna que le haría disfrutar del mayor delito que existe...

Comentarios

  • SamuelDelAmorSamuelDelAmor Pedro Abad s.XII
    editado julio 2012
    Capítulo 2: Saciando sed.

    Gritos de lejos oían los guardias, mas cuando se acercaron solo el cadáver de una joven se encontraba en el suelo. Joshiro tenía ya 19 años, y su sed de venganza contra la sociedad había crecido demasiado. La sociedad que se burló y le despreció cuando sólo era un niño por el mero hecho de tener 9 dedos había provocado que se convirtiese en un asesino en serie.

    Veinticinco víctimas llevaba en total, de las cuales dos eran chicas y los demás hombres mayores de 30 años. El ansia del joven ahora era imparable y todos estaban empezando a entender el monstruo que habían creado.

    El emperador chino mando en persona a un especialista para terminar con la vida del asesino Joshiro. Su nombre era Yamato, de 20 años, y al que todos temían por su faceta destructiva. Había matado a varios de sus compañeros por realizar mal un simple trabajo, pero el emperador le respaldaba por lo que Yamato podía hacer casi todo lo que quisiera.

    Pronto, otro asesinato tuvo lugar en una pequeña aldea cerca de Beigin. El asesino ya sabían quien era, por su particular forma de acabar con las víctimas; a todos les degollaba y luego les cortaba un dedo.

    Joshiro había perdido el control y sólo quería matar. Pero él no era tonto, y sabía que por donde estaba era muy conocido, por lo que anduvo durante meses hacia otras ciudades de China.

    Llegó a Yumen, una ciudad preciosa pero con gente no muy cordial. Nada más llegar lo notó en la forma de ser de aquella gente, por lo que sus ganas de empezar a matar iban creciendo. Entró en una casa de juego con un poco de dinero que le quedaba de las victimas anteriores, y se dispuso a jugarlo todo.

    Un joven de 21 años se acercó a Joshiro y se le quedó mirando fijamente, sonriendo. Joshiro no cambiaba su mirada de asesino (nunca mejor dicho), y tiró los dados, con la buena suerte de ganar la partida y triplicar su dinero. Se sentía afortunado y estuvo toda la noche jugando hasta que por su puesto, lo perdió todo.

    Y os preguntaréis quién se lo ganó, pues fue el joven de 21 años que le sonrió. Joshiro inmediatamente empezó a pensar que le había hecho trampas y cuando salió de la sala de juego, esperó sentado a que saliera el otro joven.

    Cuando éste salió, Joshiro se levantó y le siguió por los callejones oscuros. El joven se dio cuenta pronto y se giró, mirando a sus ojos y dándose cuenta de que no iba a robarle solo el dinero. En un intento de desesperación, tiro todo su dinero al suelo y salió corriendo, pero Joshiro parecía haber perdido el interés por el dinero y corrió tras el joven, al que atrapó a los pocos minutos.

    El joven suplicaba por su vida, incrédulo de lo que estaba pasando. Joshiro saco su cuchillo y lo puso en el cuello del joven, llevándolo de izquierda a derecha. Tras acabar con el, cogió su mano para quitarle un dedo.

    A la mañana siguiente, Yamato ya había llegado a la escena del crimen, y sentía que cada vez estaba más cerca del asesino, pero no sabía hacia donde se dirigía ya que los instintos de Joshiro eran incomprensibles...
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado julio 2012
    Serà que coleccionaba dedos? :eek:
  • SamuelDelAmorSamuelDelAmor Pedro Abad s.XII
    editado julio 2012
    Hehe, bueno lo de qué hace con los dedos aun no se sabe, pero los corta por lo que el propio relato dice que ocurrió en su infancia en la segunda parte :).

    Este relato es un poquito macabro y fuera de lugar, pero lo que ha hecho hasta ahora es poco. :D
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com