Pétreo
El eclipse de sus ojos sobre los míos trae las sombras de la negra noche hasta mi pétreo mundo interior, es entonces cuando crujen sobre mí las piedras, se parten en pedazos y caen como fina grava desde lo alto de mi hogar, la catedral de Notre-Dame. Éste es mi viejo refugio, aquí las alturas me protegen de la gente cuando descanso pero ahora vuelvo a estar despierto, alado y lúcido y, me siento vivo de nuevo. La mirada parda que me encuentra para fundirse con la mía me devuelve el aliento, por mi pecho vuelven a latir los temblores del mundo, por mis venas vuelven a fluir los más agitados ríos y por mi piel vuelve a brotar un sinfín de rosas rojas. Mi camaleónico rostro comienza a sonrojarse y un inmenso abanico de olores afrutados entra hasta mis pulmones. Es por ella que pasa, que pasa por delante mía como corre el tibio viento a anunciarle la primavera al invierno. Un manto de estrellas tiene por velo, unas manos tan finas que no hacen más que recordarme a otras, una palabra tan tímida que apenas suena. "(Perdón)"
Transcurren los segundos y ella despega sus ojos de los míos, se aleja y yo alzo la vista, veo como la luz vuelve a colarse entre las rendijas del cielo y subo rápido de nuevo a mi azotea. Allí me poso sobre mi habitual cornisa.
Me vuelvo a hacer de piedra.
toni.
www.tonimarzal.blogspot.com
Gracias.
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