Cuando peina María sus cabellos
y entórnanse al hacerlo sus pupilas,
extáticas la observan cuantas lilas
prenden tierra y azul de aromas bellos.
Su trinar interrumpen los miruellos
que rasgan la altitud en pulcras filas,
y angélicas otrora asaz tranquilas
multiplican sin pausa sus resuellos.
Cuando ella acaricia aquel castaño
rebosante de amor y de pureza,
preside el corazón un ritmo extraño
y el alma, derrotando la aspereza,
aprehende y abraza un bien tamaño
que la impulsa a los vientos con presteza.
Comentarios
Saludos.