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Góngora vs. Quevedo

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Comentarios

  • ShaiantiShaianti Fray Luis de León XVI
    editado noviembre 2011
    claudine escribió : »
    Al final no podemos escoger uno u otro ¿verdad?
    En ambos poetas reside una especial belleza.

    Un saludo!

    Vuelvo a dar mis felicitaciones por el post.

    Si, es difícil elegir. Pero por motivos sentimentales -yo también lo aprendí en mi adolescencia- me quedo con los muros de la patria mía...
  • MedeaMedea Miguel de Cervantes s.XVII
    editado noviembre 2011
    si, si, la poesía "filosófica" de Quevedo hermosa...

    De igual manera los últimos sonetos que escribió Góngora (ya viejo) son hermosísimos
  • LiaraLiara Pedro Abad s.XII
    editado febrero 2012
    Ainss lo que yo daría por viajar en el tiempo y poder ver en acción a estos dos grandes de la literatura..

    Yo personalmente tomo partido por Quevedo :D:D:D porque su poesía me parece más apasionada, visceral y amarga que la de Góngora, lo cual no quita que admire la audacia, la complejidad y la hondura que pueden tener los versos gongorinos (siempre me ha disgustado que se diga de él que es un poeta hueco, frío). Dejo un par de poemillas de Quevedo, el primero no creo que necesite presentación :D:D, al segundo le guardo un especial cariño porque me lo aprendí para un recital en el colegio.

    Amor constante más allá de la muerte
    Cerrar podrá mis ojos la postrera
    Sombra que me llevare el blanco día,
    Y podrá desatar esta alma mía
    Hora, a su afán ansioso lisonjera;

    Mas no de esotra parte en la ribera
    Dejará la memoria, en donde ardía:
    Nadar sabe mi llama el agua fría,
    Y perder el respeto a ley severa.

    Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
    Venas, que humor a tanto fuego han dado,
    Médulas, que han gloriosamente ardido,

    Su cuerpo dejará, no su cuidado;
    Serán ceniza, mas tendrá sentido;
    Polvo serán, mas polvo enamorado


    El reloj de arena
    ¿Qué tienes que contar, reloj molesto,
    en un soplo de vida desdichada
    que se pasa tan presto?
    ¿En un camino que es una jornada
    breve y estrecha de este al otro polo,
    siendo jornada que es un paso solo?
    Que si son mis trabajos y mis penas,
    no alcanzaras allá, si capaz vaso
    fueses de las arenas,
    en donde el alto mar detiene el paso.
    Deja pasar las horas sin sentirlas,
    que no quiero medirlas,
    ni que me notifiques de esa suerte
    los términos forzosos de la muerte.
    No me hagas más guerra,
    déjame y nombre de piadosa cobra,
    que harto tiempo me sobra
    para dormir debajo de la tierra.
    Pero si acaso por oficio tienes
    el contarme la vida,
    presto descansarás, que los cuidados
    mal acondicionados
    que alimenta lloroso
    el corazón cuitado y lastimoso,
    y la llama atrevida
    que amor, ¡triste de mí!, arde en mis venas
    (menos de sangre que de fuego llenas),
    no sólo me apresura
    la muerte pero abréviame el camino:
    pues con pie doloroso,
    mísero peregrino,
    doy cercos a la negra sepultura.
    Bien sé que soy aliento fugitivo;
    ya sé, ya temo, ya también espero
    que he de ser polvo, como tú, si muero;
    y que soy vidrio, como tú, si vivo.




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