¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

Tan irresponsable

MoniqueCortazarMoniqueCortazar Gonzalo de Berceo s.XIII
editado enero 2012 en Narrativa
Yo le digo Gramat. Me hubiera gustado llamarlo Rocamadour, pero se me adelantaron como medio siglo y si bien no soy muy exigente, siempre procuro ser original.
Carlos y Ernestos, tenemos para el revoleo, tanto que nos parece necesario agregar alguno cada tanto; Rocamadour en cambio es otra cosa, pero de tan hermoso se convierte en exclusivo y Gramat, ¡Ay Gramat es tan hermoso!
Me conformo con cierta vecindad en el nombre y, aunque no he podido conocer ninguna de ambas ciudades, me envuelve una nostalgia ridícula cada vez que le pregunto “¿cómo te llamás?” y el me dice simplemente “Gramat”, con su vocecita de peluche, de francés exiliado que pone los acentos adonde no van; con esa simpleza, la cual envidio tanto; y ahí nomás me dan ganas de abrazarlo, apretarlo hasta que cambie la voz y no desacoplarme sin volver a preguntarle “¿cómo te llamás vos?”
Desearía que no la cambiara nunca porque es tan preciosa así de aguda y suave, pero dicen que hay que dejarlos crecer y, por mucho que yo no lo deje, el crecerá de todas formas. Para qué pelearle al reloj, si sé que de igual manera, me va a ganar.
Por eso me conformo con perfeccionarlo; me enlazo puntualmente a las agujas del tiempo y doy las veinticuatro vueltas diarias sin preocuparme por el mareo o por el vértigo que me da apenas me paro en una silla; y el reloj ¡tan alto lo pusieron!, pero yo no lo suelto igual, porque si no se va a detener, quiero acompañarlo con el otro ojo puesto en Gramat.
Me empecino en el Gramat presente, tan hermoso pero tan repleto de imperfecciones; para que el día de mañana no le inventen apodos desagradables como pueden ser: Petiso, Gordo o Cabezón. Narigón no le dirán nunca porque ha heredado el hocico de su abuelo Carlos. Habiendo nombres como Gramat, ¿cómo se le ocurre a alguien, seguir superpoblándonos de Carlos y Albertos?
Por eso es que lo tengo bajo una rutina estricta de vegetales y aeróbic, y lo arrastro hasta la cinta para que corra los treinta minutos diarios que tanto aconsejan por ahí.
En tan gratificante oír el delicado “Gramat”, cuando está en pleno ejercicio; envuelto en una agitación por poco sicalíptica y con las gotitas que se le asoman en la frente, o cuando mastica y expulsa un “Gramat” medio atragantado, que a veces se pierde en una tosecita o en una arcada de ojos llorosos, pero siempre con ese tono musical que sabe que me encanta y que lo obligo a repetir a cada mordida.
Cuando me desvelo, voy hasta su cama y no tardo en despertarlo. Sin abrir los ojos, como adivinándome insomne, susurra su nombre casi en sueños, con un sonido invisible, que a esas horas de la noche, me derrite y me lastima en iguales dosis porque recuerdo que pronto no me hará caso; trabará la puerta, con esa música que seguro será peor que la de hoy, y me tendrá toda la noche golpeando, mientras se burla de mí con sus amigos que seguramente se llamarán Carlos o Ernesto, y que por estricta negligencia de sus padres, serán cabezones, gordos y petisos.
Gramat, en cambio, será un adelantado; multiplicará por dos, por tres y por cuatro cuando apenas comience el primer grado y con una precocidad mayor que la de su padre, aprenderá a fumar a los doce, tal vez a los diez, y enamorará a cuantas niñas lo vean pitar, con los ojos achinaditos y el cigarro a un lado, haciendo piruetas con los labios y lanzando el humo con figuras geométricas impensadas para el pobre Carlitos que todavía no deja el chupetín, y que bien merecido tiene el diminutivo.
¡Ay Gramat, cuando empieces a fumar y cambies la voz!
Qué pena me dará verte crecer, más veloz que tu padre, tan irresponsable por arrojarte tan pronto a los vicios que perjudican las voces de peluche y ya no podré preguntarte “¿cómo te llamás vos?”, porque ya habrás crecido y cautivado a tantas que no te alcanzarán los dedos de las manos para contarlas y te dirán “mi amor” o “mi vida” y yo no diré nada porque para mí seguirás siendo Gramat, aunque ya no lo digas y ¡Ay de aquel que se le ocurra llamarte Gramy o Gramito! Porque no sé de lo que sería capaz si lo escuchara tan solo una vez. Los niños, así como tú, son tan irresponsables a veces.

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado enero 2012
    Divertido para empezar la mañana, me gustó;):):p
  • MoniqueCortazarMoniqueCortazar Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado enero 2012
    Gracias, Amparo.
    ¿Alguien más que quiera comentar/criticar?

    ¡Gracias!
  • PalindromoPalindromo Pedro Abad s.XII
    editado enero 2012
    Mucha locura suelta...
    mucha!
    ja!
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com