Esa era su rutina: Despertar todas las mañanas, respirar diariamente y pensar.
Irónico, él, el que siempre fue admirado por todos, el modelo a seguir para todos. Él terminó así.
Con un brazo torcido, con la mirada perdida y con algo parecido a estiércol en la cara.
-Esto pasa a mi edad- intentó disculparse cuando pasó a llevar a una señora en el gran templo, ese templo al que él odiaba. –Es para jóvenes- le decía a su hijo con la inocente esperanza de zafarse de tal castigo, no deseaba volver a ese lugar. Y ahí estaba de nuevo, observando espejos, escuchando infinitos ruidos, esa era la felicidad. Al parecer el nunca antes la conoció, nunca antes había ido a una tienda comercial. De todas formas su cráneo fue fácil de romper. Y yo mismo lo rompí, esa si es felicidad. –¡¡¡No llores lacra inútil!!!- le grité cuando me suplicaba.
-Es la edad- alcanzó a decir una lastimosa voz. Sus huesos eran frágiles, su carne blanda; perfectos para mis nuevas botas. Esas que acabo de comprar aquí, en la tienda de al frente.
Comentarios
que me ha encantado leer ...es excelente;
puedes explicarme que es exactamente bototos...serán gemelos para la camisa.??
un abrazo,
Gracias por el comentario Marienela ^^
muy gracias Nico,