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Acerca de la Estupidez

juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
editado octubre 2011 en Narrativa
Tenía esto en mi archivo personal, en un documento titulado “El poder de la estupidez” del año 97 el autor Giancarlo Livraghi. En dicho documento cita a Carlo Cipolla quien enuncia cinco leyes básicas referidas a la estupidez humana.
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Primera Ley: Siempre subestimamos el número de gente estúpida.
Segunda Ley: La probabilidad de que una persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la persona.
Tercera Ley (la de Oro): Una persona estúpida es alguien que ocasiona daño a otra persona, o a un grupo de gentes, sin conseguir ventajas para ella misma --o aun resultando dañada.
Cuarta Ley: La gente no estúpida siempre subestima el poder de causar daño de la gente estúpida. Constantemente se les olvida que en cualquier momento, y bajo cualquier circunstancia, el asociarse con gente estúpida invariablemente constituye un error costoso.
Quinta Ley: Una persona estúpida es la persona más peligrosa que puede existir.
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En realidad desde mi punto de vista la ley más importante y que resume lo que es una persona estúpida es la tercera ley.
Con referencia al mismo documento del año 97 se hace una clasificación del tipo de gente el cual a continuación cito:
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Desgraciado: alguien cuyas acciones tienden a generar auto daño, pero que también crean ventajas para alguien más.
Inteligente: Alguien cuyas acciones tienden a generarle ventajas, al igual que ventajas para otros.
Bandido: Alguien cuyas acciones tienden a generarle ventajas, al mismo tiempo que ocasionan daños a otros.
Estúpido: Ya tenemos esta definición en la Tercera Ley.
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No soy muy amigo de calificaciones y de etiquetas. Y siempre que lo hago, luego me lamento. Las personas no son monocordes y pueden cambiar.
El propósito de pegar esta información es conocernos un poco más. Debo decir en algún momento he sido estúpido, desgraciado, bandido y lo otro. Pero creo que esta en nuestro propio ser, el determinar dónde nos sentimos más cómodos.
En el ciberespacio encontré un artículo mucho mas reciente del mencionado Livraghi me pareció interesante y también lo dejo.
Espero que sea de su agrado.
Un abrazo
El link es el siguiente: http://www.webislam.com/?idt=18407

El poder de la estupidez.

Giancarlo Livraghi
La estupidez de cada ser humano es, en sí misma, un problema preocupante. Pero el cuadro cambia cuando se trata de la estupidez de personas que tienen “poder”: es decir posibilidades de control sobre el destino de otras personas. Pero hay una diferencia sustancial cuando la relación no se establece “entre iguales”. Una persona, o un pequeño grupo de personas, puede influir sobre la vida y el bienestar de muchos. Esto cambia las relaciones de causa y efecto en el sistema.
“Grande” o “pequeño” poder
El poder está en todos lados. Todos estamos sujetos al poder de otros y (si no en casos de extrema esclavitud) todos ejercemos poder sobre alguien. Personalmente la idea me resulta desagradable – pero es parte de la vida.
Los padres tienen (o se supone que tienen) poder sobre los hijos, pero los niños tienen mucho poder sobre los padres, un poder que a menudo usan despiadadamente. Podemos ser “propietarios” de perros y gatos, caballos o hamsters, elefantes o camellos, barcos o automóviles, teléfonos o computadoras, pero frecuentemente somos sometidos a su poder.
Sería demasiado complicado, para el propósito de este análisis, entrar en el terreno complejo de la multiplicidad de las relaciones humanas. Por este motivo me limito a los casos más obvios de “poder”: esas situaciones en las cuales cada uno tiene un rol definido de autoridad sobre un gran (o pequeño) número de personas.
En teoría, todos estamos más o menos de acuerdo en el hecho de que debería haber la menor cantidad posible de poder; y que quien tiene poder debería estar sujeto al control de las demás personas. Este es el sistema al cual llamamos “democracia”. O lo que en las organizaciones llamamos reparto de tareas, colaboración, motivación, responsabilidad distribuida – al contrario de autoridad, burocracia, centralización, disciplina formal.
Pero son muchas las personas que no desean una verdadera libertad. La responsabilidad es un peso. Es más cómodo ser “secuaces”. Dejar la tarea de pensar y de decidir a los gobernantes, jefes, dirigentes, “intelectuales”, gurúes de todo tipo, personalidades televisivas, etcétera – y echarles a ellos la culpa si no estamos contentos.
Por otro lado, hay un tipo particular de personas que aman el poder, les da placer y gozo. Como se dedican con más energía a los notables esfuerzos y sacrificios necesarios para tener más poder, a menudo estas personas obtienen éxito.
Debemos partir también, en este caso, del concepto básico: hay tantos estúpidos en el poder como en el resto de la humanidad – y son más numerosos de lo que creemos. Pero dos cosas son diferentes: la relación y la actitud.
El poder del poder
Las personas en el poder tienen más poder que las otras personas. Esta afirmación no es tan obvia como lo parece. Existen personas aparentemente poderosas que son mucho menos influyentes que otras menos visibles. En estos razonamientos debemos evitar ocuparnos de esa distinción. Independientemente del modo en que el poder es obtenido y ejercido, o de las apariencias que a menudo esconden o disfrazan los roles, aquí se trata del poder real. Esa relación desequilibrada en la cual algunos tienen más influencia que otros – y en tantas situaciones pocos pueden hacer bien o mal a muchos.
Una definición fundamental (obvia) establece que los resultados de un comportamiento no deben ser medidos desde el punto de vista de quien hace las cosas (o no hace lo que debiera) sino desde el punto de vista de quien sufre sus efectos. Una clara consecuencia de este principio es un desfasaje en las "coordenadas cartesianas”. El daño (o la ventaja) es mucho más grande, en base al número de personas involucradas y a la intensidad de las consecuencias de un acto o de una decisión. Esto que en las habitaciones del poder aparece como un detalle puede ser un evento importante en la vida de las “personas comunes”.
Si en una “relación entre iguales” una persona consigue una ventaja equivalente al daño que inflige a algún otro, el sistema, en general, permanece en equilibrio. Obviamente no es así cuando hay una diferencia de poder.
En teoría, podríamos presumir que, si el porcentaje de estúpidos es constante, los efectos del poder pueden ser balanceados. Pero cuando el poder se ocupa de un gran número de personas, se pierde todo equilibrio. Es mucho más difícil escuchar, entender, medir los efectos y las percepciones. Hay un “efecto doppler”, un desfasaje, que aumenta el factor de estupidez. Todos los estudios serios sobre los sistemas de poder (aun si no tienen en cuenta la estupidez) ponen en evidencia la necesidad de separar los poderes – y de formalizar los conflictos de poder para evitar que se traduzcan en violencia – para evitar que se instaure un “poder absoluto” (es decir, extrema estupidez). Este es un problema bastante grande y serio, como para tener a todos alerta contra cualquier exagerada concentración de poder – y nos ayuda a entender por qué tantas cosas están yendo de mal en peor. Pero hay más.

Comentarios

  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado octubre 2011
    El síndrome del poder
    ¿Qué hace una persona para tener poder? A veces lo logra sin querer. A alguno se le da confianza porque se confía en esa persona. En ese modo el poder es atribuido a personas capaces, competentes y con un fuerte sentido de la responsabilidad.
    Este proceso tiene buenas probabilidades de generar poder “inteligente”. Una situación en la cual las personas elegidas hacen el bien a sí mismos y aún más a los otros. A veces se puede arribar al sacrificio, cuando las personas se hacen daño a sí mismas por el bien de los otros (si esto es un hecho intencional no siempre coloca a esas personas en la categoría de los “incautos” (o “desprovistos”), porque hay que tener en cuenta las ventajas morales, incluyendo la estima por uno mismo y la confianza de los otros, que pueden derivar del sacrificio consciente ). Pero vemos menos ejemplos de “poder inteligente” de cuanto nos gustaría ver. ¿Por qué?
    El motivo es que hay competencia. Competencia por el poder. Las personas que no buscan el poder como tal, sino que vigilan más el bien de los otros, tienen menos tiempo y energías para gastar en la conquista del poder – o incluso para tratar de conservar el que tienen. Las personas sedientas de poder, independientemente de sus efectos sobre la sociedad, se concentran en la lucha por el poder. La mayor parte de las personas se coloca en algún punto intermedio entre los dos extremos, con muchas diversas tonalidades y matices. Pero el elemento manipulador tiende a ser más agresivo, y por eso adquiere más poder.
    También las personas que comienzan con las mejores intenciones pueden ser constreñidas, con el tiempo, a dedicar más energías para mantener o acrecentar su poder – hasta perder de vista sus objetivos iniciales.
    Otro elemento, que empeora las cosas, es la megalomanía. El poder es una droga, un estupefaciente. Las personas en el poder son inducidas a pensar que porque están en el poder son mejores, más capaces, más inteligentes, más sabias que el resto de la humanidad. También están rodeadas de cortesanos, secuaces y aprovechadores que refuerzan continuamente esa ilusión.
    El poder es “sexy”. Esto no es sólo un modo de decir. Hay un instinto en la naturaleza de nuestra especie que hace sexualmente atractivo a quien tiene poder (o parece tenerlo). Pese a que las personas empeñadas en la lucha por el poder tienen, usualmente, poco tiempo y pocas energías disponibles para una sana vida sexual – o para ocuparse de emociones, afectos y sentimientos.
    El deseo de poder aumenta el factor estupidez. El efecto puede ser más o menos grande según la cantidad de poder (la importancia de los hechos influidos por el poder y el número de personas que sufren sus consecuencias) y la intensidad de la competición por el poder.
    Esta es la más relevante, si no la única, excepción a un criterio general. Sigue siendo verdad que “la probabilidad de que una cierta persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona”. Pero el poder, como sistema, es mucho más estúpido de cuanto pueda serlo una sola “persona común”.
    El problema es que el poder puede ser limitado, controlado y condicionado – pero no se puede eliminar del todo. La humanidad tiene necesidad de alguien que gobierne. Las organizaciones necesitan personas que asuman responsabilidades y esas personas tienen necesidad de un poco de poder para poder desarrollar su tarea.
    En suma, debemos convivir con el poder – y con su estupidez. Pero eso no significa que debamos aceptarlo, tolerarlo o sostenerlo. Ni confiar en palabras, promesas o intenciones declaradas. El poder no merece ser admirado, reverenciado y ni siquiera respetado si no demuestra inteligencia práctica en lo que hace a nosotros y al mundo. No creo que haya una solución “universal” y estandarizada que pueda resolver todos los aspectos de este problema. Pero hemos hecho la mitad del camino si somos conscientes de su existencia – y si no nos dejamos engañar o seducir por el falso, y a menudo mentiroso, esplendor del poder.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado octubre 2011
    un poquitín complicado:rolleyes::rolleyes::)
  • DragonDragon Lope de Vega s.XVII
    editado octubre 2011
    La estúpidez en si,és tan estúpida como el mismo estúpido al creer en la estúpidez,sin saber que la estúpidez,es llegar a ser estúpido.
    De ahí,que en el mundo,hayamos tenido a unos cuántos estúpidos,que en el afán de mejorar la estúpidez,hayan cometido tantisimos agrávios a la humanidad.Creo que me hice un lío con tanta estúpidez de por medio.
  • CirculoCirculo Fernando de Rojas s.XV
    editado octubre 2011
    Eh, no dice nada que no haya leído antes.
  • Neko SamaNeko Sama Anónimo s.XI
    editado octubre 2011
    Ja! Me hiciste acordar a Mauricio Macri partidario del pro, jefe de gobierno de la Argentina.
  • GRECIAGRECIA Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado octubre 2011
    Esas leyes y la clasificación de personas son de Cipolla, en concreto de la famosa obra Allegro ma non troppo. También comenta que todos hemos estado alguna vez en una de las cuatro clasificaciones, pero pertenecemos a la que más se repite, y que además existen infinidad de estados intermedios: se puede ser muy estúpido, o se puede estar entre "un poco estúpido" y "un poco bandido".
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