Hoy me ha venido Quasimodo y no he encontrado por aquí otras referencias, os copio este impresionante testimonio suyo:
ALABANZA
29 de abril de 1945
HIJO
—¿Y por qué, madre, le escupes a un cadáver
cabeza abajo colgado, atado por los pies
a un madero? ¿Es que no sientes asco de los otros
que cuelgan a su lado? ¡Ah, esa mujer,
sus medias de macabro can-can,
su garganta y su boca de flores pisoteadas!
No, madre, detente: grítale a la multitud
que se vaya. No es queja, sino burla,
alegría: ¡ya se agarran los tábanos
a los nudos de las venas! Has disparado
sobre ese rostro, ahora: madre, madre, madre!
MADRE
—Siempre hemos escupido sobre los cadáveres,
hijo: colgados de las rejas de las ventanas,
del mástil de las naves, incinerados
por la Cruz, desgarrados por los mastines
por un poco de hierba en los linderos de los feudos.
Y ya sea por soledad o tumulto,
ojo por ojo, diente por diente,
después de dos mil años de eucaristía,
nuestro corazón ha deseado sajar
el otro corazón que el tuyo había sajado,
hijo. Te han arrancado los ojos, te han roto
las manos para que traicionaras un nombre.
¡Muéstrame los ojos, dame ahora tus manos:
estás muerto, hijo! ¡Porque tú estás muerto
puedes perdonar: hijo, hijo, hijo!
HIJO
—Este repugnante bochorno, este humo
de escombros, las gruesas moscas verdes
colgadas en racimos de los ganchos: la ira y la sangre
justamente chorrean. No por ti
ni por mí, madre: aún ojos y manos
me taladrarán mañana. Desde hace siglos
la piedad es el aullido del asesinado.
(Traducción de Antonio Colinas y tomado de la "antología esencial de la poesía italiana" de Austral -1999).
Benito Mussolini y Clara Petacci colgaban cabeza abajo junto a otros cuatro de sus compañeros.
Un abrazo,
Sime
Comentarios
"Ognuno sta solo sul cuor della terra
trafitto da un raggio di sole:
ed è subito sera."
(Todos estamos solos sobre el corazón de la tierra
atravesados por un rayo de sol:
y de repente la noche.)
En las frondas de los sauces
¿Y cómo hubiéramos podido cantar
con el pie extranjero sobre el corazón,
entre los muertos abandonados en las plazas
sobre la hierba dura de hielo, ante el gemido
de cordero de los niños, ante el negro alarido
de la madre que iba a encontrar a su hijo
crucificado en el poste del telégrafo?
En las frondas de los sauces, como exvotos,
también nuestras liras estaban colgadas,
levemente oscilaban al triste viento.
Lamento por el sur
de mujer del Norte, la llanura de nieve...
Mi corazón está ya en estas praderas,
en estas aguas anubladas por la niebla.
He olvidado el mar, la grave
caracola que soplan los pastores sicilianos,
las cantilenas de los carros a lo largo de los caminos
donde el algarrobo tiembla en el humo de los rastrojos,
he olvidado el paso de las garzas y las grullas
en el aire de las verdes altiplanicies
por las tierras y los ríos de Lombardía.
Pero el hombre grita en cualquier parte la suerte de una patria.
Ya nadie me llevará al sur.
Oh, el Sur está cansado de arrastrar muertos
a la orilla de las ciénagas de malaria,
está cansado de soledad, cansado de cadenas,
está cansado en su boca
de las blasfemias de todas las razas
que han gritado muerte con el eco de sus pozos,
que han bebido la sangre de su corazón.
Por eso sus hijos vuelven a los montes,
sujetan los caballos bajo mantas de estrellas,
comen flores de acacia a lo largo de las pistas
nuevamente rojas, aun rojas, aun rojas.
Ya nadie me llevará al Sur .
Y esta tarde cargada de invierno
es aún nuestra, y aquí te repito
mi absurdo contrapunto
de dulzuras y furores,
un lamento de amor sin amor.
LAMENTO PER IL SUD
di donna del Nord, la distesa di neve...
Il mio cuore è ormai su queste praterie,
in queste acque annuvolate dalle nebbie.
Ho dimenticato il mare, la grave
conchiglia soffiata dai pastori siciliani,
le cantilene dei carri lungo le strade
dove il carrubo trema nel fumo delle stoppie,
ho dimenticato il passo degli aironi e delle gru
nell'aria dei verdi altipiani
per le terre e i fiumi della Lombardia.
Ma l'uomo grida dovunque la sorte d'una patria.
Più nessuno mi porterà nel Sud.
in riva alle paludi di malaria,
è stanco di solitudine, stanco di catene,
è stanco nella sua bocca
delle bestemmie di tutte le razze
che hanno urlato morte con l'eco dei suoi pozzi,
che hanno bevuto il sangue del suo cuore.
Per questo i suoi fanciulli tornano sui monti,
costringono i cavalli sotto coltri di stelle,
mangiano fiori d'acacia lungo le piste
nuovamente rosse, ancora rosse, ancora rosse.
Più nessuno mi porterà nel Sud.
è ancora nostra, e qui ripeto a te
il mio assurdo contrappunto
di dolcezze e di furori,
un lamento d'amore senza amore.