¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

Encuentro inseperado.

MarenolaMarenola Pedro Abad s.XII
editado mayo 2011 en Narrativa

Lolo entró en el bar dando tumbos con los festejos de la noche bailoteando en su estómago. Luchando por mantener la verticalidad arribó a una silla sobre la que se derrumbó exhausto tras la ardua travesía. “¡Menuda nochecita!” pensó mientras esperaba al camarero “si es que ya no estamos para estos trotes”. Era una idea que le rondaba bastante por la cabeza cuando salía, una idea que le hacía pensar en épocas pasadas mientras le asaltaban unos ligeros calambres en el pecho. “Hace cinco o seis años, siete como mucho, nos habríamos bebido media Valencia como si nada, y ahora con cuatro cubatas… ufffff ya ves”. De repente se dio cuenta de había estado hablando en voz alta ante un camarero que le miraba con cara de resignación, “dos carajillos bien cargados” dijo intentando no parecer tan avergonzado. “Si es que no puedo beber tanto” se dijo acariciándose la nuca, “pero ¿Qué se le va a hacer? El mundo es un lugar más interesante cuando lo rocías con unas gotas de alcohol”
¿Cómo había llegado hasta allí? Aun se acordaba cuando la noche era joven, cuando salían sin ningún plan a ver lo que les caía, cuando siempre ocurría algo que contar después de la resaca, y ahora en cambio… en fin, más valía no darle vueltas al tema. Para distraerse echó un vistazo por el local. Todo estaba sumido en una neblina de humo y música ligeramente pasada de moda, la visión borrosa, producto del garrafón, tampoco contribuía al escrutinio. A su derecha una rondalla de amiguetes se encontraba en el clímax de alguna conversación sobre una chica. La bebida y la líbido exageraban sus gestos y risas elevándolos por encima del barullo. Lolo supuso que sería la última conquista nocturna de alguno de ellos y sintió una punzada de envidia, años atrás él hubiese estado en medio de aquel grupo contando alguna anécdota parecida, “hace tiempo que no me río así” pensó mientras desviaba la mirada.
Unas mesas más adelante pudo distinguir una pareja sentada frente a frente. Miraban algo que no supo distinguir muy bien, un cenicero o un posavasos. Estaban totalmente callados, inmersos en lo que parecía una meditación tántrica, de vez en cuando uno de los dos interrumpía su trance buscando la mirada de su pareja, pero nunca coincidían. Sus cuerpos reflejaban un profundo desgaste, un cansancio que era producto no sólo de los excesos de aquella noche sino de la acumulación de un tiempo informe que se había posado sobre sus hombros, sus rostros permanecían impasibles y sólo sus ojos perfilaban una muda súplica: “salgamos de aquí” parecían decir “vámonos de este sitio, juntos o por separado pero huyamos de este lugar”. Lolo sintió el impulso de gritarles, de levantase y darles una palmada en la cara, pero de alguna manera sintió que de hacerlo estría invadiendo algo muy intimo, algo tan íntimo que pasaba desapercibido a los dos, algo que estaba hecho de ropa usada, regalos de aniversario y orgasmos compartidos, algo que los había hecho felices y miserables a la vez y que los ataba irremediablemente a aquella mesa tal vez para siempre.
“Aquí le traigo los cafés” dijo el camarero sacándole de sus cavilaciones, “son 2,40” “A la salida le pago” le contestó Lolo, el camarero asintió con la cabeza y se alejó para atender al grupo de amiguetes que reclamaban a gritos unas cervezas. Tras echarle un vistazo a la mesa de la pareja se hincó un carajillo de golpe “Aquí no hay nada que hacer” dijo echando mano de la cartera mientras se levantaba. De repente se dio cuenta de que había pedido dos cafés ¿Por qué lo había hecho? ¿quién le había acompañado? “¡Menuda nochecita!” la frase retumbó en los oídos de Lolo que casi brincó del susto. Miró a un lado y otro buscando a la persona que había gritado, la voz le resultaba familiar, pero en aquel local no había nadie conocido. “Si es que ya no estamos para estos trotes” la voz provenía de su izquierda, pero allí solo había una ventana que daba a la calle. A través del cristal pudo distinguir dos personas de su edad hablando animadamente. Le pareció distinguir a uno de ellos, era Diego, el amigo de la facultad, pero el otro hombre que lo acompañaba quedaba tapado por un coche aparcado, sin embargo Lolo tenía la sensación de que no era un extraño. La conversación continuaba, ahora era Diego quien hablaba, pero pese a prestar atención no consiguió oír lo que decía. Lolo se sintió anonadado ya que había sido capaz de escuchar al acompañante prácticamente como si estuviera a su lado, “¿quién es esa persona?” se preguntó, entonces la voz volvió a retumbar a su costado: “Hace cinco o seis años, siete como mucho, nos habríamos bebido media Valencia como si nada, y ahora con cuatro cubatas… ufffff ya ves” Los ojos de Lolo se abrieron como platos a la vez que al desconocido le recorrió un escalofrío por la espalda, poco a poco se dio la vuelta y por fin Lolo pudo verle la cara, hubo un momento de sorpresa, de pánico tal vez, pero sólo fue un momento ya que ambos se reconocieron al instante, tras un guiño de complicidad el hombre se giró para hablar con su acompañante “Diego quédate aquí un momento” oyó que le decía. Lolo sonrió con resignación, cogió el café que sobraba y se dirigió a la barra para pagar “Le dejo el carajillo que me ha sobrado” dijo mientras que pagaba por las dos consumiciones. Cuando le dieron el cambio se dirigió a la segunda salida del bar, “Es lo más apropiado” se dijo a pesar de que sentía la tentación de quedarse, de volver a la mesa para hablar con la persona que estaba a punto de entrar por el otro lado ¿Cómo sería la conversación? ¿Qué se dirían?, luego pensó en lo que le ocurriría cuando saliese del local y tuvo miedo, pero el tiempo se le venía encima así que abrió la puerta y se marchó.
Unos instantes más tarde Lolo entró en el bar dando tumbos con los festejos de la noche bailoteando en su estómago. Luchando por mantener la verticalidad arribó a una silla sobre la que se derrumbó exhausto tras la ardua travesía. “¡Menuda nochecita!” pensó mientras esperaba al camarero “si es que ya no estamos para estos trotes”…

Comentarios

  • WoodedWooded Garcilaso de la Vega XVI
    editado mayo 2011
    Menuda noche, menudo ingreso, saludo y fue un gusto leer.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado mayo 2011
    una noche loca, de aquellas que ni sabes si te desdoblas y todo:eek::p:D:)
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com