Los pasos a seguir para amar son sencillos, para comenzar es preciso no conocer a la persona, idealizarla y amarla cómo se ama cuando se imagina, cuando se traspapela el espíritu en las fichas del raciocinio, y comienza a revelarse y llenar de luz, las amargas notas azules que residen en el alma. Para amar, hay que mirarse a los ojos y ya, hay que hacer contacto con el punto infinito de la pupila, y perderse como si fuera mar abierto, hay que dejar que el efecto halógeno, se pasee entre las formas y los colores del iris, y que las pestañas, como cortinas solares, dispersen por segundos el centro de atracción alejando y superponiendo, las ansias de conseguirle punto de encuentro al alma con la mirada inocente y a la vez tan picosa, de quienes aman.
Hay dos factores sociales que se presentan con certeza cuando dos seres quieren amarse, o cuando dos seres se aman huyendo de ello. El paso primero, es sin duda alguna la vergüenza, la vergüenza de sacar el alma del pecho, y revelar ante todo aquel que observe las ganas de que el alma se aloje un rato en el cuerpo de otro, y decida si vale la pena ese nuevo templo, la vergüenza a que el prejuicio de amar, hoy día tan de moda, nos haga parecer tontos y terminemos solos, con una mano extendida, un alma perdida, y otro amor roto por las crueles tijeras de la represión. El segundo factor, sería sin duda la curiosidad, pasada la correspondiente entrega de alma, descubrir que sucede con ella, cómo es tratada y en qué condiciones se aloja, quien la recibe, cómo le abrazara si padece de frío, y peor aún, cuando acaso la traerá de vuelta.
Estás preguntas con frecuencia prosiguen al momento de entrega, puesto que el espíritu ya ha sido libre, y en su lucha existencialista, de ser o no ser, estar o no estar, vivir o existir, comienza a extrañar aquello que soltó al viento, y busca motivos imprecisos para traerlo de vuelta, comienza la cadena de cuestionamientos, de dudas, de analizar cada paso de la jaula que encierra su pedazo de vida y asumir que todo cuanto haga, no será tan bueno como lo haría el cuerpo propio, por eso en el peor de los casos, el alma obstinada del celo del espíritu, regresa aburrida y decepcionada de cosas que nunca comprenderá.
Por eso, para amar es necesario perder vergüenza, porque de ella solo queda un registro aburrido de cosas que no se hicieron, para amar hay que liberarse, dejar que el espíritu use a la boca, a los ojos, a las manos, al vientre, o al silencio para comunicarse con el ser amado, para amar no se requiere mucha normativa, ¡solo libertad! Libertad para ejercer el deber de todo ser humano, de querer a sus semejantes, de buscarse y encontrarse, de romper fronteras en la mente para poder llegar sin problemas, al flujo divino de la gracia de vivir, vivir, vivir, y amar.
Para amar, la curiosidad está de sobra, el pasado es tan pesimista que la misma gracia del universo, lo recoge cada noche y lo manda al olvido, o a la tierra de los fantasmas, para amar no debe buscarse razones, ni cuestionar, ni saber, es que para amar, ¡Carajo, para amar solo hay que amar! Qué dudas, que labios, que horizontes, y que otras almas… Para amar, se necesitan dos almas, por ende, está de más buscar terceras, más si son pasadas, con ello solo se consigue arrastrarse por los márgenes del tiempo sin conseguir nunca un futuro.
Para amar se necesita coraje, para robar besos, para lanzar la aspereza al fin del mundo y hablar con dulzura sobre las cosas que dejan de verse, que se sienten, para amar no se necesita cama, ni piso, ni cielo, ni libro, ni hoja, ni que cigarrillo, para amar se necesitan dos que amen, el resto es añadido divertido, de la sabia subconsciencia. Para amar, se necesita sinestesia, flujo de sensaciones, colores, para amar no se necesita guerra, sino batallas entre sudor, pudor y reconciliaciones baratas, para renovar el amor.
Por eso, cuando quiero sentirme amada, me invento una historia sin historia, un cuento sin comienzo ni fundamento, me consigo un amante, en el verdadero sentido de la palabra, que simplemente sea alguien que me ame, y procuro, ansío no conocerlo tan a fondo, porque entonces dejare de amarlo, y me querré más a mí misma, y empezaré a ver en el espejo, la única persona que me entiende como quiero y que me ama, con la misma insistencia con la que se aferra el niño al pecho de la madre, el ave al nido que hizo, la letra dolida al poema de adiós. Cuando amo, yo amo con fuerza, no con debilidad, pensando en un absurdo cincuenta y cincuenta, amo con todo, con gracia, con picardía, Con el nombre ajeno tatuado hasta el tuétano, con el sueño intranquilo por recuerdos que van quedando de mi imaginación, con escritos constantes, con pintura sobre telas, y telas, y telas, llenas, consumadas de amor y color, ¡porque amo!
Yo digo, que siempre y cuando tu no digas tanto y hagas de mi amor un amor que no se hace, sino que nace, yo te voy a amar eternamente, porque eso sí es seguro, el amor “Es eterno mientras dura”.
Comentarios
Hermoso lo que escribes sobre el amor “Es eterno mientras dura”.
He leído tu escrito y no veo, como no podía ser de otra forma, un manual de instrucciones a seguir, más bien una reflexión, declaración de intenciones personales, acerca de una faceta del amor, la pasión amorosa entre personas, acompañada de la implícita llamada de socorro ante las consecuencias de su ausencia y su perfidia.
Tu afán de definir, delimitar, enfatizar, es una utopía. Ahora te adivino joven, pero cuando, con la edad, liberada de la tiranía hormonal, empieces a analizar ese magno sentimiento te darás cuenta que sigue siendo inaprensible, anárquico, caprichoso, voluble... pero capaz de lo aparentemente imposible. Que no es solo con las personas, que no necesita a nadie, que no necesita nada. Seguirás sin comprenderlo, pero lo adorarás como el motor de la vida y la convivencia.
Pero haces bien en decirlo, en tener la valentía de sacarlo de tu mente. La expresión para los demás, como tu has hecho, es también una forma de amar... además de crear un bello pensamiento.
Un saludo, poetisa.