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EL Dios Hereje [Cap. I]

EddgomezEddgomez Pedro Abad s.XII
editado febrero 2011 en Fantástica
El día en que nací, mí madre llevaba un año muerta y mi padre dos meses, ambos fueron asesinados por la tristeza y la culpa. Junto a ellos pereció mi posible vida prospera, mis sueños. Antes de que el cadáver de mi padre se pudriese, el sumo sacerdote de la Jusnak ya me había arrebatado mi herencia y todo lo que una vez pude tener. Era un feto de veintiún años sin nada en la vida.

Vagaba por el bosque, descalzo, maloliente, con las tripas llenas de gases y el estomago adolorido. Una patética sombra mierdosa de los que una vez creí ser. Repudiado, ignorado, como un maldito apestado, ni siquiera tenía derecho a pedir limosnas en la puerta del templo.

Desterrado sin rumbo roto hambriento solo. Odiándolas por haber desaparecido ¡puf! Se las tragó la tierra. Ni aquí, ni allá, en ningún maldito lugar. Mi madre triste, mi padre desesperado, derrochando lo que no tenían en caza recompensas, agoreros, sacerdotes, videntes que no veían una mierda bajo sus pies. Se olvidaron de mí porque yo seguía ahí. Yo seguía ahí. La casa se quedaba vacía, las joyas se evaporaban dentro de los cofres como los charcos lodosos primaverales que resistían inútilmente hasta el verano. Al vaciarse la casa, ésta se hacía más grande, pero con menos lugares en donde ocultarse. Ya no podía jugar al escondite entre de las cortinas de seda, ni ocultarme detrás de los muebles caros. Ya no más uno dos tres te encontré. Sin embargo mis padres escuchaban su voz infantil revoloteando detrás de mí.

La tierra también desaparecía, una hectárea, dos hectáreas, diez hectáreas y mil vacas, todo se lo llevaba el viento triste y desesperado. Todo se evaporó, menos sus libros. Las habitaciones se vaciaron, menos esa biblioteca santuario mausoleo en donde ella se auto recluyó izando bandera de rebeldía.

Se quería ir vivir volar. No quería ordeñar, ni que la ordeñaran. Pero mi padre se negó. Un No rotundo ¡Jamás! ¡Aquí te quedas! Entonces ella escapó a la biblioteca, a sus historias, a la tinta y el papel. A las novelas de mujeres independientes putas sin ataduras. Luego se iba al bosque, a los graneros, a los establos con esa vaca tetona negra. A continuación los libros se quedaron a medio leer, ella hizo ¡Puf! ¡Zas! Y todo se vació llenándose de triste culpa asesina. Posteriormente el templo lo engulló todo y me vomitó me cagó en el bosque, lejos, vete lejos hueles a mierda y vomito.

Todavía no lo sabía. Eso no era vida, eran mis nueve meses de que duraron veintiún años. Los últimos dolores del parto. Estaba ahí, el cuerpo dentro, la cabeza fuera y un coño poco dilatado que me apretaba por el cuello. No lo sabía, nacería en el bosque como los animales libres.

El hambre me metió una zancadilla ¡Plaf! De bruces contra la nieve lodosa. Entonces vi los pies de mi partero. La nieve se evaporaba, la tierra se secaba bajo sus pies. Levanté la cabeza, una gran barriga preñada de energía y sabiduría. Más arriba, más, no había rostro, cicatrices retorcidas feas muy bellas, la caricia de una puta, el beso de la muerte, la sonrisa de la vida.

Cuando naces tienes miedo, yo lo tenía. Mi partero era tan grande como un oso. Me paré, grité, me oriné encima mientras corría, otra vez el hambre y sus zancadillas, otra vez ¡Plaf! De bruces contra la nieve lodosa, y contra una piedra ¡Crack! Sangre, nieve roja. Nariz y boca llena de sabor cálido, era lo primero caliente que probaba en semanas. Lloré, había miedo, dolor, hambre, frio…y escuché la voz.

La oí con los huesos, música vibrante viva colorida cálida perfumada con sabor a bayas silvestres agua de manantial con miel en jarra de oro. Paz belicosa. Himno de vida cantado por la Muerte. Caos que da orden a las cosas. Susurro ensordecedor. Palabras mudas que hablaron de todo…

Me levanté con el rostro mocoso sangrante mierdoso, pero en alto. De pie, frente a Él, enorme como oso imponente cual montaña de mármol. Lleno de paz guerreante. Su presencia diluía la nieve, secaba la tierra, pero en sus huellas crecían hierbajos de verdes chichones.

Su mano tocó mi hombro, la nalgada al recién nacido. Mis heridas sanaron, mis dolores huyeron, nací… el primer heraldo del dios hereje.

Diez años después…

Entraron con paso decidido. Sus semblantes eran tranquilos, llenos de serena paz guerreante. Un guardia del recinto se percató de la llegada, pero no del peligro. Se aproximó a ellos con intención de preguntarles que deseaban y ofrecerles orientación en caso de que la necesitasen. Uno de los hombres que había entrado tocó la frente del guardia, apenas fue un roce con la punta de los dedos, el cráneo reventó al instante como si le hubiese golpeado un rayo. El cuerpo voló por los aires arrastrada por una fuerza huracanada, impactó contra una columna con un estrepitoso sonido.

La sangre avanzaba suave y silente maculando las baldosas de granito. « ¡Al suelo! Tírense al suelo con las manos en la cabeza» La voz intentaba sonar fuerte y decida, casi lo lograba. Los guardias rodearon a los intrusos, las rejillas de sus yelmos ocultaban rostros temerosos. «Maldita sea mi suerte» «Son los Heraldos» «Estamos perdidos» «Por qué tuvo que suceder en mi turno» El pánico atenazó sus corazones. Sabían que no estaban entrenados para enfrentarse a algo así. Querían escapar… iban a escapar, pero entonces llegó la oscuridad y con ella gritos, sangre dolor y muerte.


El Dios Hereje

Comentarios

  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado febrero 2011
    Hola Edd, bienvenido de nuevo, espero que sigas con la historia, ya me encarrete con ella:):p
  • EddgomezEddgomez Pedro Abad s.XII
    editado febrero 2011
    amparo bonilla escribió : »
    Hola Edd, bienvenido de nuevo, espero que sigas con la historia, ya me encarrete con ella:):p

    Muchas gracias por tu comentario. Me place que sea de tu agrado. Espero que otros lectores se animen a comentar, soy logofago, me alimento de las palabras.
  • JanoJano Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado febrero 2011
    Eddgomez escribió : »
    soy logofago, me alimento de las palabras.

    Y luego las vomitas con un estilazo increible. Me ha encantado. Espero la continuación.
  • Jack LondonJack London Garcilaso de la Vega XVI
    editado febrero 2011
    Me ha gustado. Seguiré leyendo el relato, donde espero ir atando cabos. ;)
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