Como yo, a veces, me aburro y me resisto a tal plá,
para romper el hastío me dedicó a deambulá.
Así me acontecen cosas que son dignas de contá.
Normalmente no las cuento, me las reservo y ya está.
Hoy os hago una excepción, porque me dá y por Alá.
Os contaré una historieta, aunque es digna de olvidá.
Una vez yo tuve un lío, un lío monumentá.
Me enredé con una pava de rostro descomuná.
Descomunal por lo bello y, como luego verá,
por la jeta que tenía y no me atrevo a narrá,
tal era la su dureza y tamaño sin iguá.
La tal moza era rubita, muy guapa, muy bien plantá
y parlaba en castellano, en inglés y en valencià
y de la misma manera que era locuaz , la verdá,
te envolvía con su embrujo de manera descará
y te dejaba muertito, más que p´acá…para allá.
En el quehacer cotidiano se mostraba inmaculá.
Era perfeta, correta, sin nada que repará.
Si le ponías un pero sería por jorobá,
pues ella no merecía ninguna tacha llevá,
sino todo lo contrario, la tenías que alabá.
Yo confieso, amigos míos, me tengo que sincerá,
que, la tiparraca esa, me llegaba a onnubilá,
me cegaban toos sus brillos, hasta los de madrugá,
me ponía cara “yonki”, no sabía dónde está,
perdi el rumbo y la rumbita, que nunca supe bailá.
Más como nada es perfeto, nada…¡cachis en la má!,
una cosita ocultaba la rubita descará.
Una cosita, señores, que mejor es ocultá,
porque si se conociera, se armaba cual Trafalgá,
aquella batalla infame que fue una babaridá.
Pero sigo con la historia, porque parece gustá.
Yo me olvidé, muchas veces, de que ella estaba manchá,
por aquello que ocultaba, la rubita descará.
Olvidéme, y a conciencia, para poder disfrutá
de aquella fruta madura que como un simple maná
me cayó frente a mis ojos en agosto, en la mañá.
La quise lo más que puedo, y puedo que te “cagá”,
y ella a mi, si soy sincero, puede que sí, nada má,
Y digo que puede y puede, porque, en la realidá,
había cosas que cantaban la jota y la soleá,
Cada vez que me ajuntaba, la tenía que pagá…
Ella lo necesitaba, eso es cierto, tralalá,
y tralalá tralalero me costó la bacalá,
Un porrón…miles de euros…una buena cantidá,
Ella bien lo merecía y, pues era reservá,
me dijo que lo cogía por no quedarse alelá.
Tenía una cosa la pava que tengo que relatá,
porque ello es importante y digno de resaltá.
De vez en cuando, a la chorva, le daba por desbarrá.
Me ponía a caldo hirviente, reciente de calentá,
y montaba muchos cirios, incluso el cirio Pascuá.
Teniendo causas reales por las que finalizá
la relación que tenía, con su real majestá,
ella montaba su circo, payasos y jajajá
para mandarme a la m…de manera irregulá,
Porque así me machacaba y quería machacá.
Preguntéle con denuedo el porqué de su plantá,
una plantá valenciana con fuegos y mascletá.
Y contestó, la hija puta, que no mola lo triviá,
que es mejor montar un film y hasta un documentá
para volver loco a todo, a todito el personá..
Que lo real es mandanga, y se manda “a fer la má",
pues suele dar la razón a quien la tiene, y no má,
dejando a la “partenaire” con la cara colorá,
rojita de la vergüenza que tendría que pasá
si me la echara a la cara, que siempre la querré echá.
Tal vez os cuente otro día lo que queda por contá.
Hoy ya me siento cansado, que cansa una cantidá
el contaros estas cosas que tuvieron que pasá
y yo hubiera preferido no tenerlas que borrá
de mi corazón herido (esto es una cursilá).
Comentarios
No quiero desvelarlo todo pero la valenciana (que no sólo es la buena de la peli sino que está de toma pan y moja) termina superenrrollada con el, hasta ahora, dolido muchacho.
Paciencia.