Antaño, en tierras lejanas, un decrépito y vetusto anciano habitaba. Algo rencoroso, el viejo era. Mas que un día, bella princesa a su morada se acerca. Aquél, cual hombre hipnotizado por belleza destellante, como cónyuge la reclama.
Tristes días, oscuros, impios, la joven dama atravieza. Llorar su dolor y su pena, el único consuelo aparente. Recuerdos buenos y alejados su mente inundan. Familia querida, amada, perdida. Ruegos y rezos, cada noche levanta. Tal como capullo de rosa, hundida en los hongos, la chica atrapada.
Tanto estertor no tenia fin, y aquél hombre vil la obligaba a amarlo. Aunque jamás esto pasó, evitarlo ella no pudo. Al viejo terminó encariñándose, magro afecto adquirido.
Tareas domésticas eran ordenadas. Triste vida de la pobre chica. Ninguna esperanza, ella tenía. Nadie venía, aquella salvación tan desea no era recibida. Vieja y encorvada, en pocos años mutó. Maldito viejo amargado, su castigo merecido no tenía. Tantos suplicios nunca acababan.
Tantos años pasaron y el final nunca llegaba. Sin embargo, a lavar la ropa a un rio, la señora fue obligada. Triste destino elegido, suicidio, mas que martirio.
El viejo casi consumido, pena por fin el sintió. Primera vez en su vida, lágrimas de sus ojos cayeron, aunque no eran comunes, negras y espesas estas fluían. Cubierto el cuerpo del anciano quedó y su alma consumada. Forma de abedul, segun dicen, tomó, y el camino aquél árbol guarda. Sus hojas el lamento atraen, y el viento hacia los corazones lo mueve. Destino extraño el de una, que casual recorría un camino. Buscando pan ella iba, muerta ella estaría.
Comentarios
Aún así la idea del cuento me gustó
segui asi