Hoy, a cuestas todavía con las pasadas resacas y los excesos gastronómicos, y sin ni siquiera dejar tranquilos, ni reposar de sus movimientos bancarios, a la Visa, ni a la libreta de crédito, nos lanzamos a la calle, y como para gastar el último cartucho, a completar la lista de los Reyes Magos como si esto de comprar y gastar fuera la mejor celebración, y con la que mejor disfrutamos.
Curioso es que criticamos el compulsivo consumismo en el que nos movemos las generaciones actuales, pero que al mismo tiempo pensamos que si mas tuviéramos, mas consumiríamos, porque es innato en el ser humano, porque es de su naturaleza el tener y poseer cuando ya las necesidades básicas estan cubiertas, y queriendo que nuestros hijos tengan lo que nunca tuvimos, trasladamos este sentimiento a nuestros descendientes a los que colmamos, de si acaso innecesarios regalos. Pero hoy el consumo es necesario y hasta vital para que el mundo prospero mantenga ese ritmo de la mal llamada sociedad del bienestar, porque si dejáramos de consumir al ritmo que actualmente lo hacemos, la crisis económica, esa que solo nos ha enseñado las orejas, acabaría con nuestro sistema de vida.
Hoy que todo está interrelacionado, que cuando una nación del mundo rico estornuda,las demás se resfrían, tenemos que mantener ese ritmo consumista ya que las fabricas no pueden parar, y hasta los los países asiáticos y los menos ricos, dependen de nuestro consumo, incluso y tristemente, las fabricas de armas subsisten gracias a las guerras que poderes ocultos animan y mantienen para que estas nunca se acaben y las industrias armamentista prosigan con su mortal producción.
La globalización también consiste en que todos consumamos por igual, y cada vez más, y de eso ya se encargan los medios de comunicación y los grandes gurus del mundo, para que su tasa de beneficios bursátiles nunca decaigan, aunque para eso se bombardee y se asesine a inocentes, ellos los patriarcas de las finanzas, nunca pierden, ni mueren por sus errores.
Rocinante