Después de haberse cuestionado todo,
ya no le queda responderse nada.
Y el hombre pasea su pregunta
a la hora del paseo con su amada.
Lleva las uñas sucias de la tierra,
arañada su vida por la nada,
sus ojos, impotentes de exigencias,
levantan hacia el cielo la mirada,
y sigue retorciendo su existencia
un corazón herido
por una mente airada.
Las aguas de los ríos pasan turbias.
Se derraman, gota a gota,
por las tierras de la Tierra,
angustiadas.