Quisiera compartir algo que me interesa, y mucho.
A Sibil-la le dije que lo contaría, aunque luego lo borré porque me pareció que no era su sitio. Creo que éste es el conveniente. Veréis:
Un anciano amigo mío me contó que en un pueblito de aquí, muy cerca de Zaragoza, conocía a un señor de 83 años que tuvo un ataque al corazón y que "vio" algo.
Le rogué que me lo presentara y así hizo.
A este anciano, cuando le dio el ataque al corazón, rápidamente la mujer y la hija se movilizaron llamando a la ambulancia. Le llevaron al clínico y allí estuvo un tiempo hasta que le recuperaron, pero estuvo un espacio -ignoro cuántas minutos- que no dio señales de vida, ni las máquinas lo registraban, ni la respiración... ni nada, estuvo, lo que llamamos "muerto".
Cuando pasó el tiempo, este anciano, -que vive aún- les contó a su mujer y a su hija lo que vio durante ese lapso que, según él, estuvo en otra parte, y lo que vio, que fue a su esposa, en zapatillas -no le había dado tiempo a ponerse unos zapatos por las prisas de llamar a la ambulancia- llorando y diciendo unas palabras que después él -el anciano- le repitió -a su esposa-. La mujer no acaba de creérselo. Él es pastor -era, ahora no trabaja-, hombre bueno, de carácter un tanto tozudo, como somos los aragoneses, poco leído y dado a ninguna imaginación.
No suele contarlo, pero cuando me lo presentaron le insté, de la manera más suave que pude y más disimulada, a que lo hiciera.
Es un tema que siempre me ha interesado mucho quizás porque creo que es el hecho más importante en la vida de un ser humano.
Cuenta que vio una luz, una especie de túnel -igual que el famoso libro de "vida después de la vida"- y que se movía en ese túnel hacia el final pero que no llegó a su término, se vio así mismo, a su cuerpo, a los médicos cómo, según sus palabras, "le aplastaban el pecho" -sería un masaje al corazón, sin duda-, y vio, como he dicho, desde "lo alto" a su esposa en una habitación lejos de donde él estaba... "muerto". Cuando le comento "pues sentiría ud. un miedo tremendo ¿no?" -para oir su respuesta- me dice que no, que no tenía ningún miedo...
Cuando le veo, intentando no abusar de sus confidencias porque no le gusta contarlo, sigo instándole a que recuerde los más profundos misterios que vio, a regañadientes pero al final lo hace, conmigo.
Desde luego es una persona sencilla, iletrada y con poca imaginación, no es especialmente religioso. No miente. No me parece que mienta. Es incapaz de ello... si le conociérais diríais "este hombre dice la verdad, su verdad"...
Me interesaría mucho saber vuestra opinión con respecto a esto, compañeros. Sé que no es literatura, pero también entre los aficionados a ella se comparten vivencias.
César
Comentarios
No podría pronunciarme sobre el tema, aunque sin duda, lleva a la reflexión.
Como la abuela de Sibil-la que decía que ""de los que murieron, nadie volvió a explicarlo"". Pues yo tengo un poema que habla sobre la muerte y los últimos versos decían así:
¿Y que es la muerte?
Le pregunte a un muerto
y no quiso responderme.
Saludos.
Tampoco creo que todo se acabe aquí.
Besos
Perooo... ¡si os he entendido a las dos perfectamente!... os voy a tener que echar a los leones por empanamiento crónico -el vuestro-
Verás ahora la que me va a caer... pobre de mi.
:cool: En fin seguir opinando amigos, que el tema planteado es serio y muy interesante de conocer vuestras opiniones...
Besitos, Cesar.
Lo que me genera alguna duda es que puede ser que como todos más o menos somos concientes de que cuando estamos en muerta clinica o desmayo,( cosas totalmente diferentes por supuesto) ..pero comparables en el ambito de que se pueda sufrir una especie de sugestión por que todos ,el que más y el que menos sabemos lo de que se divisa a lo lejos un tunel y una luz al final.
No digo que esto sea asi en todos los casos,pero que puede ser,y que tiene que existir algo más tambien ,si no ,menuda broma nos han gastado..besos
De todas maneras, leí otros libros y es curioso porque cada uno "veía" aquello que le "sonaba", aquello que pertenecía a su idiosincrasia, a sus formas y creencias, a su entorno. En cierto modo, pienso, que si existe ese más allá y ese Dios -no me refiero al de la I.C.- es como si tuviera compasión hasta el extremo de "presentarte" aquello que conoces... una vez se está en la otra orilla. Bien, a lo mejor es una tontería lo que he dicho.
También le pregunté, como mucho tacto, que si podía "haber soñado" y se puso muy cazurro diciendo que él sabía lo que era soñar y lo que era real... con otras palabras un poco más... violentas, o sea más brutas.
Llevo años tras ese libro y tras otros muchos... pero, son demasiados los que me quedaré sin leer. Eso es seguro.
César
Te recomiendo el libro Viajeros en tránsito de la doctora Maria Isabel Heraso Aragón.
De esta doctora tuve el placer de que me dedicara un ejemplar de su libro cuando estuvo cerca de mi pueblo en unas jornadas. Ella, en un principio, como la mayoría de los médicos niegan que haya vida después de la vida, hasta que, como otros muchos, se rinden a la evidencia de las experiencias que, por su profesión cerca de los enfermos y moribundos han tenido.
Te relaciono los capítulos por si te interesa.
Cap. 1. ¡Buenas noticias! Lo que entendemos por muerte, ¡no existe!
Cap. 2. Experiencias cercanas a la muerte, peldaños de conocimiento
Cap. 3. El poder del pensamiento
Cap. 4. Importancia del amor en estos momentos
Cap. 5. Cómo dejar las cosas organizadas antes de irse
Cap. 6. Para un tránsito cómodo y apacible
Cap. 7. Expansión de la conciencia
Cap. 8. ¿Adónde vamos después?
Cap. 9. Prácticas para cambiar de plano voluntariamente
Cap. 10. El gran momento del despegue
Cap. 11. ¿Existe la reencarnación?
Cap. 12. Despedida con "honores"
Te agradezco esta recomendación, y la voy a tener muy en cuenta a la hora de buscar en la biblioteca.
También os diré que he leído mucho a Elizabeth Kübler Ross, médico, nacida en Suiza, es una mujer que merece la pena leerla. Se especializó en niños... y los niños son los que menos mienten a la hora de la verdad. Elizabeth Kübler Ross murió creo que hace poco...
Ella ya sabe todo, todo lo que ignoramos los demás.
Gracias, Lara.
Prólogo de su Santidad el Dalai Lama
En esta oportuna obra Sogyal Rimpoché, se centra en los modos de comprender el verdadero significado de la vida, aceptar la muerte, asistir a los moribundos y ayudar a los muertos.
La muerte es una parte natural de la vida que todos debemos afrontar tarde o temprano. Según mi entendimiento son dos las actitudes que podemos adoptar ante ellas mientras vivamos: o bien elegimos no pensar en ella, o bien podemos hacer frente a la perspectiva de nuestra propia muerte y, reflexionando con claridad sobre ella, tratar de reducir al mínimo el sufrimiento que puede producir. Sin embargo, con ninguna de estas dos actitudes poder llegar realmente a vencerla.
En mi condición de budista, contemplo la muerte como un proceso normal, una realidad que acepta ha de ocurrir en tanto permanezca en esta existencia terrenal. Sabiendo que no puedo eludirla, no veo que tenga sentido preocuparme de ella. Tiendo a figurarme la muerte como un cambio de ropa cuando la que llevo está vieja y gastada, no como un final definitivo. Pero la muerte es imprevisible: ignoramos cuándo y cómo ocurrirá. Así, pues, resulta sensato tomar ciertas precauciones ante de que se produzca realmente.
Es evidente que a la mayoría de nosotros nos gustaría tener una muerte apacible, pero también está claro que no podemos esperar una buena muerte si nuestra vida ha estado llena de violencia, si nuestra mente ha estado agitada principalmente por emociones como la ira, el apego o el miedo. Por lo tanto, si deseamos morir bien, manteniendo la esperanza de una muerte apacible, debemos cultivar la paz en nuestra mente y en nuestra manera de vivir.
Como podrán leer aquí, desde el punto de vista budista la experiencia real de la muerte es muy importante. Aunque el cómo y el dónde vamos a renacer viene generalmente determinado por fuerzas kármicas, nuestro estado mental en el momento de la muerte puede influir en la calidad de nuestra próximo renacimiento. Así pues, y a pesar de la gran cantidad de karmas que hemos acumulado, si en el momento de la muerte hacemos algún esfuerzo especial para generar un estado mental virtuoso, podemos fortalecer y activar un karma virtuoso y de ese modo dar lugar a un feliz renacimiento.
El instante real de la muerte es también la ocasión en que pueden presentarse las experiencias interiores más profundas y beneficiosas. Mediante la repetida familiarización con los procesos de la muerte por medio de la meditación, un meditador experimentado puede aprovechar su muerte para alcanzar una gran realización espiritual. Por eso los practicantes con experiencia emprenden prácticas meditativas en el momento de morir. Una indicación de sus logros es que muchas veces su cuerpo no empieza a descomponerse sino hasta mucho después de su muerte.
No menos importante para nuestra propia muerte es ayudar a otros a morir bien. Cuando nacemos todos nos hallamos desvalidos e impotentes, y sin el cuidado y el afecto que recibimos entonces no habríamos sobrevivido. Puesto que los moribundos son igualmente incapaces de valerse por sí mismos, deberíamos aliviar su malestar y su angustia y asistirlos en la medida de lo posible para que mueran con serenidad.
Aquí lo principal es evitar todo aquello que perturbe la mente de la persona moribunda más de lo que ya está. Al asistir a una persona moribunda, nuestro primer objetivo es infundirle serenidad, lo que se puede conseguir de muchas maneras. Un moribundo que esté familiarizado con las prácticas espirituales puede sentirse estimulado y alentado si se le recuerdan estas prácticas, pero incluso la simple atención afectuosa puede generar una actitud serena y sosegada en la mente de la persona que va a morir.
La Muerte y el Morir constituyen un punto de encuentro entre la tradición científica moderna y la budista tibetana. Creo que en l plano de la comprensión y el beneficio práctico ambas pueden ayudarse muchísimo recíprocamente. Sogyal Rimpoché se halla especialmente bien situado para facilitar este encuentro, nacido y educado en la tradición tibetana, recibió formación de algunos de nuestros mayores lamas. Puesto que también se ha beneficiado de una educación moderna y enseñado muchos años en Occidente, ha llegado a conocer bien los modos de pensamiento occidentales.
Este libro ofrece a los lectores no sólo una explicación teórica de la muerte y el morir, sino también medidas prácticas para que comprendan y se preparen ellos mismos y a otros de forma serna y enriquecedora.
Muchísimas gracias por poner este artículo, me lo he bebido atentamente. Y es cierto lo que dice, atendiendo a moribundos, alentándoles, tratando de serenarles -en esos momentos no hay "ateos" se aferran a lo que sea-, acariciándoles... es beneficioso para ellos y también para el que lo realiza, pues se pierde ese miedo a la muerte.
Gracias otra vez, Artemisa.
César
Si así fuera, que no digo que no sea, ¿cómo se explica que viera a su esposa e hija en otra habitación -sala de espera del clínico- "desde lo alto" tal y como iba vestida y sabiendo lo que estaba haciendo y diciendo?
No es que te lleve la contraria, es que me hago esa pregunta.
Lo de los 21 gramos... es muy posible que tenga una explicación física, bien pérdida de aire, contracción de músculos ante la rigidez cadavérica, en algunos cadáveres se les abre los esfínteres fluyendo líquidos por ellos... en fin.
¿21 gramos?... El alma es incorpórea, según dicen, en cuanto tuviera peso, tanto un como veintiun gramos... ya habría algo de materia. No sería "alma".
César
Eso(perdida de 21 gramos) tiene más relación con el proceso de deshidratación que con la "dilución del alma"
Libro Tibetano de los muertos
Traducción de la versión inglesa de Timothy Leary (1920-1996)
Descargar EL LIBRO TIBETANO DE LOS MUERTOS - BARDO-THODOL Atribuido a Padmasambhava / PREFACIO Por LAMA ANAGARIKA GOVINDA
PRIMER BARDO
Oh, amigo
El tiempo camina hacia ti para buscarte nuevos planos de la realidad.
Tu ego y tu nombre están en el juego de acabar.
Estas poniéndote enfrente de la Luz Clara.
Tú estás experimentando en esta realidad.
En el estado de libertad del ego donde todas las cosas son como un cielo vacío sin nubes.
Y el intelecto desnudo y limpio es como un trasplante vacío.
En este momento conoce por ti mismo y habita en este estado.
Lo que es llamado muerte del ego está viniendo hacia ti.
Recuerda:
Esta es la hora de la muerte y renacimiento.
Aprovecha de esta muerte temporal para obtener el perfecto estado.
Ilumínate.
Concentrado en la unidad de todos los seres vivientes.
Mantenido sobre la Luz Clara.
Usalo para alcanzar el entendimiento y el amor.
Si tú no puedes mantener la felicidad de la iluminación y si tú estás deslizándote dentro del contacto del mundo exterior.
:rolleyes: Precioso el mensaje...
Saludos.
Sólo había leído lo que dice, no que podía bajármelo. Gracias, Artemisa.
Pues no sé, attasara, lo que hubiera comentado si hubiera sido la Virgen, no conozco a nadie que se le haya aparecido. Pero para mi tenía más visos de verdad lo que este anciano me cuenta que las apariciones de la Virgen.
¿La fe?... pues creo que todos hacemos uso de ella. Cuando se coge un avión lo coges con la fe de que va a llegar a su destino, cuando se va a buscar trabajo también la utilizas y así en montones de ocasiones en esta vida. De todas maneras sólo puse la historia para saber vuestras opiniones, que tan respetables son las que lo creen como las que no.
De momento sé que él dice la verdad... pero ¿cómo demostrarlo?... en el libro de Raymond Moody -vida después de la vida- no solamente escriben sobre las experiencias de católicos. Tampoco lo hace Elízabeth Kübler Ross... son opiniones de muchas personas de distintos credos y también de gentes agnósticas y ateas...
Pero bueno, para eso está la diversidad con respecto a este caso ¿No te parece?
César
Claro, attasara, nadie ha dicho que sea malo, quizás es que no he sabido explicarme:), al que eso le ayude, pues... adelante.