Se hacía tarde
Se hacía tarde. La cena de gala ofrecida en su honor empezaría en cualquier momento. El señor Aguirre arreglaba su corbata y constataba que su traje, impecablemente planchado, se encontrara en perfecto orden. Una sonrisa de suficiencia y orgullo adornaba su rostro arrugado. Cuarenta años de profesión; cuarenta años de una reputación intachable al servicio de la sociedad. En verdad era considerado uno de los doctores más prestigiosos en el mundo de la medicina.
Con paso rápido, se dirigió a la puerta, la abrió y su pie chocó contra algo. Bajó la vista, y vio un paquete con envoltura plateada. Le resultó extraño que su empleada Nahir no lo hubiera recogido. Lo tomó, intentando descifrar la letra, apenas legible. Cuando lo logró, leyó: “Para André Aguirre”. No había remitente. La curiosidad lo envolvió aún más. Sin dudarlo ni por un instante, lo desenvolvió enseguida, hallando en su interior una caja de cartón. Se sentó en una silla y la abrió.
En un solo segundo, todas las emociones se agolparon en su corazón marchito. Todavía sin poder creerlo, tomó con delicadeza el jarroncito marrón, que en su exterior tenía un bello dibujo pintado a mano de una flor de nomeolvides. Junto al pequeño jarrón, una simple nota.
“Te escribo después de tanto tiempo porque me enteré por las noticias de tu reconocimiento y quería felicitarte. Yo… en fin…tal vez estés muy ocupado. No me animaba a enviarte este jarroncito al principio, sin embargo, después de pensar, decidí que lo conservaras vos. Conmigo ya estuvo demasiado tiempo. Ahora es tu turno. Es la promesa que nos hicimos de chicos, antes de que te fueras a estudiar, ¿te acordás? Cuando te hicieras bien importante, este jarroncito que pinté iba a ser tuyo, como prueba de nuestro amor de juventud. Esa promesa tiene tantos años. Pero quise cumplirla. Bueno, ojalá que todo salga bien André. Te deseo lo mejor.
Con cariño,
Tu prima, María del Carmen.”
El señor Aguirre se quedó sentado, olvidándose de la cena de gala, de su reconocimiento, de toda la gente que lo esperaba. Mientras acariciaba el jarroncito marrón, sólo se quedó pensando en sus recuerdos. En la chica sencilla a quien había amado y que dejó pasar.
Comentarios
besitos!!!
sami