Aclaraciones previas:
Primera: Esta historia es real. Me ha ocurrido a mí. No obstante, si después de leerla crees que es ficción y me la he inventado, te comprendo porque sé que es difícil de creer.
Segunda: Soy una persona bastante escéptica en cuando a lo "paranormal", pero respeto que simplemente hay una realidad que no podemos explicar ni comprender y le damos ese nombre: paranormal. Es probable que casi todo tenga explicación, y más probable aún que a través de nuestros canales sensoriales (limitados) no podamos comprenderla.
Tercera y más importante: Pido perdón por escribir esta historia. Siempre he defendido la escritura valiente y honesta, pero todo tiene un límite. Lo que voy a contar no es apto para personas sensibles y trata un tema difícil y, por decirlo de algún modo, controvertido. La razón de contarla es terriblemente egoísta: necesito desahogarme en alguna parte donde nadie me conozca, o casi nadie. No me importa reconocer que estoy tarada, que soy mercancía defectuosa, pero si le contara esto a mis seres queridos les haría sufrir y no quiero eso.
Dicho esto, si has decidido leer a pesar de todo, comencemos.
Como he dicho al principio, no soy una persona "creyente" en lo tocante a la fe. Pero sí soy sensible a ciertas cosas y no me gusta negar lo que no entiendo.
Desde hace unos meses vengo notando "presencias" en mi casa, lo cual es gracioso porque mi casa es muy pequeña. Con "pequeña" me refiero a que el otro día, por ejemplo, mientras caminaba por el pasillo con el cesto de la colada, me hice a un lado instintivamente para no "chocar" con alguien que, según mis sentidos normales, no estaba allí.
Estas presencias o entidades que siento no me causan miedo. Y dirás, pues vaya, quizá deberían. Pero no. No detecto ninguna maldad en ellas; simplemente están. Lo único que me aturde un poco es eso, que la casa es pequeña y bueno, ya sentir a cuatro "personas" es mucho. Pero por lo demás, ni a mí ni a mi compañera felina nos preocupan. No están siempre; vienen a veces; vienen y van y no sé por qué, solo es eso. Tampoco es que me den una sensación de compañía, así que no creo que tenga que ver con imaginaciones que sean producto de vivir sola. Sola estoy bien conmigo misma. Esto es como tener de vez en cuando visitas que no puedo ver pero sí sentir, a las que no conozco/reconozco, nada más.
Lo que sí ha sido muy chocante es lo que me pasó ayer por la noche. Estaba acostada, y en un momento dado sentí que tenía a dos "personas" echadas conmigo en la cama. Tengo una cama doble pero aun así estábamos apretados. Me pareció de lo más natural esa situación y sé que suena loco, pero tal y como sucedió te lo cuento. Lo que pasa es que esta vez SÍ pude reconocer quiénes eran: a mi izquierda estaba mi primo Juan, a mi derecha mi prima Isabel a quien llamamos Babé en la familia, y yo en medio.
Por hablaros un poco de ellos, os puedo contar que mi primo Juan es hijo de la hermana de mi padre. Tiene mi edad. Es un apasionado de la ciencia, más bien siempre le ha gustado saber cómo funcionan los mecanismos de los objetos (juguete en sus manos era juguete muerto), y "saber que pasa si...". Por ejemplo cosas como hacer una bomba casera con el Quimicefa, o "le puse un petardo a una lata de coca-cola, ¡eso sí que fue la chispa de la vida!".
Era un niño peculiar. Su madre le decía "duérmete, Juan, que si no viene el coco", y él se tiraba esperando al coco hasta las tres de la mañana con un bate de beisbol a ver si le cascaba. Me lo pasaba de miedo con él. Hacíamos unas gamberradas brutales, y eso que yo era una niña bastante tranquila (pero me apuntaba a un bombardeo, claro). Llamábamos a los telefonillos de las casas diciendo "soy el cartero"; una vez el muy idiota se equivocó y preguntó: "esta el cartero??". En casa de mi abuela nos encerrábamos en una habitación donde había un teléfono, para llamar a la teletienda y hacernos pasar por una señora anciana que pedía joyas, vajillas, etc (algunas operadoras nos creían), o a lo peor a los/las prostitutas/os que se anunciaban en las páginas de "relax" del periódico. Esos se lo tomaban bastante mal, la verdad (lógico y normal).
Éramos unos niños hijos de puta pero qué bien lo pasábamos. En la actualidad no tengo mucho contacto con él: sé que es director de una empresa (agárrate y corre) y que tiene un loro que se llama Neko.
Su madre se llamaba Mamen -murió de leucemia hace algunos años-, era una mujer maravillosa. Siempre había querido tener una niña y al final tuvo tres niños. Mi abuela por parte de padre (la madre de Mamen) era bastante puñetera, y un día dijo: "he soñado que el primer bebé que nacerá será una niña", justo cuando mi madre y Mamen estaban embarazadas a la vez, aunque la que salía de cuentas antes era Mamen. Pero yo fui una niña prematura así que me adelante y les hice toda la putada, qué mierda.
Sobre mi prima Babé podria decir que es una extraterrestre. En el buen sentido. Tiene "poderes", aunque odio esa palabra. Su físico es muy extraño: alta, rubia como una nórdica, ojos muy claros, y en el cuello una nuez de adán muy prominente. Digo que tiene poderes porque, desde que tengo recuerdos, siendo yo muy chiquita todos decían: anda, vete a pintar ahí que nosotros vamos a jugar "al vaso". "Jugar al vaso" era hacer una sesión de oui-ja (yo ni remota idea, claro). Mientras yo pintaba bailarinas, mi madre, mi tía (la madre de Babé) y la propia Babé se marcaban una conferencia al otro mundo tranquilamente. Por otra parte Babé es de esas personas con sensibilidad especial; tiene premoniciones, lee a las personas, acierta con las cosas que van a ocurrir. A diferencia de Juan, ella es mucho mayor que yo. De hecho hacía de canguro conmigo muchas veces cuando mis padres salían. Yo lo pasaba muy bien con ella. En la actualidad vive en Washington y trabaja para algo muy chungo tipo la CIA o algo así (no tengo puta idea, no sé explicarlo mejor pero sé que es algo chunguísimo y relacionado con servicio de inteligencia).
(sigo)
Comentarios
Sé que estuvimos un buen rato así, supuestamente para dormir, aunque estábamos medio despiertos. En un momento dado, teniendo los ojos cerrados, sentí que Babé se movía a mi lado. Abrí los ojos y vi que se había levantado de la cama y ya no estaba en la habitación. Miré al otro lado, y Juan tampoco estaba. Me sobrecogí, porque fui consciente de pronto de LO ABSURDO de todo aquello. ¿Cómo iban a estar Babé y Juan conmigo en la cama, por dios? La que tampoco estaba -y duerme conmigo todas las noches- es mi gata. Estaba sobre la alfombra del dormitorio, como si la pobre no hubiera tenido sitio para colarse ahí entre tres personas, a dos de las cuales no conocía.
Me incorporé. No tenía miedo (eran mis primos), pero sí inquietud, porque todo había sido simplemente real. Sé que no estaba soñando. Tal vez estaba en un estado intermedio entre el sueño y la vigilia, pero dormida no.
Miré el reloj. Eran las tres de la mañana. Me levanté, fui al salón y me encendí un cigarro, tratando de asimilar lo que había pasado.
Porque además, lo que había pasado no sólo había sido real sino que también era imposible. Y aquí viene la parte que por vergüenza y respeto no te he contado antes:
Llevo unos días desfondada emocionalmente. Ayer por la noche me metí una dosis letal de valium acompañada de una botella de bourbon. Podrás decirme: "bueno, Reyes, NO SERÍA TAN LETAL si ahora estás escribiendo esto". SÍ LO ERA. Estaba segura de lo que hacía. No quería vivir. Lo hice en silencio tan solo dejando un mensaje entre líneas que ni siquiera era una petición de ayuda. Ningún ser querido, nadie cercano se ha enterado.
Me había metido una dosis letal de valium a las once de la noche, y ahí estaba yo a las tres de la mañana, asintomática, completamente despierta y fumándome un cigarro en el salón.
Lo primero que pensé fue que mis primos me salvaron. Ambos están vivos, no hablo de sus "fantasmas". Aunque tal vez no eran mis primos sino otro tipo de "cosas" que tomaron esa forma para resultar familiares en todas las acepciones de la palabra.
Inevitablemente intenté entender. Traté de encontrar una explicación racional dentro de lo irracional del asunto. ¿Y si me he muerto y no lo sé? No, estaba ahí, estaba viva, corpórea, como siempre hasta me encontraba físicamente bien. Ni rastro de resaca ni malestar. ES IMPOSIBLE, pensé. Te juro que lo era.
Lo único que pude pensar es que esas dos presencias "absorbieron" todas las substancias nocivas de mi cuerpo. Sé que suena loquísimo y estás en pleno derecho de pensar que estoy como una cabra. Pero es que si no, ¿qué? ¿Qué fue lo que pasó? Ni siquiera vomité, no sentí ningún dolor, solo calma mientras estaba de cachondeo con mis primos.
Y hoy, que es el día siguiente, solo puedo decir que ya no quiero quitarme de en medio. Es insultante de algún modo querer arrebatarse la vida a uno mismo y lo siento en el alma, por eso decía al principio que pedia perdón por esta historia. Os pido perdón a los que la habéis leído y habéis llegado hasta aquí. Lo honesto tiene un límite y lo sé, pero necesitaba plasmar esto porque ha sido tan increíble para mí que temo que mi mente lo entierre en algún lado y se me olvide.No sé qué o quiénes eran esos dos seres, pero les doy las gracias por haberme salvado la vida.
Como nota final, decir que con esta historia no pretendo ni romantizar ni por supuesto hacer apología del acto de desvivirse. El suicidio es una de las primeras causas de muerte en mi país, si no la primera. Querido lector, si te has sentido tan mal que has tenido ideaciones quisiera decirte que de ahí no se puede volver atrás. En España tenemos el teléfono 024 pero es una mierda; funciona con voluntarios y ellos mismos se quejan de que no tienen formación para atender a alguien en situación crítica. Si necesitas soltar algo por favor háblame, habla con alguien, escribe donde alguien pueda leerte. No voy a darte consejos que para mí no tengo porque yo lo hice, yo lo intenté... pero si esa dosis de diazepam hubiera hecho efecto tú no podrías estar leyendo esto ahora porque yo no estaría aquí. Y hoy puedo ver que a veces, aunque sea solo a veces, merece la pena seguir en el primer mundo.
Mil perdones de nuevo. Y gracias (por escucharme) por leer.