Vierto café en una taza de porcelana, le añado leche y dos azucarillos, remuevo todo con una cucharilla de plata y cuando la saco veo en la superficie un remolino en el que se dispersa parabólicamente la espuma de un dulzor mientras se disuelve.
A continuación, despacio me llevo a los labios la taza de porcelana y a la vez voy pensando que estoy a punto beberme un agujero beige.
El planeta Tierra en el que habitamos está constituido por diferentes gotas de una sustancia en trance de disolverse en un fluido antes que unas gigantescas fauces se lo beban

