Mi enfermeraNo había conocido antes a una mujer que aúne las virtudes de Daniela. Durante meses, hemos hablado a diario, la he sentido a mi lado como una sombra, como algo útil, más que como una persona.
Me ha costado entender que he depositado en ella mi poco caudal de afecto, el rescoldo que quedó de aquel incendio voraz con mi ex novia, el deseo que un día me acometió de darme íntegro, ¡sí, de darme íntegro!, y eso que no soy altruista tocante a mi intimidad.
Me alegra saber cuáles son los sentimientos que albergo para con Daniela. Se pone a mi lado como un perro fiel. Si quisiera, podría acariciarla. Me estremece pensar que cuando yo muera, conservará mi recuerdo y llorará sobre mi tumba.
Es Daniela una mujer religiosa, y no sé si habrá obrado milagro, pero los santos deben ser como ella. Cuando entra a mi habitación y veo su grandiosa bondad y sus buenas disposiciones, cierro los ojos y pienso que el día de mañana podría estar en los altares.
Y no es que me burle de ella, todo lo contrario, nadie, salvo mi madre, me ha inspirado tanto cariño y admiración. Pero me hace gracia pensar que puede pasar de enfermera a intercesora del Dios imponente, Señor de los ejércitos y Juez inflexible. ¡Pobre Daniela, y qué apuros iba a pasar!
A Chávez LópezSevilla ago 2026