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¡Feliz cumpleaños, hijo!

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
editado 27 de julio en Erótica

¡Feliz cumpleaños, hijo! 

Era ya de noche. Miraba la hora en el reloj, colgado en la pared del salón. La ansiedad comenzaba a invadirlo. Imaginaba el sonido de sus pasos, el aroma de su piel, el contacto de sus labios sobre los suyos, y la calidez de su cuerpo apretándose sobre el suyo. 

Se levantó del sillón y se fue a la puerta de entrada y salida de su casa. El ascensor se detenía. No respiraba durante unos segundos, cogía una buena bocanada de aire. Oía pasos aproximándose. El corazón le comenzaba a latir con una celeridad inusitada. Un momento eterno. El sonido del timbre lo sobresaltaba. Se miraba al espejo del pasillo, se acomodaba el pelo y se alisaba la ropa. Temblaba.

Trataba de contener, inútilmente, los nervios. Apoyaba una de sus manos, trémula, en el pomo de la puerta. La abría, y allí estaba ella, subida en sus altos tacones y mirándolo sonriente. Era una meretriz de alto standing de 24 años y con un cuerpo soñado.

—Jorge, supongo.

Entre balbuceos asentía y, sin dejar de mirarla, la invitaba a pasar. Era alta, morena, facciones finas. Vestía abrigo de cuero negro que le cubría hasta las rodillas. A pesar de ir con mucha ropa se perfilaban pronunciadas curvas.

—Acomódate. ¿Quieres beber algo? -le preguntaba él, todavía nervioso.

—No, gracias –respondía, y empezaba a pasear sus ojos por la casa.

Recorría el salón, como si estuviese en su propia casa. Él, sin saber qué hacer ni qué decir, sólo acertaba a sentarse. Ella, se detenía ante él y, dejando caer suavemente su abrigo, empezaba a moverse al compás de una música que sonaba.

Jorge, aparentando tranquilidad, se sentaba a su lado, Ella, sin él darse cuenta, llevaba su mano derecha hacia la entrepierna del Jorge y enseguida cogía su excitado pene. Soltaba el pene, se ponía en pie y se contorneaba como una serpiente en celo, frente a Jorge.

Poco a poco iban cayendo las prendas que cubrían su espectacular figura, hasta dejarla con el único vestido perfecto: su piel. Sus grandes pechos terminaban en pezones rosados y duros, que se pellizcaba con el índice y el pulgar de su mano derecha, mientras la otra mano bajaba hacia el vientre hasta llegar a la vagina, cuya mano se encausaba por los labios que llevan al sabio motor que excita a toda mujer: el clítoris. Lo acariciaba suavemente. Jorge no podía aguantar más. El instinto ancestral era tan urgente que sin poder contenerse le decía, con lasciva sonrisa en los labios:

—Estoy demasiado excitado como para esperar más.

A lo que ella, acercándose más a él, le susurraba al oído mientras le rozaba la cara con uno de sus  pechos

—Como quieras. Ahora mandas tú.

Le cogía la cara y le besaba apasionadamente los labios, mientras le iba quitando la camiseta, le desabrochaba el pantalón, que caía como ave muerta. Manos expertas femeninas entraban dentro de los calzoncillos, y Jorge sentía una dureza que ya había anunciado. Intentaba llevarla a su dormitorio, pero no podía porque después de un enroscado beso en la boca, seguía besándole el pecho, bajando lentamente al bajo vientre, que temblaba de pura excitación. Y esto le gustaba a ella porque estaba viendo que el muchacho estaba disfrutando.

Ya estaban los dos completamente desnudos. Ella se tumbaba sobre la alfombra, y él se ponía encima y sus manos buscaban acomodar su pene erecto en la vagina. Y ella, dándose cuenta, lo dirigía. Su pene sentía una humedad caliente. Torpemente, movía su pelvis, una, dos, tres veces, y el elixir que da y proporciona vida salía, cual disparo. Ella sentía que la presión de él había cedido y entonces lo abrazaba. Él notaba que su pene perdía rigidez, y, sin darse cuenta, lágrima empezaban a rodar sobre sus mejillas. Ella, por delicadeza, apartaba sus ojos.

Jorge se sentía triste durante un pequeño espacio de tiempo después de haber culminado, pero enseguida lo invadía una felicidad. Ella lo besaba dulcemente en los labios y le preguntaba después.

—¿Te sientes bien? ¿Quieres que me quede un rato más?

A lo que él balbuceaba:

—Sí, y me gustaría volver a repetir todo de nuevo.

—De acuerdo, pero déjame que esta vez te guíe yo.

Y de nuevo iniciaron el ritual que satisface y preserva la especie.

Pasada media hora, ella se fue. Y él entró al baño y se duchó, se vistió y finalmente encendió el monitor y puso su play.

Al poco, el sonido de una llave en la puerta. Eran sus padres. No se daba cuenta Jorge de que habían entrado en la casa sus padres, pero sin embargo sí escuchó a su madre que le decía a su padre, casi en un susurro:

—¿Ves? Lo que te dije. Nuestro único hijo es un ángel. Estuvo jugando a la play todo el tiempo.

A lo que el marido respondió:

—¿Por qué no preparas algo de cena? –y cuando la vio alejarse, se acercó a su hijo y le dijo en voz baja.

—¡Feliz cumpleaños, hijo! Espero te haya gustado mi regalo.

Y el hijo le dijo:

—Mucho, papá. Ha sido el mejor regalo de cumpleaños. ¿Y sabes algo? Ahora me siento muy hombre.

—Me alegra escucharte decir eso, hijo, pero no olvides que solo cumpliste 17. Aún te falta crecer y aprender más.

Y dicho esto, padre e hijo se abrazaban y se besaban, a la vez que sonreían en forma cómplice.


A Chávez López
Sevilla jul 2026

:)
 


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