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Club Gay de carretera

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII




Club Gay de carretera
Las paredes eran horrorosas, pero guapos candelabros dorados adornaban lo ruin. Una negra lámpara en el techo iluminaba un salón con nueve sillones de armiño amarillo.

Sobre un bracero de bronce, los rubíes enfurecidos parecían dientes de dragón. Se quemaban semillas de alucema e incienso. En una mesa, un jarrón chino. ¿Qué escena se dibujaba en él?: "un pescador pescaba un pez espada, que lo hería en el rostro; gotas carmesí en una camisa arremangada, y el mar se bamboleaba entre olas espumosa".

En un jarrón, una hortensia rosa con pétalos secos. De las mesas caían manteles al suelo. En los sillones, sentados estaban los transexuales semidesnudos pero cubiertos de polvos de colores, rapados al cero en cabezas doradas, salvo en el antifaz que les cubría los ojos y que era de color azul.

Estaba Trini, de grandes tetas y de lengua viperina. Conocía por su nombre los venenos, y su lengua era sucia como esos falos que ya había lamido. Sabía insultar. Se había defecado en la cara del último cliente porque no le había dado propina. Le mentó a la madre por los cuernos del padre, antes de lanzar al aire un hermoso gargajo. Se contoneaba cual serpiente y era la más endemoniada del grupo, como las cimas del Himalaya ¡Qué tetas tenía la tía!, capaces de amamantar a todo un ejército de legionarios sedientos de leche de teta. Y entre sus opulentos muslos, la cripta de su sexo depilado exigía un cohombro marino, eternamente erecto.

Sobre un piano negro, dorada como poniente estaba Lolita, la madrileña, que en una de sus manos sostenía una copa de anís. La llamaban madrileña, pero había nacido en Cádiz. Jamás había visitado Madrid. Había denunciado a la policía a un tipo de 'Sendero Luminoso' que se había enamorado de ella en su visita a España. Llevaba el terrorista cheques por valor de cien millones de dólares, pero Lolita era puta por afición. Su cartilla del Banco jamás había estado en rojo. Rojos sus labios, los que ahora bebían anís. Cuando fornicaba era una hembra que cazaba, como un  tigre-araña, la espalda del hombre, al que rodeaba con sus piernas. Era un escorpión mutante, y sus labios eran veneno. Había en sus ojos siete panteras rabiosas y su cuerpo era de ángel. ¿Cuántas vergas había bebido ya esa noche? Ninguna aún, por eso, anís en su boca, porque sus labios estaban secos, y cabreada ella, porque aún no había degustado el sabor de un macho.

Sonaba en el reloj las tres de la madrugada, y un cisne blanco sobre las azoteas vomitaba su luz, enormemente ebrio. Frasca se miraba en un espejo. Hoy había cocinado un conejo. Ella misma se ocupó de matarlo y desollarlo. ¡Qué soberbia era la tía! Rapada al cero parecía un marine norteamericano, y lo era, porque era hombre, pero su culo ya había recibido el falo de cientos de tíos. En realidad se llamaba Pepe, y era de Jerez. Con doce años, ya había mamado su primer pene. ¿Era gato o gata? Gata, pero sufrió horrores en su circuncisión, que se hallaba como un pájaro al que le mutilan la verga con unas tijeras. No tenía tetas, pero su culo había recibido más semen que los que contienen el banco de espermas. ¡Qué buen maromo podía ser si no fuera puto! Coleccionaba mariposas. Y nunca bebía vino porque vomitaba. Era mujer en la cama, sedienta de deseo, esclava absoluta. En su pecho tatuado había una cruz. Y sólo "lo hacía" por dinero. Belleza endeble que si tuviera navaja sería felina.

Lis leía una revista del corazón. En su portada, una Infanta de España proclamaba su divorcio. Tenía unos zarcillos de oro puro en orejas. Repito que todos estos ángeles estaban rapados y dorados. El polvo de oro los hacía exóticos, como pájaros semi demonios.

Lis
era pequeñaja y traviesa, escondía una libélula en su pecho, y sus tetas, que llenas de miel de higuera estaban, conocían el significado del pellizco. Terminaba de estar con uno y había triunfado. ¡Qué succión tan placentera le hizo por cincuenta pavos! El tipo era gordo, peludo y con unos mostachos mexicanos y un andar patoso. Se empeñaba en decir: ¡manita, manita, manita!, mientras Lis le succionaba el pene. Pero no había sido generoso con ella. Sólo había pagado el servicio, pero no le había dado propina y Lis trinaba. Por eso le daba una patada al gato. Leía que la Infanta Elena estaba ya harta de su marido pero ahora era feliz. También Lis quisiera degollar a algunos tíos y cortarles el pescuezo, como a gallinas.

Pitu era su primera noche y temblaba. En sus labios había una amapola virgen, y sus dientes no conocían el quid de la mordedura. ¿Quién te poseerá esta noche por vez primera? Juan te robó el virgo y Pepe y Jorge y Federico y Carlos y Adolfo y Felipe y Ramón y Rodrigo, y Pedro, y Enrique…, pero nunca follaste por dinero. Tus tetas son hermosas, como peras inmensas, y hay en tu pubis un olor a romero y salvia. Es tu pureza como la de la azucena mustia; y en tus ojos, la noche y la luna destilan su fría incógnita.

Sólo un cuadro de un autor anónimo era a esas altas horas de la madrugada el único testigo directo del perfecto crimen que cada cuarto escondía.

LA CAJA DE MSICA 3 UN RINCONCITO PARA COMPARTIR  - Pgina 26 8811

A Chávez López
Sevilla jul 2026

 

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