Paseaba un señor de avanzada edad por el pulmón verde de Sevilla, el parque de María Luisa, a la vez que iba pensando:
“Seguro que son mis muchos años, pero ya he bajado el volumen de lo que escucho y el subido el tono de lo que siento. Me estremecen un amanecer y un anochecer, el sorbo de un buen café, un vino de Jerez, una grata compañía de alguna mujer, una buena copla, el abrasador calor de una mirada, el magnánimo poder de un beso. Sí, serán los años, pero en este momento veo la vida tan bella como es”

