Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!
antonio chavez
Miguel de Cervantes s.XVII
Agripnia compulsiva
Estoy frente a mi cuaderno. Recorro el entorno con
la mirada en busca de algo que me inspire. Esta es una de las formas de
empezar. Lentamente, el plumín de la pluma se deja llevar y las palabras surgen. Como el
cadáver que intenta escapar de un pozo, escalando para ser libre. Las heridas
se abren y el corazón comienza a escurrir.
Pero, ahora alejémonos de estos
sentimientos durante unos segundos. No hace falta sufrir innecesariamente, no en este momento.
Es mejor dejarlo para más adelante.
Se detiene mi pluma y yo y pienso. Tengo en la mente imágenes que quisiera plasmar en papel, pero no tengo la menor idea de
cómo hacerlo. Mi mano tiembla. Miro la pluma y ésta comienza a derretirse.
“No le eches cuenta. Dentro de unos segundos
volverá a la normalidad”, me digo.
Y así es como ocurre siempre. ¡Qué me maten si no es verdad lo que digo! Cada pequeña cosa que es destruida, se puede volver a reparar. Sólo hay que aprender a ser paciente.
Mantengo un
diálogo conmigo mismo:
—Aguarda despierto. Estás
empezando a sonar a aburrido. Ya nada tiene sentido para ti. Mejor mira la vela
y maravíllate con su esplendor.
—Es hermoso, ¿no es cierto? El
fuego.
—Es lo más majestuoso que existe.
—La Madre Naturaleza en su más
puro esplendor. Increíbles todos los colores que pueden llegar a adquirir una
combustión. Un baile de matices imposibles de separar.
—Un momento, un momento… ¿por qué
te detienes? ¿Acaso tú también lo escuchaste?
—Creo que hay alguien ahí fuera.
Sal e investiga.
—¡No puedo, idiota!
—¿Por qué?
—No sé si lo habrás notado, pero
solo existo en mi libreta.
—Ah, disculpa, me dejé llevar por
la situación.
—No te preocupes, a veces me pasa
a mí también. En fin, ¿vas a salir o qué?
—Pues supongo que no me queda de
otra.
—¡Aligérate, maldito!
¿Por qué tardará tanto?
Probablemente, al muy estúpido lo haya sorprendido una sombra en la oscuridad.
Quizás no vuelva a saber más de él.
Retoma su
diálogo:
—Regresé.
—Por fin. ¿Por qué tardaste tanto?
—¿Quién escribió todo esto?
—Olvídalo. ¿Qué fue lo que pasó?
¿Había alguien?
—No, al parecer ha sido el viento.
—Y si no había nada, ¿por qué
tardaste entonces?
—Porque bajé a la cocina por algo
de beber.
—¡Desgraciado, te estaba esperando
y tú sirviéndote una bebida!
—La verdad es que no sabía que
tenías vida propia.
—Como hace poco te dije, no es
normal que la gente me note de la forma que lo has hecho tú. Hablando de eso.
¿Seguro que no había nadie allí?
—Nadie. Encendí la luz y no vi
nada.
—Créeme, a veces la oscuridad
puede revelar más que la claridad.
—¿Piensas que esta es una noche
corriente? Estás inventando una historia en tu libreta, en manos desconocidas.
¿Te parece que eso es normal?
—Supongo que no.
—Bien. Pues ahora párate a pensar.
Todas las ventanas están cerradas y el viento no ha podido causar ese sonido.
—¡Ah, claro! Ahora todo empieza a
tener sentido. Cuando bajé a la cocina, alguien me dio un golpe en el hombro,
justo antes de encender la luz.
—Te salvaste. Al accionar el
pulsador de la luz prolongaste tu vida. Espera, de nuevo lo he vuelto a oír.
—Y yo también. ¡Diablos, ¿qué
estará pasando?!
—Oye, ¿adónde vas?
—¡Maldita sea! Algo abrió la
puerta de mi habitación y apagó la vela. Apenas puedo ver la libreta.
—¿Qué fue eso? ¿Por qué has
gritado?
—Porque de nuevo he hablado solo.
Odio cómo cada noche la oscuridad consigue una nueva víctima. Tengo que
aprender que así es el balance de las cosas.
—¡Ojalá no pase mucho tiempo hasta
que aparezca uno con quien pueda compartir todo esto!
—Oye, para de escribir. Nadie te
está leyendo.

A Chávez López
Sevilla ene 2026