¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

Las paredes de mi casa murmuraban

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


Las paredes de mi casa murmuraban


Sé que suena raro, sé que es increíble, pero la primera noche que pasé en mi nueva casa fue una cosa inolvidable. Y sí, tenía que ser de noche, precisamente cuando los ruidos se silencian, cuando se desvanecen las luces y la vigilia deja paso a los ensueños.

Llevaba unos minutos en la cama, con el deseo de descansar al máximo del trajín de la mudanza, cuando mi imaginación empezaba a proyectar una película tras otra, y ya no podía coger el sueño. Permanecía despierta.

Era yo una privilegiada testigo de los recuerdos que murmuran las paredes. Oía ladridos lastimosos, y veía un cachorro pastor alemán que estaba en mi casa solo, nadie se hacía cargo de él. Con pasos cansinos y mirada triste, iba de un lado a otro: ahora, un gemido, ahora, un ladrido, como quejas; ahora, corría hacia la puerta, con poca fe. Y así pasaban las horas y en la cabeza del perrito entraban dudas. Entonces, se ponía nervioso, primero un poco, después más, tanto que necesitaba descargar, y por eso que emprendía contra las toallas del cuarto de baño y las mordía, como si esa actitud acabase con su situación de soledad, con un sentimiento de perro abandonado. Había destrozado las toallas, que ya eran trapos inservibles. Pero, de repente, su corazón empezaba a palpitar con fuerza y daba un vuelco de alegría porque oía un abrir de puerta. Salía corriendo para recibir a su salvador, a quien fuera que lo sacase del vacío de la nada. Una sonrisa de felicidad me sustraía de pena. En aquella casa vivía alguien que quería a los animales.

Cerré de nuevo los ojos y me di la vuelta en un intento por conciliar el sueño, pero las paredes estaban parlanchinas esa noche. Entonces oí una música, eran arpegios de una guitarra que sonaba melancólica. No podía ver la cara del músico, sí sus manos, manos de una persona mayor, su piel seca con venas marcándose sobre el dorso, no daba lugar a dudas. ¿Qué lejanos recuerdos evocaban con sus notas?

Hice un esfuerzo por penetrar el significado de aquella melodía, por traducir a imágenes aquellas emociones. No fue fácil, pero pronto vi que aquel hombre no tenía a nadie, su corazón rebosaba Amor, pero era un alma solitaria. Entendía que en toda su vida había amado sólo una vez, sin ser correspondido; quería olvidar bebiéndose la vida a tragos largos, esquivando a las personas, no encontrando lo que una vez halló. Pero, al poco, la música cambiaba y se hacía alegre. Pensaba yo que en aquella casa vivía un hombre que era feliz, que no le pedía cuentas al destino, que al final de su vida encontraba su mejor recuerdo, y esto me consolaba.

Me levanté de la cama y me fui a beber agua a la cocina, con la esperanza de cortar la situación. Pero no. Me sentaba en una silla y cuando menos lo esperaba, de nuevo las paredes con su monólogo, y esta vez oía ruidos de platos rotos y de cubiertos, chocando contra el suelo y contra las paredes.

Veía una mujer asustada arrojando objetos a un hombre, tristemente desaliñado, hasta me parecía oler el repugnante tufo del vino peleón de su aliento y en su ropa. Él quería avanzar hacia ella, pronunciando palabras soeces, pero ella no lo dejaba; no, no era una mosquita muerta, le hacía frente y le decía que se fuese ya y que no volviese nunca más. Añadía que no volvería a ponerle una mano encima y que tendría noticias de su abogado.

Dicho eso, le tiró un vaso que se estampó contra la pared, a pocos centímetros de la cara de aquel asustado hombre, que dándose cuenta de la situación, lloraba, se arrodillaba y le pedía perdón, le hacía propósito de enmienda, pero veía la inapelable decisión de la mujer de tramitar el divorcio, porque se levantaba y sin mediar más palabra se fue dando un sonoro portazo.

Y yo me fui hacia mi cama, rebobina mentalmente: un cachorro pastor alemán, contento y feliz por haber abandonado su soledad. Un anciano que buscaba su felicidad, hasta hallarla en su música. Una mujer brava que luchaba por no ser maltratada nunca más. Y entonces me alegraba de todo eso. Me acostaba, me tapaba hasta la cabeza y, por fin, podía conciliar el sueño

LA CAJA DE MSICA 7 UN RINCONCITO PARA COMPARTIR  - Pgina 25 Ddd10

A Chávez López
Sevilla oct 2025

 
 
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com