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antonio chavez
Miguel de Cervantes s.XVII
Recluida en una clínica particular, aquejada de una gravísima enfermedad, agravada por su edad, la celebérrima MC.S.R., de 98 años, es la escritora más longeva de España, y hasta de Europa, y tal vez del mundo.
Es indudable que la escritura es todo para ella, es su vida…
A veces, por motivo de su avanzada edad
y por ser la escritura la guía de su existencia, le da por hablar con su pluma
y le dice que ya es hora de dejar de escribir, y su pluma le responde que como
haga eso, ella (su pluma) se va a morir.
A pesar de las grandes dificultades que tiene ya para escribir y de los permanente
dolores en todo el cuerpo y más en los huesos de las manos (es diestra), no hay
forma de quitarle la péñola del índice y el pulgar de esa mano.
A duras penas, quiere acabar su última novela; sólo le queda la mitad del
último capítulo y el epílogo, pero, aun negándose, no tiene más remedio que
descansar, entre otras cosas porque se le están yendo las ideas a su ya gastada
inspiración.
Las palabras que siguen a continuación, como una especie de confesión
jurada, ha dicho esta ejemplar mujer a media voz, cuyas palabras han sido
grabadas, sin que ella se diese cuenta:
Un día llevo sin coger la pluma, y parece que se me va la vida, que el mundo se acaba. Es cierto, y lo lamento de veras, que en estos últimos días me he sentido insoportable, tanto, que hasta le he reñido ásperamente a mi enfermera por una bobada. Mi médico temía que me iba a dar un nuevo acceso de fiebre, y yo también lo temía. Siento que todo el cuerpo médico y el de las enfermeras de esta clínica que me atienden me ocultan mi gravedad, pero sé que no voy a vivir mucho más. Mis compañeros y compañeras escritores que vienen a visitarme con frecuencia me quieren inculcar que para seguir viviendo es imprescindible que yo lo desee. ¡Pues no, no lo deseo si no puedo seguir escribiendo! Mi vida, otrora plena de satisfacciones por la Santa Escritura, ahora se desvanece cual pompa de jabón. Pero no quiero engañar ni engañarme, me encuentro cansada y triste, y de un tiempo a esta parte duermo con la ilusión de no volver a despertar. A veces pienso que el sueño de la muerte es el mejor regalo para una vida como la mía. Pero, a pesar de mi pensamiento, antes de que la parca venga a buscarme con su terrible guadaña, quiero terminar mi última novela. ¿Es esto mucho pedir?
Y después de decir eso, miró a su pluma
y su pluma le sonrió, y ambas se irguieron y siguieron con su misión-labor:
escribir.

A Chávez López
Sevilla sep 2025