Y los números del calendario van cayendo con una rapidez alarmante.
Por día más me duelen los nervios de ansiedad, de impaciencia.
Permanentemente tengo la sensación de estar perdiéndome algo irrecuperable: horas de felicidad.
Ayer por la tarde estuve a punto aparecer por su casa, sin razón aparente, y obligarla a escucharme lo que tenía que decirle. ¿Y qué era lo que tenía que decirle que ella estuviese dispuesta a escuchar?
Pero un resto de cordura apareció, no sé de dónde en mi estado de desasosiego, y me advirtió que esta clase medida heroica podría ser contraproducente.
Reflexionando conmigo mismo, llego a la conclusión de que lo mejor para mí es intentar olvidarla, salir con otras chicas para distraerme. Pero, no sé, tengo dudas...
Sin embargo mis dudas, pasados quince días, empecé a salir con una compañera de la universidad; que, al parecer, siempre le había gustado mi físico y mi forma de ser, así que empezamos a congeniar, hasta consolidar nuestra relación.
Pero un viernes nos vio la chica de la que me había enamorado antes, cogidos de la mano, y se atrevió a pedirme cuentas de por qué salía con otra mujer ¿?

