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antonio chavez
Miguel de Cervantes s.XVII
Bostezo = aburrimiento
Estoy con dos amigos en una discoteca bebiendo whisky. Hablan acalorados entre ellos sobre el Betis y el Sevilla. Mi vaso se está agotando. Bostezo mientras miro a la camarera que mastica con sus dientes de tiburón un chicle. Sigo la trayectoria del chicle, hasta que cae al suelo, ella lo pisa y se le queda pegado en la suela de su zapato, No hace intento por quitárselo y yo vuelvo a bostezar.
De pronto, siento un estallido en mi engrosada vejiga. Apuro mi vaso y me voy al aseo de caballero, al fondo a la derecha. Vuelvo a la barra y le pido a la camarera con dientes de tiburón otro whisky. Le cuento un chiste, subidito de tono, y ella ríe a carcajadas, y después me da un beso húmedo en los labios con sus labios de tiburón. Miro a mi alrededor, y bostezo.
Veo bailando a una chica gordita, oscilando sus carnes almohadilladas y fofas, pero topa con una bailona delgada, y cae al suelo con su falda de sombrero. Vuelvo a bostezar.
Un niñato engominado muestra sus dientes blancos a una muchacha sexy morena, a dos centímetros de su cara. Bostezo. La morena tamborilea con sus largas uñas de plástico la madera de la barra, mirando con ojos asesinos a aquel engreído.
Un vejete ebrio vomita dentro de una jarra con cerveza de otro ebrio vejete. Los dos se miran y ríen sin parar. Bostezo hasta crujir las mandíbulas.
Entran, divertidas, tres despampanantes chavalas a la discoteca. Me llama la atención una. Miro cada palmo de su cuerpo. Me chifla su boca, y fantaseo con besarla. Pero, de pronto, siento un hormigueo de pies a cabeza. Apaciguo mi hormigueo con un trago. La faldita verde Betis ceñida que lleva puesta la chica que me gusta, dibuja curvas de vértigo. Las tres chicas se quedan en la barra, a nuestro lado. El pelo de “mi chica” es pelirrojo. Se da la vuelta hacía mí, me mira a los ojos y me regala una insinuante sonrisa.
Ya no bostezo.
