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Borrón y cuenta nueva

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII

Borrón y cuenta nueva

Los zurcidos que sostenían su corazón, terminaron por soltarse tras la última traición. Había soportado infidelidades, triquiñuelas, mentiras, carantoñas falsas y te quiero hipócritas, simplemente porque seguía enamorada de él.

Podría odiarlo y repudiarlo, como si la vida le fuese en ello, pero esto no se contemplaba en el cuaderno de su idiosincrasia. Y dado al Amor que aún sentía por él, se ilusionaba imaginándose que, a corto o a medio plazo, podía ser posible que cambiase, que sabía que en el fondo también la quería, pero una súbita reflexión, que se puede decir que divina, le hacía saber que de ninguna de las maneras estaba dispuesta de nuevo a pasar por la misma tormentosa espiral.

Salía del ático que compartía con él y se sumergía en la marabunta, sin saber a dónde ir. No quería ver a nadie, tampoco tener que escuchar de amigas: “¡te lo dije!”, ”¡no te ama!”, “¡mándalo a la mierda!”… Una vorágine de pensamientos estaba a punto de explotar en su vidriosa mente, y no podía evitar que un río de lágrimas corriese por su mejilla, y tampoco podía dejar de sentir un vacío que le cortaba la respiración.

Sin saber cómo, se encontraba dentro de un centro comercial de su ciudad, donde, entre otros comercios, había una librería. La Literatura se había convertido en una colega inseparable en sus largas noches en vela, que era capaz de aislarla de la amargura y de llevarla a algún lugar donde creía en el Amor. Se iba hacia el departamento de libros a que la informasen de lo que necesitaba. En ese departamento había miles de almas. Con una urgencia enfermiza, le urgía saber cuánto antes cómo digerir la ruptura, cómo sembrar un ápice de esperanza entre tanta ceniza. Absorta en los títulos, sentía cierta calma, pero no menguaba su dolor.

De pronto veía cómo una chica clavaba su mirada en ella. Le devolvía la mirada, y la desconocida le enviaba una sonrisa, que por un segundo la reconciliaba con la vida. Pero la tranquilidad tornaba a frustración al ver que de los ojos de la chica brotaba lascivia; hacía gestos obscenos, tocándose los senos y la entrepierna a pocos metros de ella. Huía consternada de allí, pero, dado a que era guapa y con un buen cuerpo, iba siendo seguida por la otra, que, por su aspecto, podría ser una desesperada lesbiana en busca de alguna presa.

Instintivamente visualizaba la imagen de su exmarido y de los pocos pero sabrosos momentos con él en la cama, pensando en que era una mujer que le gustaban los hombres y que ni remotamente le atraía la idea de liarse con otra mujer. En ese momento, sentía una ira incontrolable.

En un arrebato de entereza se enfrentaba a la chica y la miraba con ojos de rechazo, una mirada que servía para que la otra dejase de hacer obscenidades. Pero como la otra parecía una pervertida, no cejaba en su afán de seducirla, se iba hacia ella y le propinaba una bofetada con el puño cerrado en el rostro, que borraba de un plumazo toda lascivia.

—¡Y vete antes que te rompa la cara entera! –gritaba, sin duda poseída por su condición de mujer íntegra.

Sin oponer resistencia, limpiándose la sangre en nariz y boca y con el cuerpo encorvado, aquella desconocida corría avergonzada, saliendo de la librería, y, a partir de eso, comenzaba a sentirse bien. No obstante, no atinaba a poner en pie de dónde había salido su valentía para enfrentarse a alguien con tanta determinación, hasta con violencia. Se justificaba a sí misma diciéndose que había sido provocada de una forma tan cerda como inesperada.

Olvidaba ese estúpido incidente y tomaba una decisión. Ahora sí, ahora parecía tener claro que no le hacía falta ningún libro del departamento de ayuda para su caso.

Convencida y decidida, se iba con pasos firmes hacia una agencia de viajes, que también había en el centro comercial, para elegir un punto de destino y, una vez en él, empezar a escribir una nueva historia de su vida, que en ese momento acababa de empezar.


A Chávez López
Sevilla ag 2025

 :)
 
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