Esto de escribir es, algunas veces remar tu solo en una barca. La barca avanza, pero estás solo en la barca. Y la tierra firme está lejos. NO ves a nadie en leguas marinas. Ojalá haya alguien en la isla que también sepa remar.
Esto de escribir es, algunas veces remar tu solo en una barca. La barca avanza, pero estás solo en la barca. Y la tierra firme está lejos. NO ves a nadie en leguas marinas. Ojalá haya alguien en la isla que también sepa remar.
Yo ya estudié en su día las revoluciones políticas que hubo en occidente: la revolución francesa y la rusa. Al final, hay mucha violencia. La revolución más cercana que hemos tenido en España es la de los independentistas, que acabó con un golpe a la nación española como está entendida en las leyes de España. Hubo violencia. No parece que hubo ningún muerto en ninguno de los bandos que se formaron. A mí me gustan las revoluciones silenciosas, en las que no hay violencia. En la revolución industrial que empezó en Inglaterra hubo muchísimos abusos a una población explotada y analfabeta. Yo llamaría a la revolución silenciosa y pacífica la revolución del alfabeto y de las tablas de multiplicar, la revolución de la educación. No solo es que no habría violencia en esa revolución, sino que habría solidaridad y buenos modales. Para ello es esencial que padres y profesores den buen ejemplo y el primer ejemplo que deben dar es la puntualidad, Cuando suene el timbre de empezar las clases, ya estar allí. Ser honesto con la asignatura que da el profesor. Y los padres, ser honestos con su papel de padre. Al final, esta revolución que a mí me gustaría sería la del teatro: que se cumpliera bien nuestro papel de padres y de profesores Y de hijos y de alumnos.
Yo ya estudié en su día las revoluciones políticas que hubo en occidente: la revolución francesa y la rusa. Al final, hay mucha violencia. La revolución más cercana que hemos tenido en España es la de los independentistas, que acabó con un golpe a la nación española como está entendida en las leyes de España. Hubo violencia. No parece que hubo ningún muerto en ninguno de los bandos que se formaron. A mí me gustan las revoluciones silenciosas, en las que no hay violencia. En la revolución industrial que empezó en Inglaterra hubo muchísimos abusos a una población explotada y analfabeta. Yo llamaría a la revolución silenciosa y pacífica la revolución del alfabeto y de las tablas de multiplicar, la revolución de la educación. No solo es que no habría violencia en esa revolución, sino que habría solidaridad y buenos modales. Para ello es esencial que padres y profesores den buen ejemplo y el primer ejemplo que deben dar es la puntualidad, Cuando suene el timbre de empezar las clases, ya estar allí. Ser honesto con la asignatura que da el profesor. Y los padres, ser honestos con su papel de padre. Al final, esta revolución que a mí me gustaría sería la del teatro: que se cumpliera bien nuestro papel de padres y de profesores Y de hijos y de alumnos.
Comentarios
O que la barca haga aguas
Yo ya estudié en su día las revoluciones políticas que hubo en occidente: la revolución francesa y la rusa. Al final, hay mucha violencia. La revolución más cercana que hemos tenido en España es la de los independentistas, que acabó con un golpe a la nación española como está entendida en las leyes de España. Hubo violencia. No parece que hubo ningún muerto en ninguno de los bandos que se formaron. A mí me gustan las revoluciones silenciosas, en las que no hay violencia. En la revolución industrial que empezó en Inglaterra hubo muchísimos abusos a una población explotada y analfabeta. Yo llamaría a la revolución silenciosa y pacífica la revolución del alfabeto y de las tablas de multiplicar, la revolución de la educación. No solo es que no habría violencia en esa revolución, sino que habría solidaridad y buenos modales. Para ello es esencial que padres y profesores den buen ejemplo y el primer ejemplo que deben dar es la puntualidad, Cuando suene el timbre de empezar las clases, ya estar allí. Ser honesto con la asignatura que da el profesor. Y los padres, ser honestos con su papel de padre. Al final, esta revolución que a mí me gustaría sería la del teatro: que se cumpliera bien nuestro papel de padres y de profesores Y de hijos y de alumnos.
El blanco de la tiza resonó en la pizarra.
La clase había empezado siempre para bien.
Ahí va mi aprobación, suscribo todo lo que dices.
Saludos como siempre.