Una de las cosas que marcan al barrio Olaya Herrera fue la crueldad que hubo, hay y habrá con las personas que habitan ahí.
Asesinatos, envidia y odio habita ahí. Los habitantes se cansan del ciclo de crueldad que habita ahí pero simplemente terminan incorporándose a ese ciclo.
Hubo un tiempo donde en las mugrosas y sucias calles de este barrio habitaban dos niños huérfanos. Pensaba la gentuza que nacieron en la calle. Ellos por el día se la pasaban jodiendo a todo transeúnte que veían por ahí y por las noches pedían monedas hasta que la tierra se tragara a las personas.
La noche, para ellos, significaba un matar o morir. Les tocó crecer en un ambiente donde debes mirar constantemente a tus espaldas para no ser apuñalado.
La vida los trató mal como el barrio donde vivían, así que ellos se desquitaban con los habitantes del barrio haciendo travesuras muy pesadas ganándose con eso el apodo de "los faltones"
Un día, la gente, ya aburrida, idearon entre todos terminar con ellos de una vez por toda.
Llegada la noche, la tierra se tragó a la gente, menos a los habitantes del barrio, los cuáles esperaban la aparición de los precavidos faltones. Ellos vieron que algo no cuadraba, sentía que los veían, se sentían rodeados; el diablo los estaba acechando.
Dentro del plan de los olayeros estaba tener un chivo expiatorio y el elegido fue un habitante de calle el cuál se vendió por miseros cincuenta mil pesos para comprar vicios y pagar deudas pendientes.
El hombre acechó a los niños durante mucho tiempo hasta que ellos entraron a un callejón sin salida. Todos veían, parecía un espectáculo romano, dónde nomás esperaban las primeras gotas de sangre para empezar a gritar con euforia que habían acabado con una de tantas plagas.
Dentro del callejón, los niños se asustaron al ver al indigente con un machete; sabían que se les venía por eso empezaron a gritar y a tocar las puertas de los vecinos para que los ayudaran. Todos se hicieron los oídos sordos. Aceptando su destino empezaron a putear a los vecinos que solo los veían, trabajando tras bambalinas para que ellos murieran. El primer machetazo lo sintió el más pequeño de ellos que, sin poder reaccionar, lo recibió en el cuello dejándole una herida profunda. Rápidamente, el indigente agarró al otro del brazo y se lo cortó de dos machetazos. El resto es historia…
Comentarios
El relato es un poco desagradable, que eso no quita que el texto esté bien redactado.
Bueno sería para ti y para todos los foreros que componemos este foro que te presentes al mismo.
Aquí:
https://www.forodeliteratura.com/f/categories/presentemonos
Saludos