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A esta no sé qué título ponerle

El rectángulo luminoso brilla en mis pupilas, de día y de noche. No me abandona. Está ahí para recordarme que lo duradero no lo es más. Que de nada sirven horas de esfuerzo cuando puedo obtener la dopamina de él. Me susurra al oído interno. Me envuelve y me absorbe. Cuando no está la sien me golpea, como un gnomo atrapado en una caja de madera. Lo busco en las mañanas porque le confié el hábito de despertarme, así como acompañarme en la soledad y darme esa falsa alegría. ¿Para qué arriesgarse a un mundo lleno de peligros cuando todo lo que necesito está en la palma de mi mano? 

A mi lápiz le han salido nervios. Escribe rojo y con dolor. Mi corazón late al ritmo del metrónomo, con cada paso. Oigo el tic tac que se va y me pregunto lo mismo. Duele. Es como si tuviera mi mano en carne viva. La tinta se escurre por todos lados y se borra. ¿Cuándo me empezó a doler hacer lo que solía amar? Me aterra el mañana. No quiero que llegue, pero lo hace. Me asusta tener que ser yo el que se haga cargo. ¿No puedo descansar un día? Volver a tomar de la teta de mamá de pronto no se oye tan mal. Una felicidad que nunca supe que tuve, pero no pude apreciar hasta ahora.

Comentarios

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


    No hace falta título, está intrínseco en el texto.

    Un saludo, Ohm

     :) 

  • Querido Alex:

    A veces el dolor es una maraña donde las palabras se retuercen. Para mí, esa maraña es el preludio del vacío, del acolchamiento del alma. Conozco la paradoja de necesitar que todo salga y a la vez tener que esforzarse por encontrar la palabra que amenaza con desaparecer... Enhorabuena por conseguir hablar, y gracias por no ceder al silencio. 
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