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antonio chavez
Miguel de Cervantes s.XVII
Murió encarnizadamente solo
Mientras mi enfermera se encuentra en mi habitación, administrándome algún medicamento, me quejo, y me quejo sin razón con tal de retener su compañía.
A veces le ofrezco, con un impudor vergonzoso, el bochornoso espectáculo de mis miserias.
Ahora, a la vejez, me he descubierto en un flagrante delito de hipocresía. Desde siempre he querido actuar bajo un impulso invencible de sinceridad.
¡Mentira! Hace ya tiempo que no hago sino fingir. Y a saber si esta comedia mía dura desde que mi enfermera comenzó a distinguirme con su afecto.
Ante ella me muestro como un ser desprovisto de toda virtud; aunque sé que no tengo ninguna, le impresiona mi jactancia.
Deliberadamente abuso de su debilidad. Me avergüenza descubrir esta nueva mezquindad mía.
De mi ocaso no va a quedar nada que me dignifique. Quiero fervientemente que a la hora de mi ida se salve ese pequeño gran jirón: mi sinceridad, el valor de haberme enfrentado a mí mismo.
Quiero salir de la vida como entré: desnudo, que no me abrumen sus resabios. Hasta el cariño de mi enfermera me es un fardo pesado de llevar.
Como la vida ha sido excesivamente cruel conmigo, este podría ser mi epitafio: “murió encarnizadamente solo”.

Comentarios
Gracias, guapa
Pero, ojo, que ese relato no es un capítulo que forme parte de mi biografía, sino todo lo contrario (aquí no cabe la modestia).
Afectuosamente
Entre otras cosas, Sarasvati dijo:
Tengo que decirte que pienso que es en estos textos, más realistas y reflexivos, donde alcanzas las mejores cotas literarias.
Que empiecen ya a temblar los candidatos del próximo Nobel de Literatura