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Pecado en mis sueños

antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII


Pecado en mis sueños

Acababa de comenzar el día, pero yo llevaba más de una hora tumbado sobre la arena de la playa contemplando cómo el Sol era un ardiente globo, y las grandes ondas del calor que irradiaban la Tierra casi se veían.

Al sentir las agradables caricias del Astro Rey quedé convencido de que, el precipitarse sobre la Tierra era como si el huevo de la Creación hubiese sido lanzado, esperando que el cascaron se rompiese y pudiese dar paso al comienzo de la vida.

En aquella playa paradisiaca me hallaba completamente desnudo, recibiendo mi cuerpo los rayos del Sol, y solo rompiendo el placer del silencio unos balanceos del agua al batirse contra la arena.

Al tratar de encontrar la continuación de mi sueño, y delante de esta sensación de placer, mi mente se inició a dar vueltas en el pasaje de la odisea. Circe le dijo a Ulises: “primero te saldrán al paso las sirenas; encantadoras nereidas que fascinan a los hombres que se acercan a sus costas, ¡desdichado el imprudente que se detenga a escuchar sus cantos!”.

Pero más allá de mi sueño de pecado, se extendía la realidad del mar, cuya agua se hacía cada vez más azul, y todo parecía tranquilo, salvo un suave oleaje. Y mis ojos miraban aquel lugar solitario, para después mis sentidos volver a la oscuridad, que me ofrecían los sueños, que eran los de una isla solitaria, donde una indígena joven, de poca estatura, pelo color caoba y más nívea que sus otras compañeras, paseaba por la playa. Vista por delante, parecía estar desnuda, pero su sexo estaba cubierto por un pequeño triángulo de tela, mostrando sin pudor sus duras nalgas y sus redondos y perfectos pechos.

Era tentador arrinconar el miedos a los cantos de las sirenas en aquella desierta isla, y estarán de acuerdo conmigo en que, a través de mi sueño, tentado me sentía de abandonar esta cínica vida y a través de mi morboso sueño lanzarme al espacio cósmico, pasando a una desconocida, pero cálida vida del placer.

Y no era la primera vez que el placer de un sueño llamaba a mi puerta, pero sí era la primera vez que creía lógico sustituir las normas de una sociedad fingida por las normas de la Naturaleza. Lo que ocurre ahora es que las relaciones sexuales, en su conjunto, están estrechamente ligadas a las necesidades biológicas de trasmitir la vida, socialmente mediatizada y por la obligación capital de asegurar la reproducción.

Sin embargo, pienso que la liberación del morbo a través de los sueños corrobora que la Naturaleza está por encima de las represiones a las que nos someten y que esto conlleva que la Madre Naturaleza no entienda de credos y no pueda evitar que los fantasmas sexuales se conviertan en una auténtica revolución contra la sociedad represiva en la que vivimos.

El interrogante de lo prohibido iba robándome los sueños, pero poco después tuve la respuesta merecida al pensar de nuevo en mis deliciosos fantasmas sexuales, porque en ellos volvía a ver aquella playa y aquellas muchachas, que permanecían tan esbeltas como antes.

Al ver sus vaivenes, que tan pronto se inclinaban como se incorporaban, reconozco que maliciosamente, y deliberadamente también, solo esperaba que se les partiesen las cintas que sujetaban los triángulos de tela.

Imagino que estarán ansiosos por saber qué me aguardaba a través de mis sueños. Pero tengo que decirles que cuando no se tienen canas, es una cosa, pero cuando aparecen la primera nevada en la cabeza, es diferente, y tengo que aclarar que ya no soy joven. Ahora, deben tener en cuenta que, hasta cierta edad, la Madre Naturaleza sigue siendo bondadosa.

Bueno, seguiré contándoles al detalle mis sueños.

Eran tres veces las que pasaban las muchachas junto a mí, hasta que la que me cautivó a primera vista no tardó en sentarse a mi lado.

-Le invito a un lugar más fresco -me dijo.

El camino se dirigía hacia el monte. Ella saltaba ágilmente y yo la seguía hasta llegar a una elevación. Vi una verde y jugosa hondonada, que de una gruesa alfombra de yerba estaba rodeada por tallos de platanales, y sus anchas hojas formaban un umbroso dosel. La muchacha se sentó en la yerba cruzadas las piernas, quedándose en solo con la minitela, tentadoramente descubierto su sexo, que hacía preguntarme si era consciente de sus dotes de seducción.

Exánime por un deseo contenido, me cubrí los ojos al sentir la erección que aquello me producía.

-sigue y termina en página siguiente-


Comentarios

  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII



    -¿Puedo preguntarte cuándo tuviste amor por primera vez con macho?
    -¿Amor corporal?
    -Bueno..., si así lo quieres llamar...
    -Diré que por el simple placer de la aventura.
    -Eres fantástica. Nunca había escuchado nada semejante.

    Me gustaban sus respuestas y seguía la conversación hasta que surgían las palabras que facilitaban su sentimiento que, sin el menor signo de turbación, me permitiría ir con ella donde otro no iría. Así que acepté complacido acompañarla.

    -¿Adónde me llevas? Supongo que no será lejos.
    -¿Aún tienes miedo de mí?
    -No, pero temo que mis sueños puedan desvanecerse.
    -Vamos de nuevo a la playa.

    El agua de la cerrada laguna, que habíamos dejado atrás, era tranquila y llana, pero fuimos hacia un islote solitario, donde el mar se extendía, sin horizonte ni fin.

    -¡Esto es realmente impresionante!

    Se dejó caer sobre la arena y extendió su cuerpo bronceado, para quedarse tendido con la cabeza apoyada en sus manos cruzadas. Y yo me senté a su lado. Una suave brisa se introducía entre mi bañador, ventilando mis partes aumentadas.

    -¿Has traído aquí a alguna de tus conquistas?
    -Sí, algunas, pero siempre en sueño. Vamos a bañarnos y así veré que tú no eres un sueño.
    -¿A bañarnos?
    -¡Sí, el agua está estupenda! Te sentirás mejor y te ayudará a bajar la calentura de tus tentaciones.
    -¿Te gustaría que me bañase desnuda? -me dijo, sonriéndose pícaramente.
    -Bueno... Estamos solos y, si quieres, prometo no mirarte.

    Bajé alegre corriendo hasta la orilla del mar, pensando en que ella iba a zambullirse de cabeza en el agua, pero se detuvo, se llevó las manos a su sexo y vi cómo se quitaba el triángulo de tela.

    “Qué hermosa criatura”, pensé al verla tirar la prenda por encima de sus hombros y permanecer erguida frente al mar, como una espectacular estatua. Y acto seguido, entró al agua.

    Poco después se hundía permaneciendo algún tiempo así. Preocupado por su tardanza, me sumergí en las verdes honduras. Y pude verla entre las brillantes formaciones del fondo del mar, donde todo era como un extraño planeta con movimientos retardados. Se alejaba nadando hacia la playa y, sin ponerse de nuevo el triángulo, se extendía sobre la arena.

    -¿Estás cansada? -le pregunté.
    -No, voy a disfrutar del gozo que me ha proporcionado el mar.

    Mentía al no confesar que su gozo era causado al no poder olvidar que alguien del sexo masculino la esperaba.

    Al verla tendida en la arena, tengo que reconocer que el agua no había aliviado mi calentura, y al abrir ella los ojos me veía arrodillado a su lado, omitiendo que me encontraba completamente desnudo.

    Sí, desnudo y dispuesto para el amor. Había llegado el momento deseado. Lo peor era la tribulación continuada que había precedido a esta esperada oportunidad.

    Mientras observaba su imagen, me preguntaba por qué no la besaba en la boca, y así calmaría con besos el dolor que me estaban originando sus empinados mamelones. No tardé en entrar en acción, y ella comprendía que no podía soportar su situación un segundo más, pues todos los órganos de su esbelta anatomía estaban a punto de estallar, y que, si no cesaba en mis besos, chillaría o haría una locura.

    Hay quienes piensan que, en una relación sexual, la ausencia de ternura disminuye el placer. Pero esto solo sucede a partir de una determinada edad, que es cuando la excitación de la pubertad ha pasado y se ha establecido un cierto equilibrio de las emociones sexuales.

    Resulta penoso oír hablar de la repugnancia nacida de un mundo que prohíbe esta necesidad de amar, o aviva el insaciable deseo de contactos extraconyugales; pero yo diría: ¡qué feliz azar es el amor!

    A veces pienso que no hay otra realidad inmediata, otra humanidad tan tangible como la caricia de una carne femenina, la suavidad de su piel o la tibieza de un beso. Creo que nada más, pero ese "nada" se abre sobre una totalidad que ni una vida eterna en el cielo podría compensar.

    Si, reconozco que es superior a mi fuerza, y el deseo es cada vez más exigente. Sé que se trata de un sueño. Pero el dialogo no es sino una sola idea que todos tenemos en común y a cuya realización solo llegaremos a través del sueño.

    Sé que no me amas, porque sé que no amas a nadie que no sea a tu propio deseo. Pero yo soy como tú, así que ámame.





    Antonio Chávez López
    Sevilla mayo 1996


  • hola, me ha gustado mucho los ultimos parrafos, una buena reflexion sobre el sexo y el amor y como conjungar todo en uno. 
  • antonio chavezantonio chavez Miguel de Cervantes s.XVII
    DIODAMA dijo:
    hola, me ha gustado mucho los ultimos parrafos, una buena reflexion sobre el sexo y el amor y como conjungar todo en uno. 

    Gracias por leerme y por colaborar, DIODAMA

    Un saludo

     :) 


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