Era tarde, me había complacido en sentarme en mi casa de verano a las orillas de la alcoba, solo y con muchas almas imaginarias.
Me preguntaba tantas cosas, y tantas cosas se me escapaban pero finalmente el sueño me ganó y me fui a dormir.
El nuevo día mostró sus árboles con una extrañeza incógnita que más que conmoverme me hacían sentir decaído, tal vez porque su belleza no se me entregaba plenamente a mí,
Esos árboles allí plantados, allí enaltecidos sin ofrecerme nada, seguramente eso me molesto, esos pensamiento trastocados que los humanos tenemos en momentos de inconvenientes existenciales.
Más tarde que temprano, baje del automóvil donde veía esos árboles, mis expectativas de salir de mi ciudad fueron frustrada por un disgusto sentimental, prueba inequívoca de que el exterior está firmemente establecido sobre bases relativas.
Ya agotado, y volviendo sin muchos ánimos, estuve impaciente en retomar mis actividades cotidianas pero, una terrible sorpresa me esperaba al llegar: cuatro mil soldados disputaban la guerra justa/ injusta, patriótica/ universal, burocrática /liberal, el bando que ganase en esa lucha de opuestos sería el establecido, y así siguen... Aún, al día de hoy, la lucha eterna, la lucha humana, la lucha por el florecimiento espiritual.
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ZimProzac
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