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En algún tiempo olvidado
de castillos y dragones
en aquel lar desconocido
de reyes y de señores
Aquel reino amaba a su príncipe
aquel pueblo adoraba a su amada
aquella gente y su alma en dicha
aquel país dicha boda celebraba
Más el fuego de aquella bestia
el sueño del príncipe devoró
caos, llamas, personas muertas
y la princesa, en viles garras cayó
Aquel príncipe de espíritu marchito
marchitado por el rapto de su amada
así fue pues, el partir del principito
así fue pues, con escudo y espada
Recorriendo tierras de vastas llanuras
navegando mares de océanos eternos
luchando con todo tipo de vil criatura
por ella cruzaría el mismísimo infierno
Más cuando el hambre su carne devoró
más cuando la falta de aliento mataba
más cuando la sed su mente trastornó
allí vio al dragón, renacer de esperanza
Y en aquel pico de pendiente infinita
montaña de penumbra hechizada
en aquella cueva la bestia se escondía
en esa caverna su amor se hallaba
Con premura tocó la elevada cima
con valentía enfrentó a la alimaña
con bravura llamaradas malditas
con maestría esgrimía su espada
Más la dulce voz de su amada
terminó con tal duelo encarnizado
y con los versos de su princesa
la espada envainó y las llamas cesaron
—Oh amado mío, perdona mi desdicha
pues desdichada soy, ante tu presencia
—¿Qué me dices?, luz de mi vida
¿Qué me cuentas?, flor de mi jardín
¿Qué clase de mal tu mente cautiva?
¿Qué hice yo para merecer este fin?
Bajo la sonrisa picarona del dragón
bajo las tristes lágrimas del hombre
la bella princesa estos versos recitó
—Vete de aquí, yo te suplico
hasta siempre, mi real merced
hasta nunca, príncipe mío
pues este dragón es mi gran Rey.
Así fue como triste y desolado
este príncipe abandonó aquel lar
así, con la dicha de la vil bestia
la ruina de su lamento, de su final.
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