que se encontraba haciendo la “mili”
Querido hijo.
Te escribo estas letras para que sepas que estoy viva. Estoy escribiéndote despacio porque sé que tú no eres rápido leyendo. Si recibes esta carta es que te llegó; si no, me lo dices y te la mando otra vez.
El tiempo por aquí está mal; el mes pasado llovió dos veces; la primera estuvo lloviendo quince días, y la segunda otros quince días.
Ya te mandé la chaqueta, pero tu tío Paco dijo que si la mandábamos con botones pesaría mucho y el envío sería más caro, así que se los quitamos y los metimos en el bolsillo de dentro.
Por fin pudimos enterrar al abuelo; lo hallamos cuando lo de la mudanza; estaba metido en el armario desde aquella noche que nos ganó jugando al escondite.
Te cuento que el otro día explotó la cocina de gas y tu padre y yo salimos disparados por el aire y fuimos a caer fuera de la casa. ¡Qué emoción! Era la primera vez que tu padre y yo salíamos juntos. Vino el médico y me puso un tubo de cristal en la boca y me dijo que no podía hablar durante una semana. Tu padre quería comprarle el tubo.
Perdona la mala letra y las faltas de ortografía, es que me canso de escribir y ahora le estoy dictando a tu padre y ya sabes lo burro que es.
Y hablando de tu padre, ¡qué orgulloso está! Te cuento que ahora tiene un buen trabajo, tiene 500 personas por debajo de él; es el encargado de segar el cementerio. Ayer leyó en el periódico que, según una encuesta, la mayoría de los accidentes pasan a un kilómetro de nuestra casa, así que nos mudamos más lejos. No vas a reconocer la casa; el sitio es guapo y hasta tengo una lavadora, aunque no estoy segura de que funcione. Ayer metí la ropa, tiré de la cadena y desde ese momento no la volví a ver.
Tu hermana Ozelita, la que se casó con su marido, va a parir. Como aún no sé de qué sexo es el bebé, no puedo decirte si eres tío o tía. Si es niña van a llamarla como yo. Pero a ella, a tu hermana, la dirá mamá. Tu otra hermana, Bellita, está preñada de un mes. Tu padre le preguntó si estaba segura de que lo que viene era de ella.
Tu hermano Manué sigue tan despistado como siempre; el otro día cerró el coche, dejó las llaves dentro y tuvo que ir andando 3 km para allá y 3 km para acá, a casa, a por el duplicado, para poder sacarnos a tu padre y a mí de dentro del coche.
Tu primo, Ozelito, se casó el sábado y se pasa todas las noches rezándole a su mujer porque le han dicho en el pueblo que era virgen.
A quien nunca más hemos visto por el pueblo ha sido a tu tito Pascualete, el mismo que murió el año pasado de un susto.
Ahora el que nos tiene preocupados es tu perro, “Ozé”; está empeñado en correr detrás de los coches que están parados.
¿Recuerdas a tu amigo Jofito? Ya no está en este mundo. Su padre murió hace dos meses y como había pedido ser enterrado junto al río, el pobre Jofito murió cavando la fosa.
Bueno, hijo, no te pongo dirección de la carta porque no la sé. La gente que vivió aquí antes se llevó los números para no tener que cambiar de domicilio. Si ves a tu general, salúdale de mi parte; si no lo ves, no le digas nada. Ah, espera, que se me olvidaba. Iba a mandarte 100 euros, pero ya cerré el sobre.
Un abrazo. Tu madre que lo es, Bella

