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Obertura 357

editado marzo 2021 en Romántica

...

 

Ella abrió la puerta violentamente y penetró la habitación con un celular en mano; él absorto le clavó una mirada inundada de pánico:

- ¿Qué pasó? - le preguntó a unos ojos húmedos.

- Necesito que me digan algo lindo... ¡Por favor!

 Él dejó los papeles, la lapicera y se repuso lentamente de su asiento acercándose a unos prudentes cinco pasos de distancia.

- Sos - le dijo serenamente - la conformación de mil guerras, la sobreviviente de todas esas batallas que buscaron denodadamente tu resignación. Sos una belleza incorruptible, una armónica vibración infinita. Sos la poseedora de un corazón “Torotumbo” y unas manos que jamás alcanzan ese cielo, y a pesar de Undebel en tus ojos descansan las constelaciones... porque a nada en vos le importan las letanías. Estás tan llena de amor, del bueno y del malo que sos como una locomotora desbocada. Sos el álamo perenne que en medio de la soledad absoluta ejerce su belleza y su fuerza. Sos un agraciado error, solo es que tus alas se rompieron  y tomaste forma humana. Sos la inspiración de algunos corazones que no te alcanzan. En definitiva, "sos", y simplemente hacer referencia a "vos" es hablar de algo infinitamente bello.

 

5… Fue acortando los pasos de distancia 

   4... mientras en el rostro de ella

       3…  se dibujaba una tímida sonrisa

           2…  y

                1:  la abrazó…


 Entre las descargas que ella le produjo, al oído le musitó:

-¿Queda alguna esperanza para mi?..

 Ella lo apartó brevemente y con la sonrisa borrosa le contestó:

-No, siempre será así y es como quiero estar… Sos palabras...

  El silencio reinó unos densos segundos y de fondo comenzó a dominar el sonido de la faena.

- Y es suficiente para mi - le dijo él con falsa indiferencia, luego, le dio la espalda y volvió a su asiento.

 Ella se mordió los labios dispuso el celular en su oído para continuar una conversación y se fue cerrando violentamente la puerta.

 Él comenzó a escuchar como los gritos sordos de ella que se confundían o "cofundían" con los del trajín:

- ¡Eres un idiota!, te dije una y mil veces que yo tengo razón... y si no te gusta te vas a la mierda...

 Él sonrió levemente, curvo las cejas y realizó una inspiración de aire viciado y exhaló un bocadito de pureza.


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