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El hombre invisible (Primera parte)

Solrac ZerimarSolrac Zerimar Pedro Abad s.XII
editado septiembre 2015 en Otros
Durante toda la madrugada de aquel día lunes se la paso girando en su cama, como un descontrolado torbellino de temores y preguntas. Con la penumbra a su alrededor se levantó y encendió el televisor, con la vaga idea de que el ruido del aparato silenciara por un instante todas sus dudas, y así poder despejar su cabeza del terrible asedio que era victima en la silente noche. Pero sabia que seria inútil, desde el interior de su ser quería oír esos cuestionamientos para poder responderlos, y a la vez enfrentar sus temores para liberarse de la presión que sentía en su pecho, y de esa manera espantar definitivamente a todos esos incorpóreos demonios mentales que lo acosaban.

Atrapado en esos pensamientos fue que la mañana lo descubrió sentado en su cama, con la mirada perdida en algún lugar de su mente. Quizá recordando hermosos momentos, uno de los tantos que había tenido y una inocente sonrisa se dibujo en su rostro. Pero como un certero disparo las dudas se adueñaron del instante, y todo ese bello recuerdo se esfumo, transformando aquella espontánea sonrisa en un amargo gesto.

Después de su invisible lucha interna Esteban decidió salir de su cuarto para tomar su rutinario baño matinal, con la esperanza que su cabeza descansara de los pensamientos que lo confundieron durante toda la noche pasada y el comienzo de esta joven mañana.


Mientras las gotas de la ducha golpeaban su cuerpo, pensaba que su vida había estado rodeada de esporádicos momentos alegres, y que ahora analizándolos, notó que solamente se había escudado en sonrisas amargas, en perfectas caretas que le servían para aparentar una pasajera alegría. Tenia la certeza que se engañaba a si mismo él no estaba en el lugar que deseaba, hace años que ya no vivía sus sueños; además sabia que sería imposible poder vivirlos si ya ni siquiera los tenía. Y lo terrible de todo esto era saber que él, con una monstruosa pasividad se había dejado avasallar por ocultas fuerzas, que hicieron olvidar sus verdaderos sueños y lo plantaron en una realidad que su alma aborrecía.

A pesar de lo mal que se sentía esta mañana agradecía que las cosas que pensaba salieran a la superficie así sin quererlo, de manera espontánea. Ya que en un día tan especial como hoy esas conocidas voces internas eran más poderosas, y las podía oír con mayor atención, permitiéndole analizarlas con frialdad.
Una vez fuera de la ducha y con las gotas de agua todavía escurriendo por su cuerpo se detuvo en frente del espejo, mirando como su rostro se borraba empañado por el vapor. Se acerco y con su dedo dibujo una carita feliz, pero lentamente el vapor la invadió, trasformando esa inocente sonrisa en una confusa imagen.
Hipnotizado por aquella borrosa dibujo sintió que al igual que el vapor cubría aquella cara sonriente, su vida se nublaba cada vez más, impidiéndole ver el camino de su verdadera búsqueda. Al abrir la puerta todo el vapor escapo de ahí, delante de él, y antes que cerrara notó como lentamente el espejo se desempañaba, dejando al descubierto aquella sonrisa que había dibujado minutos atrás. De manera inconsciente le devolvió la sonrisa al espejo, mientras se decía a si mismo que así debería ser su vida, tendría que tener la capacidad de dejar escapar todas las cosas que lo nublaban y no dejarse entrampar en detalles que tal vez nadie nota, solamente él, con su particular manera de ver y sentir todo lo que lo rodeaba.
De la nada se largo a reír recordando el término que sus amigos habían elegido para este tipo de observaciones, la famosa “filosofía barata”, esas reflexiones absurdas que algunas veces sacaban risas de sus amigos y en muchas otras sólo lograba miradas de extrañeza.
Con la sonrisa aún en su rostro miró la hora antes de salir de su casa, y tal como muchas veces, por no decir todas, iba atrasado a su trabajo.



Caminado por la calle ya se imaginaba entrando a su trabajo, ese gris lugar, con sus pasillos silenciosos de libertad, con el olor del sol impregnado en los muros; con las filas eternas, con ese perenne murmullo de voces de la nada que envuelven cada recoveco, esos susurros que hablan del tedio que es esto, esta selva de ideas abortadas, de ideales corrompidos.
Por su mente aparecían las miradas de sus compañeros, esas miradas que llevaba años tratando de comprender, pero que hasta el día de hoy aún no lo lograba. Veía a muchos de ellos felices por sus logros laborales, pero mirando en la profundidad de sus ojos sabía que esas sonrisas no eran más que uno de los tantos disfraces que vestían día a día. Esteban conocía a muchos que se vendían por unos cuantos pesos, que solamente servían para mentirte a ti mismo y “bautizar” al tedio como rutina.
Pero ellos sin saberlo no solamente vendían su alma, también lo hacían con las de su entorno, ya que en sus hogares las conversaciones cada vez serán más escasas y por culpa de este “trato”, la mayor parte del tiempo de sus vidas lo pasaban en su trabajo, mientras que en sus casas aquella fiel y divertida compañera de la juventud, ahora con el pasar del tiempo no era más que una antigua desconocida, llena de silencios y miradas ausentes. Sus hijos ya no eran esos niños parlanchines y juguetones de antes, ahora son adultos con problemas propios, pero que ya no irán en busca de su padre, ya que ese miembro de la familia los dejó hace años para convertirse en un ausente “abastecedor”, que esporádicamente aparecía ante ellos. Pero ya era demasiado tarde, porque de la misma manera que esos codiciados papeles se acaban, lo harán las palabras, convirtiendo una prometedora familia, en un montón de dispersos y silentes seres.

Esteban sabía que el problema no era el dinero, pues en este actual mundo no se puede vivir sin un salario, lo cuestionable era que no podía comprender como muchos no solamente trabajaban para vivir, si no que vivían para trabajar tratando de acumular más y más. Olvidando que el tiempo pasa sin esperar a nadie y tarde o temprano todo ese mundo caerá, y será en ese momento que como un hábil estratega aparecerá su alma, para decirles que su camino fue el equivocado, que la esencia de la vida no se encontraba dentro de esa lujosa pompa, sepultando su espíritu bajo la fría lapida del materialismo, avalando a ese maldito parasito, dejando que ese insaciable ser se adueñara de cada minuto de sus vidas. Y finalmente en el ocaso de su existencia, ese frio y calculador demonio los dejará en medio de la nada, para que la vejes los devore lentamente, y ellos sentados en su sillón favorito, verán como esa radiante y hermosa burbuja que los cobijo durante toda su vida estalle, para dar paso al último acto, en donde viejos recuerdos los dejarán pensando en lo que se convirtieron; haciendo de la noche algo eterno, en donde cada mañana será similar a la anterior, todo se convertirá en un eterno deja-vu. Con desconsuelo descubrirán como cada canto de las aves les será conocido, como el sonido de la lluvia ya no tendrá misterio alguno. Cuando finalmente el viento se silencie notarán que su voz interior se apagó, sólo serán un cuerpo sin alma. Queriendo engañarse intentarán conformarse con ese estado, pero en ese mismo y envidiado sillón más adelante se despedirán, y con su último suspiro querrán volver atrás, para evitar la desdicha de sentirse vacíos, pero ya será demasiado tarde...Tristemente fueron una víctima más de esa absurda y frenética forma de vida.


Y así perdido en esas ideas fue que esteban vio la plaza que brillaba con los primeros rayos de sol, cruzó la calle, mientras su reloj mental tiraba de él como un pequeño niño tira de su padre, él sabía que hoy no estaba en sus planes llegar a su trabajo, pero aún no se convencía del todo, inconscientemente quería perder el tiempo aún más, por lo que encendió un cigarrillo y se sentó en un banco.

De manera espontánea su mente viajo al pasado, cuando él era solo un niño y correteaba entre estos mismos árboles. Cuando con sus amigos andaban el día entero de un lado para el otro, entre juegos de videos, pichangas fortuitas o simplemente andando en bicicleta por entre los angostos pasajes del barrio, esquivando a los perros que salían a su encuentro, y en muchas otras evitando las miradas furibundas de sus vecinos que los increpaban por tocar los timbres de sus casas.
En más de una ocasión y a las afueras de su hogar veía a esos mismos vecinos conversando con su padre. Para cuando la tarde ya terminaba él esperaba las represalias de dichas conversaciones. La mayoría de las veces se encontraba con la mirada de su padre, que intentando ser dura era traicionada por el brillo de sus ojos dejando en evidencia que el enojo era solo pasajero, y con un “Te vinieron a felicitar”, finalmente el hielo caía.
Junto al recuerdo de su padre también llegaron las conversaciones que tenía con él, esas charlas que tanto le gustaban a Esteban, esas que hablaban del mundo que lo rodeaba. Su padre le decía “quien no es capaz de mirarse a sí mismo y a su entorno, con el tiempo no podrá reconocer ni su sombra, debemos conocernos al máximo, si te conoces a ti mismo sabrás la manera de enfrentarte a todo”. Ya que según su padre existían algunas personas que observaban su realidad para tratar de entenderla, y otros simplemente no tenían tiempo de mirar, y el esperaba que Esteban fuera parte de los que observan lo que pasa a su alrededor, ya que eso de una forma u otra le da sustento a la vida. Que hay que tratar de vivir en armonía independiente del punto de vista que se tenga, ponernos en los pies del otro y dialogar, aunque en lo profundo de tu ser solo quieras gritar. Muchas veces la mayor parte de la vida se nos va en disgustos y peleas sin sentido, si tenemos la capacidad de escuchar a los demás y escucharnos a nosotros mismos, la vida tendría otro color, y que nunca olvidara que no existía nada que una buena conversación no arregle...(Continua)
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