¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

La ansiedad de conocernos

GuilleGuille Pedro Abad s.XII
editado noviembre 2014 en Ensayo
Hay una vieja y conocida ansiedad que aparece y nos saluda cada vez que nos quedamos a solas con nosotros mismos. Como si nos debiéramos dinero y quisiéramos cruzar de acera pero no podemos. Es esa sensación de tener mil cosas que hacer de repente, como doblar los calcetines, u ordenar los libros de la estantería por autor, cualquier cosa antes que sondear nuestros posos, antes que darle a la luz y entrar en esas habitaciones que nos esforzamos por mantener a oscuras.

Continuamente nos decimos: yo soy así, yo soy asá, me conozco, sé lo que quiero, sé lo que no quiero, esto me hace sentir bien, esto mal, esto es bueno, esto es malo.

Mentiras.

No sabemos nada de nosotros porque nunca hemos tenido la intención de conocer quiénes somos en realidad, preferimos hacernos creer que somos aquello que nos gustaría ser, o lo que a otros les gustaría que fuésemos, o lo que es apropiado que seamos, nunca lo que somos. Y nos vendemos al mejor postor moral, y detestamos esa prospección del yo que nos desvele detalles que desconocíamos de nosotros, la detestamos, porque hay que tener valor para aceptar lo que encontremos, y no, no lo tenemos, somos seres asustados desde que nacemos hasta que morimos, aferrados a principios y a creencias heredadas de otros que nos hacen pisar ese suelo de paja y ramas de seguridad ideológica y emocional, lo suficientemente estable para evitarnos caer en el abismo que hay debajo, lo bastante débil para hacernos tambalear.

Pero el abismo existe, y nos está llamando.

La valentía está en ser capaces de sentarnos en una de esas habitaciones a solas con esa parte que nos asusta de nosotros, esa que nos cuesta reconocer que está ahí, pero está, y nos mira desde una esquina, consciente de que no puede escapar pero sonriente porque sabe que la tememos.

Honestidad.

«Estoy contigo porque tengo miedo de estar solo». «Nunca dejaré este trabajo porque me aterra la idea de emprender mis sueños». «No te diré lo que pienso porque no puedo aceptar lo que tú piensas de mí». «No me importa lo que sientes, solo me importa lo que tú me haces sentir».

Hay que desterrar las falacias vitales que nos impiden llegar a las personas que realmente pueden amarnos sin condición, esas son las que importan, y no porque proyectemos una versión que ellas puedan aceptar, sino porque ante ellos nos mostramos desnudos y deformes y hermosos y raros y… aún así no apartan la mirada de la misma manera que tampoco lo hacemos nosotros. Esta es la única manera posible de romper con esa insoportable gravedad del no ser.

Siendo.
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com