Esas Navidades, Marisa había recibido el mejor regalo del mundo. Aunque, bien es cierto, siempre nos parece el mejor regalo aquel con el que hemos soñado durante mucho tiempo.
Marisa pasaba todos los días, camino del colegio, por la juguetería de don Matías. Se pegaba contra el cristal mucho rato, hasta que su madre tiraba de ella . Sonaba un "pop", cuando su boca dejaba de hacer ventosa contra el escaparate.
Cuando su madre pedía que alguien bajase a hacer un recado, Marisa corría la primera pues sabía que podría pasar de nuevo y ver..., y mirar a la muñeca más bonita del mundo.
Navidad llegó y Papá Noel le bajó por la chimenea... ( ¡Hala!,¿cómo lo hizo si en casa se calentaban con una estufa eléctrica?). Como es mágico, lo mismo traía una chimenea portátil en su carroza. Como decía, Papá Noel le trajo la muñeca con la que llevaba soñando desde el último verano.
Era la cosa más bonita que se había fabricado en el mundo. Su carita de porcelana era suave y sonrosada. Su vestido, de un blanco nuclear, tapaba unos pololos llenos de lazos y de encajes. El pelo rubio estaba peinado en dos tirabuzones colocados a ambos lados de las orejas. Y lucía unos diminutos zapatos de charol.
Mamá advirtió a Marisa:
- No la toques ni juegues con ella, que es muy delicada.
Con tristeza, la niña dejó a su muñeca en una mecedora, y se metió en la cama con Teddy, un oso de felpa roñoso y desastrado , que acompañaba sus sueños desde que era un bebé.
En cuanto Marisa cerró los ojos y en la habitación se escuchaba solamente el susurro de su respiración, la muñeca abrió los suyos.
- ¡Qué desgraciada soy!- se lamentó. Cuando vi que me traían a la casa de la niña que me miraba con aquellos ojos tan grandes, pensé que llegaba al paraíso. Soñé todos los días con esos juegos de las dos y con dormir calentita en su cama todas las noches. Nadie se imagina el frío que se pasa en un escaparate, y lo sola que llega a verse una dentro de una caja de cartón.
Y ahora, ¡ me dejan todo el día aquí aburrida, en esta solitaria mecedora!
La muñeca deseaba llorar, pero sus ojos de cristal no producían lágrimas. Así que, ni siquiera, tuvo ese consuelo.
Día tras día, la muñeca veía cómo Marisa iba y venía con sus juguetes, sin poder cogerla entre sus brazos. Se acercaba a ella a menudo, eso sí. Pero sólo podía arreglar su vestido y acariciar suavemente sus cabellos.
- ¡Ay, si mamá me dejase jugar contigo...!- se quejaba Marisa.
- ¡Ay, si por lo menos me pudieses nombre...!- dijo la muñeca para sus adentros.
Marisa cerraba la puerta tras de sí, dejando a la muñeca sumida en la penumbra y en sus pensamientos. Es que la madre obligaba a cerrar todas las puertas porque Pepo, el beagle de la familia, era cleptómano perdido.
Un día, Marisa dejó la puerta entreabierta por descuido. Pepo asomó el hocico poco después:
- Ven, perrito- pidió la muñeca.
Sin pensárselo dos veces, Pepo la agarró de una pierna con la boca y la arrastró por toda la casa. Es más, se la llevó al jardín y se puso a cavar un hoyo para enterrar su tesoro. Marisa sorprendió al perro con las manos en la masa:
-¡Perro malo!- le increpó ella.
-¡Buen perrito- susurró la muñeca-, te debo una!
Lavaron la cara de la muñeca con el mejunje que usaba la madre para desmaquillarse. Peinados sus cabellos, como no pudieron recomponer los hermosos tirabuzones, tenía el aspecto de estar recién levantada.
-¡Qué graciosa está así!- pensó Marisa.
Lavaron los vestidos , que perdieron su apresto. Y, mientras se secaban, la vistieron con unos vaqueros y una camiseta prestados de otra muñeca.
-¡Qué lástima!- protestó la madre. No parece la misma.
-Pues a mí me gusta más así- dijo Marisa por "lo bajini" para evitar el enfado de mamá.
- Mira, como está tan fea, ya puedes jugar y dormir con ella si lo deseas.
Esa noche, Marisa se llevó a la muñeca a su cama, junto con Teddy. Al abrigo de las mantas, susurró a su oído:
- Buenas noches, Katy.
Como estaba muy oscuro, Marisa no pudo verlo, pero una radiante sonrisa adornaba la cara de su muñeca.
- Soy, Katy - pensó ella-.
Y se durmió feliz, por fin.
Comentarios
Si hay que decir alguna cosa negativa, pues hay alguna coma que no me suena bien (algo totalmente personal), un guión que falta y poco más, nada importante.
Un saludo!
Gracias por leer mi cuento.
Tienes razón, ese matiz inquietante en un cuento - por lo demás - tierno es común en la Literatura infantil tradicional: "Barba azul", con su habitación llena de cadáveres; las brujas malas; los padres que abandonan a su suerte a Hansel y a Grethel; el Ogro que se come a sus propias hijas en "Pulgarcito"; los ladrones ahogados en aceite de "Alí- Babá"; el rey que pretende desposar a su propia hija en "Piel de Asno", y un largo etc.
En cuanto a los errores, las erratas quizás, no dudo que los/ las haya. Se debe a mi caótico sistema de trabajo. He de enmendarme y no escribir de un tirón, sin corregir apenas. Es curioso que sea metódica en mi trabajo y caótica en mis aficiones.
Gracias por emplear tiempo en mis escritos.
Buenas noches.
Quizás por eso nunca me han gustado las muñecas de porcelana, no parecen hechas para jugar sino para lucir.
Un cuento triste. Una vez la muñeca deja de ser hermosa queda libre del yugo.
Gracias, Bonita.
A veces, por desgracia, hay que pagarlo caro para romper nuestros yugos. Ojalá no fuera así, nunca y para nadie.
Mis hijos han aprendido a jugar y a no tener los muñecos como objetos de exposición. No soy una madre de esas maniáticas que lo quieren todo perfecto.
Quise transmitirles, como en el caso de la muñeca, que lo más importante es sentirse querido.
Haces que sintamos simpatía por el oso de felpa roñoso... acariciar la porcelana no es tan gratificante, la porcelana se mira, se usa con cuidado, no se abraza.
El suicidio de la muñeca lo mejor.:rolleyes2:
Te confieso que me cae mejor el oso roñoso, sobre todo, porque Teddy es " mi nieto" y tengo que darle un beso todas las noches. La porcelana es fría y no llama al afecto, pero no se me ocurrió una manera mejor de hacer que mi hija aceptase un regalo de su abuela: una muñeca de porcelana vestida a la moda de los años 20. A mí me daba un poco de grima ( sospecho que me espiaba con esos ojos fríos y sin párpados), pero no quería herir los sentimientos de mi suegra.
¿Cómo terminó la muñeca de mi hija? A falta de perro, un parque y un cubo de agua la dejaron para el arrastre. Se fue quebrado poco a poco un día un brazo, otro una pierna, la cara,... La curaba con pegamento, hasta que una caída desde la litera superior la mató.
Te aseguro que no ha vuelto a entrar una muñeca de porcelana en mi casa.
Pues claro que eres creadora ( al margen de que cuentos muy bien los cuentos).
¿No eres tu la que concibes las historias?¿la que las imagina? ¿las que las hace nacer, las concibe y las pare? Pues entonces eres creadora Francesca.:rolleyes:
¡Ja, ja, ja!
Tú y yo siempre acabamos igual:
FRANCESCA: -No soy escritora.
SUINA: - Sí que lo eres.
FRANCESCA: - No soy creadora, sino contadora...
SUINA: - Pues claro que eres creadora...
¡Somos tremendas!
Abrazos.