Se abrió paso el quejido de la palabra ausente
para sembrar de luto mi alma asustada,
que con parsimonia miraba el velorio de ángeles;
caídos en el olvido de la palabra silenciada.
Las palabras se escondían en mi oscuro desaliento,
se dispersaban en el tumulto de mis recuerdos,
abatidas por el estruendoso batir de alas,
y heridas por la risa indolente de los pájaros groseros.
Los pájaros negros, como tu triste mirada,
revoloteaban en muestra de agradecimiento
sobre el velorio clavado en mi corazón,
y en bandadas volaban manchando el cielo de remordimiento.
Ángeles negros, como los sucios cuervos,
prendieron en la rosada hoguera del candor,
y la perfumada noche a viva voz se lamentó;
con mi voz en vilo vi al caído amor.
La niña lloraba chorros de cera,
el niño con sus ojos lapidados la miraba,
y una rosa negra, perfumada de compasión,
cantaba un romance de luto y lágrimas; y lloraba.
Comentarios
Cuervos negros, ángeles caídos, miradas negras, rosas negras...
Y final lacrimógeno.
No me convence.
Si escupieras hacia arriba, y modificaras cuatro tonterías, harías de este ejemplar un digno poema.
Llevo todo el mes llorando a mis muertos, y este poema me ha parecido patético, no me jodas.
Patético por lo triste, entiéndeme.
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Gracias por la crítica. Me lo estuve mirando bien, y vi cosillas que no acababan de encajar, al final hice modificaciones. Pondré otra versión.
Sí Amparo, mi alma se bate en duelo con enormes heridas.
Gracias por comentar
Negro poema, con auténtico dolor negro.
Gracias Nae por comentar, me alegro que te gusten las metáforas.
La verdad es que seguramente el leer aumente los recursos. Y leer a Shakespeare es lo más rico que he leído hasta ahora; nunca había visto nada igual. El texto está vivo. Parce que más que escribir estuviera actuando.