Déjate ver lucero, mi lucerito,
cobija mi alma triste
y desahuciada en tu seno,
arrópala con el manto de la mañana.
¡Oh lucero, mi lucerito, alumbra mi alma!
La noche se apagó, murieron los astros,
ya no prende la llama en mi desolada mirada,
que perdida y sin mañana ya no persigue sueños;
solo duerme en la noche eterna.
¡quiero soñarte lucero, mi lucerito!
Hoy sólo puedo escribir un poema hueco,
se perdieron las palabras de amor
que un día alumbraron mañanas.
Te necesito como a la mañana,
te quiero, aunque estén rotas las palabras
y desgarrado mi amor.
¡Oh lucero, mi lucerito, ayúdame a coser las palabras!
Aquella tarde se escurrió el amor de mi boca
y nuestras manos resbalaron en el silencio,
todavía siento el silencio que acalla mi sueño.
¡No sabes cuánto lo siento!
Mi alma dejo de habitar en tu aliento,
así de pronto se fue,
ya no pude sentir más tus besos
y no supe que decir.
Como un ave vieja y cansada,
la noche se posó en nuestros ojos,
nos dejamos de mirar,
nuestros ojos se lanzaron al vacío,
como canicas cayeron al suelo;
se partió nuestro sueño.
¡Quiero mirarte lucero, mi lucerito!
Aquella tarde me desnudó el silencio,
me sentí vulnerable en tu sueño
y cubrí mi boca con un velo,
ya no quise saborear más tu sueño.
Me convertí en un bruto carcelero,
cerré mi corazón a cal y canto,
detuve la brisa que traía la fragancia de los besos.
Encerré los sueños en la noche eterna,
los obligué a dormir solos y sin soñar.
Detuve el redoblar de campanas,
las agujas del reloj,
los trenes y los aviones;
todo quedó detenido en mi cárcel.
Me proclame soberano de nuestros sueños,
traicione el placido soñar,
impuse mi desdichada voluntad,
que no fue más que silencio.
¡Oh lucero, mi lucerito, lo siento,
cuánto siento mi cárcel de silencio!
Desterré la caricia de tu voz,
de cuajo corte el aliento de tu beso,
ahora no encuentro tus besos, tus palabras.
No te escucho y necesito oír tu voz.
¡Háblame lucero, mi lucerito, bésame una nana que arrope mi sueño!
Desde aquella tarde,
me pierdo en amaneceres sin sueño,
buscando en el cielo mi lucero.
¡Oh lucero, mi lucerito, cuánto te echo de menos!
Comentarios
Muy inspirado, no sé de donde sacas tanto para decir que alguien ta hace falta:)
Cada vez haces combinaciones metafóricas más interesantes, Pinki. Creo que porque te ocupas de encontrar verbos alternativos que reemplacen los habituales. Saludos.
La conjugación verbal es la columna vertebral de un poema, y el abanico de verbos, para la ocasión va más allá de uno por verso.
Realmente es una canción, al estilo andaluz.
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Me alegro que estes por aquí otra vez.
La verdad es que recordé a una hermosa mujer que deje marchar, me quedé en silencio. Recordando aquella tarde me acorde de ella, pero no se puede retroceder en el tiempo.
Bueno, en el caribe tampoco, más bien en mi humilde barrio, sin playa. Pero eso sí con gente muy maja, y además con las fiestas del pueblo por medio, no me puedo quejar. Aun así me dio por cantar a una mujer.
Sí, la verdad es que me recreo más en buscar metáforas, en lugar de ir rápido; antes iba más rápido al escribir.