Recuerdo una tormentosa noche en la que al regresar al ático en que vivía, un apagón impidió que tomara el ascensor y la pereza me indujo a salir de nuevo a la calle en busca del primer bar que encontrara abierto.
No fui muy lejos. Entré en el que lindaba con el portal de mí casa. Tampoco tenía electricidad, pero estaba iluminado por un montón de velas.
Pedí una cerveza.
Me atendió una joven camarera; rubia, alta, delgada. A la titilante luz de las velas, me pareció más bien fea, pero con un llamativo encanto. Ambas cosas, que era fea y tenía encanto, quedaron confirmadas cuando regresó el suministro eléctrico.
…..
Hoy entro en un local recién inaugurado.
Tras la barra reconozco a la joven camarera de aquella noche de apagón que rematé a la luz de las velas.
Ha pasado mucho tiempo, demasiado.
Pido una cerveza, hay cosas que no cambian.
Ella se ha convertido en una mujer; rubia, alta, no tan delgada y muy guapa.
Al instante deseo con todas mis fuerzas que el tiempo no hubiese transcurrido y la bella mujer que veo tras la barra se convierta, de nuevo, en aquella joven camarera feucha pero con encanto.
Supongo que no por hacerle a ella, precisamente, un favor.
Comentarios
¿Hubo algo más que conversación entre el protagonista y la camarera…? Sospecho que sí. Pero quizás mi sospecha se deba a mi imaginación calenturienta…
Un saludo. Hasta pronto.