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Naturaleza Cíclica - Borrador

GuardareGuardare Pedro Abad s.XII
editado enero 2014 en Fantástica
Hola a todos,

Bueno, hace tiempo publiqué unos cuantos capítulos de cierta novela que planeaba hacer, pero como muchos; no soy muy constante. El caso es que, al final (después de leerla nuevamente), decidí cambiar el principio (más bien, cambiar todo, je).

Les dejo parte del primer capítulo haber que les parece.


—No deberíamos estar aquí Sinden, este lugar me da miedo.
—!Cállate Demu¡ tú también querías venir, así que cállate.
la espesura impedía avanzar y mirar con claridad, pero los dos jóvenes, aventureros por naturaleza, se excitaban solo imaginando lo que podrían encontrar fuera de su pueblo.
—Regresemos ya, antes que nos perdamos —Demu no podía dejar de mirar de un lugar a otro esperando lo peor.
—¿Dónde está tu valor amigo, lo dejaste con tu mami? —A los ojos de su compañero, Sinden parecía muy valiente, pero la verdad era que él estaba más asustado; y con justa razón. Miles de leyendas habían nacido entorno a las fronteras del bosque. Muchos afirmaban haber visto criaturas monstruosas, vigilando desde las sombras; voces extrañas que clamaban por ellos. Pero nada contundente. Una cosa era cierta: dejar los límites de su pueblo, se convertía automáticamente en una sentencia de muerte; o eso es lo que la gente afirmaba.
—¿Oíste eso?
—Son solo ramas quebrándose —Sinden afinaba la vista tratando de ver lo mejor posible.
—Eso es lo que me preocupa ¡idiota! si las ramas se rompen, es por que algo las rompió —tenía razón, pero su amigo estaba tan asustado, que no escuchó una palabra.
Ellos amaban la caza. Cuando muy chicos, habían hecho la promesa de convertirse en expertos cazadores, y para ambos, esto era solo una prueba más para conseguir tal fin.
—Sinden... —de nuevo el crujir de los arboles los sorprendió.
—Demu, vamos a cazarlo —dijo tan bajo que casi no se escuchaba.
—Bien... pero... ¿Qué vamos a cazar? —No se miraban; mantenían su vista directo a un cumulo de arbustos, varios metros adelante de ellos.
—Mira adelante tonto.
—Estoy viendo idiota. Ahí no hay nada.
El temor estaba por vencer lo excitante del momento. habían llegado al punto de estar casi completamente tirados en el suelo. era una sensación extraña la que sentían; por un lado, algunos metros atrás —antes de cruzar los límites—, no existiría el miedo; todo lo contrario; habrían planeado la forma de acorralar a su presa con una sonrisa en la cara, y con las manos temblorosas, llenas de adrenalina como las de cualquier cazador novato. En cambio, ahora no podían siquiera moverse cómodamente, mucho menos planear una buena emboscada. Era tal el miedo que les parecía irracional e inverosímil. En fin, para su desventura, las historias que por generaciones habían sido contadas entre su pueblo, los convertían en presa, en lugar de cazador.
Los minutos pasaron, pero nada daba señas de estar escondido en donde ellos, celosamente vigilaban.
—De verdad Sinden, vamos a regresar —no hubo respuesta.
Nada se movía, no había señas de que algo o alguien estuviera escondido en las cercanías. De cualquier modo, sentían cientos de miradas observándolos. Ojos que asechaban. Esa misma mirada que el cazador usa, cuando prepara el ataque.
—¡Por atrás! —gritó Sinden tan fuerte que Demu pegó un salto para después acabar entre unas raíces, pateando y maldiciendo
—Pero que tenemos aquí —se escuchó una voz ronca, que entre risotadas, solo logró asustar más a los pobres niños—. ¿Los asusté mocosos?
—Tú... —sorprendido pero aliviado sollozó Sinden.
—¡Misma.., idiota, me asustaste! Este por poco se caga en los pantalones.
—Tú no te quedas atrás Demu. y... ¿a quien llamas idiota niñito? —lo tomó de los cabellos como queriéndolos arrancar.
—Es broma jefe, solo bromeaba... —el joven apretaba los dientes para no gritar.
—Que demonios hacen aquí, venir a este lugar esta prohibido. Eso lo saben.
—Te hago la misma pregunta jefe, ¿Qué haces TÚ aquí? —Misma apretó más fuerte su cabellera, esta vez, justificadamente, Demu pegó un fuerte grito.
A pesar de su corta edad, Misma era considerado uno de los mejores y más finos cazadores de todo el pueblo. La gente alababa sus cualidades y respetaba sus decisiones. Aún así le gustaba la aventura y el peligro. Pero el peligro solo podía encontrarse más allá de los límites. Por supuesto, sus compañeros sospechaban que él hacía pequeñas excursiones a lugares donde nadie debería ir. Sin embargo, ninguno de ellos le plantaba cara o le reprochaba cosa alguna. Como ya lo comenté, lo respetaban, además tenía una cara un tanto sombría, que bajo su sombrero gris y desgarrado, imponía respeto; aunado a un cuerpo fornido, sobre el cual descansaba una gabardina de piel que duplicaba su porte y hombría. —así está a los veintiséis años, no quiero verlo a los cuarenta—, la gente siempre murmuraba cuando lo veía venir.

Primer borrador:
http://www.forodeliteratura.com/showthread.php/22053-Naturaleza-C%C3%ADclica-Nuevo-Comienzo-%28cap.-1%29
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