Llevaba tiempo preparándolo y estaba decidido a no dejar pasar aquel día.
Se levantó por la mañana y ya no se dio tiempo para pensárselo de nuevo. Se aseó escrupulosamente, se vistió aquellas ropas negras que tanto le gustaban y finalmente se peinó y perfumó. Cuando todo ocurriera quería tener una buena imagen.
No le apetecía desayunar, tenía un nudo en el estómago y no sabía por qué. Se creía totalmente tranquilo y no le habían dejado otra solución.
Metió en su mochila las cosas que había dejado preparadas encima de la mesa, escrupulosamente colocadas la noche anterior y se dirigió hacia el Instituto.
Entró y con paso rápido se dirigió hacia el despacho de su tutora.
Allí estaba; de pie, ajustándose la hebilla de la canana, casi lista para salir hacia su clase. Se dirigió hacia ella rápidamente. No debía dejarle tiempo para reaccionar. Metió una mano en el bolso lateral de la mochila mientras con la otra la cogía por la cintura atrayéndola hacia él para besarla en la boca. Ella, sorprendida, se revolvía instintivamente buscándose la cintura, al mismo tiempo que él tiraba algo encima de la mesa; finalmente, la profesora, había conseguido alcanzar el revólver para descerrajarle dos tiros.
Allí estaban; ella de pie y el muchacho tirado en el suelo mientras una gran mancha de sangre se extendía por el suelo. Se giró y apoyó las manos sobre la mesa, entonces vio el sobre, lo abrió y leyó el tarjetón que contenía solo dos palabras: TE QUIERO.
Comentarios
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Nada que ver anima con ánima. Amparo.;)