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Lluvia de ranas

SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
editado octubre 2014 en Narrativa
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Llueve.

Un poco antes el aire ululó entre las cañas colgadas de hilos de sedas fuera del alcance de las uñas de los gatos. Los trozos de cristales pulidos en forma de lunas y estrellas chocan con liviandad y tintinean. El juguete que pendía sobre mi cuna ahora es una veleta sonora colgada del ventanal de la cocina.

Se yergue con premura olvidando que ya no es joven y al precipitado gesto se suma un lamento sordo, levanta los hombros, le sigue el resto del cuerpo.

Cuando Suina remueve el cous cous sus palmas enrojecen tanto que asemejan el oscuro tono casi caoba del dorso. Vierte la sémola caliente en la vasija grande de barro, el vapor difumina nuestras bocas de contar hasta veinte en Hasanía.

Y yo con ella:


Guahed, aznain, azlaza, arbaa

De cuclillas, que no sabe otra manera de menear la sémola.


Hamsa, seta, sabaa


Se endereza y dice que sí, que sí que llueve. Cae agua densa y verde del cielo, cientos de diminutas ranas alfombran el suelo del patio.

— Es el diablo, el Aixa Candixaque viene a vernos —cuenta Suina —en mi pueblo una vez llovió peces, y una mujer se volvió loca, y ahogó a su hijo recién nacido, y enfermó el ganado, después vino la guerra y me vendieron.

— Sólo es un fenómeno meteorológico que en ocasiones ocurre, le interrumpe mi padre con voz serena y saca la vieja cámara de parar momentos. Gira la manivela, rebobina en sentido contrario el carrete ya acabado que guarda en el bolsillo derecho, aprieta la película de hace unos meses, de cuando mi madre sonreía y miraba por encima de nuestra cabezas el horizonte rojizo. Ahora llueve ranas y mi padre eterniza un gesto de apretado puño.

Saltan las ranas, se precipitan hacia un lado o hacia el otro desconcertadas y torpes. Algunas vienen envueltas en trozos de hielo, lupas que agrandan un ojo, la mancha parda del lomo, la membrana transparente que separa los dedos finos y alargados de una pata trasera. Otras se quedan quietas, paradas o muertas, no sé, que no me atrevo a tocar sus cuerpecillos verdes.

Por fin estreno las botas altas de agua, rezo para que no me queden pequeñas, pero antes terminamos de contar el cous cous.

Azmania, Tesaa y Achra.

Fuera, la impronta de los cuerpos alfombra la peatonal Avenida del Ejército. En las calles transversales las ruedas de los coches y camiones aplastan las ranas con tanta rapidez que no les da tiempo a apartarse, parece un gigantesco paso de cebra con dos tonos de verdes, más obscuras las bandas de las bocacalles.


Mis amigas se encogen cuando Manuel, Omar y otro bruto, les lanzan los bichos a la cabeza. Manuel me mira, no sabe qué hacer conmigo, no se resuelve a tratarme como a las demás chiquillas porque he crecido y apunto pechos. Le doy un empujón, responde con una sonrisa aliviada y me tira tal puñado de ranas que me muero del asco. Pronto nos acostumbramos y hasta le damos un beso a una.


— Primero tú.

— No, tú primero.


La beso por si acaso despierta un príncipe, o un sueño, o porque sí, aunque Mariola, la hija del Almirante diga que la piel se nos llenará de verrugas. Mariola sabe mucho, que ha estado en Francia y aunque nunca fue a París cuenta que La Rochelle es preciosa, que los barcos de allí son mejores que los nuestros. Dice nuestros y pienso que yo no tengo ningún barco. La pronuncia Gosheeel, por lo visto suena de esa manera. Desde entonces, al agua de perfume de mi madre, Rive Gauche, le suavizo las erres de sus existencialistas orillas, me parece que así su aroma es aún más embriagador y misterioso.

— ¿Perfume embriagador? —Cariño, no utilices nunca giros pesados y evidentes. Si mi madre continuara aquí conmigo, revisaría como antes los cuentos que escribo. Mantenía una cruzada contra las frases hechas. A veces las ponía adrede sólo para llamar su atención. Leía con calma y celebraba una intención adecuada, un giro inesperado y entonces yo era tan feliz de ver la expresión de su cara que casi no respiraba por miedo a romper algo. Pero no está, ya no está, por eso mi padre aprieta el puño y la mirada.

Para todo lo demás está Suina, sabe hacer el pan chato sin levadura que huele a gloria, y alargar el dobladillo del vuelto de alguna falda.

—Ésta noche has crecido mucho, por lo menos … mira Suina a cinta métrica como si dos centímetros fueran una frontera.

Al mediodía, asoma a la calle y me llama:

— ¡Eh Tara, a comer!

Pisa con rabia los ranas con la misma furia que aplasta a las cucarachas, sus endebles cartílagos crujen como cáscaras huecas.
El Aixa Candixa anda suelto y Suina no me deja entrar en casa con las botas de pisar demonios verdes.

Comentarios

  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado agosto 2013
    Relato dedicado a la memoria de "Suina", también a Asier Picazo y a su compañera de la que me gustaría mucho saber su nombre.
  • Asier PicazoAsier Picazo Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado agosto 2013
    Suina, es extraordinario. Santo Dios, me has dejado con la boca abierta. El estilo es embriagador; la estructura impecable... Hacía tiempo que no visualizaba las imágenes como lo he hecho ahora. Es una fotografía literaria tan perfectamente enfocada...
    Enhorabuena.

    Muchísimas gracias por la dedicatoria. Me siento muy honrado.
    Mi esposa se llama Carmen. Es maestra y una excelente crítica de cine. Pero, sobre todo, es mi aliento vital, mi musa, mi todo.
  • SinrimaSinrima Miguel de Cervantes s.XVII
    editado agosto 2013
    Suina, me ha encantado tu cuento. Tiene alma.
    Es curioso que alguna vez "lluevan ranas"; es como si a nosotros nos lanzaran, de pronto, hacia un lugar inhóspito y desconocido.Lo siento por ellas, pero me alegro de que ese acontecimiento tan singular, diera origen a este cuento tan bien hilvanado.
    Me gustan mucho las ranas; yo no las piso; las cojo para observar su sonrisa, porque ¿no te has fijado nunca en que el gesto de su boca es una sonrisa a medias?.

    Saludos.
  • amparo bonillaamparo bonilla Bibliotecari@
    editado agosto 2013
    :eek: Muy poètico y todo, pero las prefiero a metros de mi, huácala, se me eriza todo de pensar en tocar un bicho de estos así supiera que hay estaría mi príncipe soñado, creo que se quedaría sapo toda la vidad:eek::p

    Mi madre también se llamaba Carmen, que casualidad:)
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado agosto 2013
    Carmen es un nombre rotundo, fuerte, redondo, perfecto...hay que abrir la boca para pronunciar a Carmen. ¡Qué bien que admires y quieras tanto a tu especialísima Carmen!

    Sinrima, a mi tampoco me gustan las ranas, como a Amparito, aunque a lo mejor es que no me he parado a mirarlas tan bien como lo haces tú, a menudo nos perdemos maravillas por no saber mirar con los ojos adecuados.

    Besos y sonrisas compañeros. Hoy me habeis hecho muy feliz.
  • CarlosSerranoCarlosSerrano Fernando de Rojas s.XV
    editado octubre 2014
    Un relato precioso y que resuelve el misterio de tu nick. En fin, cuando un relato es tan hermoso parece idiota cualquier cosa que yo pueda decir. Mejor le doy cinco estrellas por si acaso.:D

    Me gustaría decir más pero es que no se me ocurre nada...cuanto más te gusta algo menos palabras encuentras...:rolleyes:
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