Hola, debido a que la historia anterior se me perdio, y como la que os voy a presentar falta poco para que termine, he decidido publicarla aqui.
Sinopsis:
Las hermanas Flores viven solas, desde la muerte de sus padres, cada una con una diferente personalidad intentara ser feliz, aunque por supuesto su manera de ser, conseguira que las cosas no sean nada faciles para ninguna, y deban cambiar con el tiempo, tambien seremos testigos de las diferentes historias del pueblo de San Cristobal, y su relacion con las protagonistas, un saludo.
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Es una verdad universal que todas las historias de amor, tienen que pasar por toda clase de dificultades, para que puedan ser consideradas verdaderas muestras de pasion, si un romance no ha tenido aunque sea un solo problema, entonces es demasiado vanal y no ha sufrido los pormenores, de la desdicha y de la desilusión, si por el contrario, aquel romance, ha tenido que superar toda clase de pruebas, entonces es bien sabido, que no carece de pasion y arrobamiento, de la misma manera piensa Mariana Flores, una joven andaluza que vive en un pueblito cercano a Madrid, aficionada a las novelas y a sus protagonistas, sobre todo si tienen un amor prohibido, desde que tenia catorce años, ha sido clienta frecuente del salon de Madame de Leiver, una escritora, que no ha conocido los reconocimientos, pero que siempre ha disfrutado del favor de las señoritas del pueblo, las que lo son en apariencia y posiciones, y quienes a pesar de los prejuicios tambien se mantienen puras, ninguna de sus hermanas ha comprendido su manera de ser, la primera porque era demasiado exigente, y la segunda porque no habia conocido el amor, las dos hermanas, Isabel y Camila, buscaban la manera de hacerle comprender que estaba equivocada, aunque las opiniones de Isabel cambiaban dependiendo del amante de su hermana.
_ No me interesa, que sea casado, lo que me preocupa, es que no te hayas buscado un hombre de dinero, si al menos tuvieras la mitad de mi inteligencia, entonces elegirias mejor.
_ Ricardo es un buen hombre, ademas me consiente demasiado.
_ Jamas se va a divorciar de su esposa.
_ ¿Y quien les dijo que yo quiero que se divorcie?
_ No puedes ser su amante toda su vida.
_ Tienes que pensar en tu futuro.
_ Isabel, tu siempre seras una solterona, mientras que Camila, cuando se enamore, porque estoy convencida que lo hara, entonces se dara cuenta que no tienen derecho a jusgarme.
Mariana se levanto de la siilla, se dirigio hacia la puerta y de inmediato, salio de la estancia, ninguna de sus hermanas atino a decir nada, hasta que finalmente, Isabel expreso:
_ Quiero verla el dia en que la esposa de don Ricardo la descubra.
_ No creo que deseos el mal de nuestra hermana.
_ Por supuesto que no, Camila ¿Por qué deberia querer algo semejante? Sabes muy bien que a pesar de todo, las quiero.
Camila no dijo nada, aunque desde que tenia uso de razón se dio cuenta de la distancia que habia entre sus dos hermanas mayores, y aunque ambas la querian tiernamente, Mariana siempre era mas consentidora, y le permitia todas las cosas que Isabel siempre le tenia prohibidas, como asistir al carnaval, y subirse a los arboles, aunque en algunos casos, terminara lastimandose, y fuera preciso que Mariana la ayudara, sin que su hermana se enterase del accidente, Isabel por su parte se ocupaba de su educacion religiosa, y tenia todos los deseos del mundo, de que Camila pudiera casarse de blanco, como quizas ella jamas podria hacerlo, aunque tampoco habia nadie en el pueblo que pudiera considerarse un buen partido, la unica familia rica eran los del Angel, un matrimonio de origen frances, que se habia instalado hacia casi veinte años en San Cristobal, que es el nombre de nuestro querido pueblo, y que solo tenian un hijo, un joven a quien desde los siete años habian mandado a estudiar en un colegio de sacerdotes, y esperaban que volviera para pasar una temporada con la familia, y decidir su futuro.
Don Ignacio del Angel era un caballero que disfrutaba de todo el prestigio que fuera posible, en una sola persona, siempre se habia portado de manera adecuada con todo el pueblo, no era pretencioso, y menos soberbio, le habia enseñado a su hijo a que jamas deberia de despreciar a los demas, porque no tuvieran las riquezas de las que el disfrutaba, mientras que Amalia, siempre habia manifestado, que las diferencias de clases sociales existen, lo cual provocaba, que los esposos jamas estuvieran de acuerdo, aunque siempera era don Ignacio quien tenia que dejar finalizada la discusion, especialmente cuando estaban en peligro de que fueran escuchados por alguno de sus criados, mientras dejamos a los esposos del Angel, dirijamonos enseguida al salon de Madame de Leive, en una puerta lateral cerca del salon principal se encuentra un caballero, de unos cuarenta y cinco años, que si bien no es demasiado apuesto, tiene a su lado a una mujer mas joven, hermosa, y casi una chiquilla, si no fuera porque habia pasado las veinte primaveras, la doncella no dejaba de acariciar las mejillas de su amante, quien al mismo tiempo le besaba las manos, las palabras de amor, no se hicieron esperar.
_ Te amo con toda mi alma.
_ Yo tambien siento lo mismo.
_ Quisiera que me disculparas por no divorciarme.
_ Se muy bien que no puedes dejar a tu familia.
_ Mi esposa esfa enferma, y mis hijos aun son pequeños.
_ Lo que menos quiero es que tengas remordimientos.
_ No creo que ahora sientas alguna clase de culpa.
_ ¿Me estais reclamando algo?
_ Jamas lo haria, pero sabes muy bien que no estamos haciendo lo correcto y que si Catalina no estuviera enferma, entonces la dejaria, y me casaria contigo, nadie tiene porque jusgarnos.
Mariana se entrego por completo a la pasion de su amante, sin embargo, no se maginaba, que la esposa de don Ricardo, estaba demasiado lejos de ser una mujer que pudiera estar enferma.
Los Velarde eran la familia mas importante del pueblo despues de los del Angel, y tambien disfrutaban de todo el prestigio del pueblo, aunque la manera de comportarse de la señorita Jimena, no era precisamente, la de una buena cristiana, jamas se interesaba por los mas necesitados, y siempre vivia pendiente de las apariencias aunque todos supieran que no era una buena persona, estudiaba en un colegio religioso, aunque no era piadosa, desde que ella y el hijo de los del Angel se conocieron, el mayor deseo de sus madres, era que llegado el momento adecuado se casaran, don Ignacio no queria imponerle nada a su hijo, mientras que el padre de Jimena era un aficionado a la bebida, que no se enteraba de nada que pudiera suceder, casi todas las noches terminaba tendido de borracho en una taberna, aunque el dinero de la familia, lo salvaba de toda clase de comentarios, sin embargo su esposa, no estaba nada contenta.
_ ¡Es la ultima vez que me haces pasar semejante vergüenza!
_ No tienes de que quejarte, despues de todo, tienes que agradecer que mi dinero sirve para callar los comentarios de la gente, ademas tu sabias muy bien con quien te casabas, pero en ese momento no te quejaste, porque lo unico que te interesaba era evitar la ruina de tu familia, y mi dinero los salvo a todos.
Clemencia se quedo en silencio, no le quedaba mas remedio que reconocer que se habia casado con Fernando Velarde por dinero, pero que en realidad siempre habia estado enamorada de un soldado que habia muerto en el campo de batalla, en la guerra que habia tenido España con Francia, hace casi veinte años, y que era el unico hombre, a quien ella habia amado.
_ Despues de todo, conseguiste casarte conmigo.
_ Lo que antes fue un triunfo, ahora es una derrota.
_ ¿Me estais menospreciando?
_ Tu haces lo mismo conmigo, siempre.
Clemencia manifesto que estaba siendo demasiado injusto con ella, de hecho consideraba no haber dicho nada que pudiera ofender a su esposo, Fernando sabia que no lo amaba. ¿Entonces cual era la desilusion? Su esposa intento calmar la situacion, mas que por amor, por el simple deseo de evitar un escandalo, los Velarde, eran la segunda familia modelo, despues de los del Ángel, y tenian que seguir aparentando delante de todo el pueblo, sin embargo, Fernando solo atino a reirse, bebio la botella de licor, y se fue tambaleandose, y diciendo incoherencias, Clemencia estaba avergonzada, sentia que en cualquier momento, todo ese aparente mundo de cristal, iba a romperse, y que todos los pedazos se le fueran a caer encima.
_ Aquí no ha sucedido nada, mi familia, es tan perfecta, como la de los del Ángel, no tenemos nada, que pueda provocar un escandalo, despues de todo, esto no tiene la menor importancia.
Leticia, la costurera del pueblo, habia llegado hacia cuatro años, huyendo de un marido que la maltrataba, y buscando la manera de salir adelante, usando su talento, aunque al principio, las oportunidades, eran dificiles, las fue consiguiendo con el tiempo, y una de ellas era trabajar como la costurera privada, de la señorita Jimena Velarde, quien como era de esperarse, la rechazaba, sin embargo, la amistad que sentia por su padre, era tan fuerte, que sentia que jamas podia imaginar que pudieran alejarse, y Fernando, veia, en aquella joven a la unica persona, que no lo jusgaba, y que siempre estaba dispuesta, a brindarle un consejo, una palabra cariñosa, en fin, que era su amiga, lo cual por supuesto no le gustaba para nada a su hija, quien en varias ocasiones, habia intentado pedirle a Leticia, que se mantuviera alejada de su padre, y que no destruyera a su familia.
La esposa de Ricardo, se encontraba disfrutando de una salud inmejorable, y su esposo veia con pocas esperanzas, el poder estar con Mariana, habia desafiado al tiempo, esperando que su mujer pudiera morir, a causa del resfriado que venia sufriendo desde hacia unas semanas, sin embargo, aquel resfriado, no era mas que un susto, y Catalina Montero, que compartia el apellido de su marido, era despues de aquel resfriado sin importancia, la mujer mas sana de todo San Cristobal, y nadie en el pueblo, podia decir lo contrario, era madre de tres niños, Luis, Pedro y María, quienes aun no habian alcanzado la edad de los adolescentes, pero estaban demasiado lejos, de ser unos infantes, eran unos niños, demasiado buenos, y demasiado piadosos, que se encontraban casi todos los dias, leyendo el libro de primera comunión, que el padre Ventura, les regalo durante el verano, Catalina, esperaba ansiosa, el dia en que sus tres tesoros, recibirian por primera vez a Jesucristo Sacramentado, y rezaba fervorosamente, por el bien de sus almas, su piedad se basaba principalmente, en que los pedazos de su alma, no solo recibieran la primera comunion, si no que mantuvieran sus corazones puros, por el resto de sus vidas, estaba a su lado, todas las noches, leyendoles, un pasaje del evangelio, y haciendoles preguntas, las mismas, que los niños respondian, de la manera mas sabia, y Catalina, se sentia demasiado orgullosa de ellos, Maria, era quizas, quien mejor respondia, a toda clase de inquietudes, sus hermanos decian que era la mas lista del catecismo, y que habia sido la primera que se habia aprendido el credo de los apostoles, sin embargo, lo que ninguno de ellos se imaginaba, era que Maria, era demasiado timida, y que le costaba hablar con las personas, la mayor parte del tiempo, cuando tenian sus ratos libres, se dedicaba a contemplar la naturaleza, y disfrutaba de ver las flores, porque de alguna manera, la hacian sentir dichosa, ya que eso no sucedia en casa, puesto que se daba cuenta de las infidelidades de su padre, aunque siempre preferia esconder aquel secreto, y como era demasiado reservada, nadie se daba cuenta, de las tristezas que tenia aquella niña de ojos caramelo.
A pesar de sus infidelidades, Ricardo adora a su hija, quizas mas que a sus hijos, y siempre mira por su bienestar, la niña no quiere tenerlo cerca, simplemente lo rechaza por hacer daño a su madre, la niña ha tomado una flor y se la ha guardado, en sus ojos de ve la trizteza, sin embargo cuando regresa a casa, recupera aquella sonrsa timida. Que siempre muestra ante todo.
_ ¿Te sucede algo, princesa? Le pregunto su madre, tiernamente.
_ Nada, mira, te traje una flor.
En esos momentos, llego su padre y con una sonrisa, le dijo:
_ ¿Y a mi, no me regalas una flor?
_ A los hombres, no les gustan las flores.
Ricardo, la miró sorprendido, pero no le dijo nada, se dirigio a su esposa, y la beso con una amabilidad que desconcerto a su hija.
Ines se encontraba leyendo los darios que hablaban de la moda en Paris, cuando algunos momentos despues, aparecio Jimena.
_ ¡Niña! ¿Se puede saber donde estabas?
_ Eviitando que regalen mis juguetes.
_ Jimena no los necesitas, puedes tener otro nuevos.
_ No quiero que regalen nada, y menos la muñeca francesa.
_ Es para hacer una obra de caridad.
_ La caridad no va a conseguir, que esta familia sea mejor.
_ No deberias ser tan egoista
Jimena hizo un gesto caprichoso, estaba acostumbrada a ser siempre su voluntad, de hecho creia, que siendo hija unica, todo el mundo estaba en la obligación de consentirla y de hacer lo que ella quisiera, su madre la adoraba, y su padre, aunque tambien le tenia un gran afecto, no la consideraba su prioridad, si no que trataba siempre de demostrarle que no deberia ser tan superficial, sin embargo es demasiado dificil no ser una jovencita vanidosa, cuando se tiene catorce años, y se ha crecido teniendo como unica sombra al hijo de sus padrinos.
_ ¿Y sabes cuando regresa Pablo?
_ Amalia me aseguro que o veriamos el domingo.
_ Si no fuera por la carita que tiene, me aburriria con los sermones, no comprendo como puede leer, tremendo libro.
_ Yo tampoco lo comprendo, y menos cuando su madre y yo tenemos planes diferentes, espero que no haga nada indebido.
_ Tu quieres que Pablo se case conmigo. ¿Por qué?
_ Porque haceis una pareja preciosa.
_ ¿No será porque tenemos problemas de dinero?
_ Los Velarde, jamas tendremos esa clase de problemas.
Jimena se retiro, creyendo en las palabras de su madre, porque no veia ningun motivo para dudar, de todo lo que le habia dicho.
Amalia se encontraba leyendo una revista de modas, cuando su ama de llaves, Ursula, se presento ante ella, y seriamente, dijo:
_ Disculpe doña Amalia.
_ ¿Qué se te ofrece?
_ Tiene una carta.
_ ¿Es de mi hijo?
_ De su hermana menor.
_ Evangelina.
_ Claro que si.
_ ¡Dame la carta! ¿Vamos que esperas?
_ Como usted ordene.
Úrsula le entrego la carta, y despues pidio permiso para retirarse, Amalia se quedo sola y enseguida se puso a leer.
_ “Querida hermana, apenas hacia dos meses que me casé, sabes que no ha sido facil para mi, despues de todo lo que ha pasado, el sabe que es culpable y que debia de reparar mi honor de alguna manera, ha decidido lo correcto, porque de lo contrario, la presion social hubiera sido demasiado fuerte, es un buen hombre, aunque a veces me da rabia, que sea tan pusilanime, sin embargo, sabeis muy bien, que nosotros vivimos de las apariencias, y debemos conseguir que sean lo mas real que se pueda, es una lastima que Pablo, no hay heredado tu manera de pensar, esta mas pegado a estar pendiente de los demas, cuando ha nacido para ser un egoista, espero realmente que no se le pase por la mente la idea de ser sacerdote. ¿Por qué si eso sucediera? Nuestra familia se quedaria sin herencia, yo no puedo tener hijos, aunque mi esposo crea que estoy embarazada, eres la unica a quien le he dicho toda la verdad, y estoy segura que no vas a traicionarme, tu menos que nadie tiene derecho a hacerlo, espero que me recuerdes, Evangelina”
_ No nos parecemos en nada, yo jamas haria lo que tu has hecho.
Amalia guardo la carta de su hermana y la guardo, no estaba dispuesta a que se descbriera aquel terrible secreto, ademas deseaba que cuando su hijo volviera, se casara con Jimena Velarde, y estaba realmente convencida de que lo iba a conseguir, porque todo siempre lo hacia por el bien de Pablo.
El internado de San Felipe, era considerado el mas importante de todo el pais galo, su disciplina jamas era puesta en duda, y todos sus jovenes eran considerados un dechado de virtudes, aunque quien tenia el privilegio de se considerado el joven modelo de perfeccion y de virtudes, era un joven español, que tendria unos 17 años, una figura encantadora, y ademas que siempre estaba dispuesto a brindarle su ayuda espiritual y fisica a cualquiera de sus semejantes, sin hacer distincion alguna, debemos decir que aquel comportamiento, a veces generaba la molestia de su madre, quien venia a visitarlo cada tres meses, la ultima vez que lo habia visto, hace dos semanas para ser precisos, le habia molestado que vendiera una cadena que le regalo, y sobretodo los motivos por los cuales lo habia hecho.
_ Jamas debiste de haber hecho algo semejante.
_ ¿Y porque no? Ademas. ¿Yo que voy a hacer con algo material?
_ No era necesario que lo vendieras.
_ El hijo de la cocinera estaba enfermo, y el dinero era necesario para pagar sus medicinas, de lo contrario se hubiera muerto.
_ A veces pienso, que deberias salir de este internado, si estuvieras con nosotros en casa, seria mas facil controlarte.
Pablo escuchaba a su madre, sorprendido, no comprendia como era posible que le diera mas importancia a las vanidades del mundo, cuando lo mas importante era el bienestar de los demas.
_ Solo espero que puedas comprenderme.
Amalia recordo aquella ultima visita, ella queria a su hijo con toda su alma, pero esperaba realmente que pudiera cambiar de ideas, que fuera como cualquier joven de su edad y que se casara con Jimena, se lo habia prometido a los Velarde y estaba en plena necesidad de cumplir su juramento de todas maneras.
La relacion entre Isabel y Mariana Flores no era la mejor y los problemas aumentaron, cuando la primogenita de la familia Flores queria enviar a su hermana Camila a un internado en la capital, para que aprendiera a comportarse como toda una señorita, sin embargo Mariana consideraba que seria demasiado caro y lo mejor era que estudiara en la escuela del pueblo, que si bien no tenia mas que lo elemental, las enseñanzas que la maestra Isadora brindaba a todos los jovenes del pueblo no podian despreciarse, quizas la escuela del pueblo carecia de los lujos de un internado madrileño, pero tambien era de bastante ayuda, Mariana tenia en cuenta entre otras cosas que la maestra Isadora era una mujer bondadosa y altruista que no cobraba nada y que hasta ella misma regalaba los libros con los cuales los alumnos podian estudiar, sin embargo Isabel no estaba de acuerdo y considera que una educacion pagada seria lo mejor.
_ Realmente me parece absurdo que puedas ser tan egoista.
_ No tenemos dinero. ¿Cómo vamos a pagarle el internado?
_ Alguno de tus amantes nos puede ayudar.
_ Me estas ofendiendo.
_ No creo que decir la verdad, sea una ofensa.
_ Isadora es una buena mujer, ademas no cobra nada por enseñar en la escuela del pueblo, no deberias despreciarla.
_ No la desprecio, solo quiero lo mejor para nuestra hermana.
_ ¿Y le habeis preguntado a Camila, si quiere irse del pueblo?
_ Camila es una niña, no creo que sepa lo que quiere.
_ Tiene trece años, ya tiene edad suficiente para decidir.
_ ¿Y si quisiera estudiar fuera de este misero pueblo?
_ Entonces haria hasta lo imposible por complacerla.
_ Pues bien, espero que puedas cumplir tu promesa.
_ Yo solo quiero lo mejor para Camila, pero sin obligarla.
Ninguna de las hermanas estaba dispuesta a ceder, y no podemos asegurar si Camila estaria de acuerdo en quedarse en San Cristobal o irse a estudiar a un internado en Madrid, debido a que aun no le habia sucedido nada que pueda ser interesante. No tenia afinidad por nada que no sea la musica, y gustaba demasiado de cantar delante de todo el pueblo, que aplaudia entusiasmado su talento, aunque Isabel se lo prohibiera varias veces, habia un motivo especial, por el cual no queria que su hermana pudiera estudiar nada que tuviera que ver con la musica, y estaba dispuesta a impedirlo de cualquier manera.
Evangelina del Angel era una mujer que aparentemente estaba casada con el amor de su vida, sin embargo lo que nadie sabia era que aquel matrimonio habia sido forzado para evitar un escandalo, y Santiago de La Fuente se habia acostumbrado a un matrimonio sin amor, porque todo en el pasado señaba que era culpable y que no tenia ningun derecho a rechazar proteger el honor de Evangelina, era un caballero demasiado joven, como para que cualquier creyera que no tenia derecho de rehacer su vida, apenas tenia 27 años, aunque su aparente seriedad y tristeza hicieran que pareciera bastante mayor que hace tiempo.
_ Deberias dejar de lado esos libros _ Le dijo su esposa.
_ Son libros motivacionales.
_ ¿Y para que los necesitas?
_ Para encontrar algun sentido a mi vida.
_ No creo que unos libros, te quiten lo mediocre.
_ Si tanto me desprecias, no debiste casarte conmigo.
_ Te recuerdo que todo esto sucedió, porque me violaste.
_ No recuerdo lo que sucedió aquella noche.
_ Pero las pruebas eran suficientes, yo estaba lastimada, llorando y tu estabas drogado, no deberias olvidar mi tragedia.
_ Te juro que no recuerdo lo que sucedió.
_ Al menos tuviste la suerte de que nuestras familas decidieran que nos casaramos, antes de que te mandaran a la carcel.
Santiago intentaba recordar aquel momento del cual siempre habia sido acusando, sin embargo por mas que quisiera no lo conseguia, solo venia a su mente la imagen de Evangelina llorando y acusandolo del peor delito que puede cometer un hombre, y que casi nunca puede ser perdonado por su victima.
_ Al menos no intento que tu vida sea peor que la mia.
_ Es cierto no lo intentas, ya lo habeis hecho.
Santiago salio de la estancia, no queria seguir escuchando a su esposa, Evangelina tomo uno de los libros motivacionales y dijo:
_ Haria falta mas que un libro para que todo sea mas facil.
Durante siete años, Evangelina habia por todos los medios, poder salir embarazada, sin embargo todos sus intentos habian sido en vano, y en aquellos tiempos no existian los tratamientos de fertilizacion que existen en la actualidad, por lo cual la situacion era mas dificil, Evangelina deseaba con todas sus fuerzas poder ser madre, y estaba dispuesta a cualquier sacrificio, sin embargo el apocamiento de que según ella hacia gala insensiblemente su marido, era para ella un arma de doble filo, pues no podia estar segura si su esposo era en realidad tan apocado como habia aparentado, despues de que se comprometieran en matrimonio, la madre de Santiago, siempre habia estado de acuerdo con la boda, aunque confiara plenamente en su hijo, y estuviera realmente convencida de que era inocente, del mas terrible crimen del cual lo habian acusado.