Deja en paz al diablo es uno de esos thrillers que no puedes dejar de leer hasta que llegas al final y compruebas si tus deducciones sobre la identidad del presunto asesino eran correctas o erróneas.
John Verdon, un septuagenario neoyorkino procedente del mundo de la publicidad, conoce como pocos los
estímulos que activan la salivación lectora, condicionada por enigmas que desafían la inteligencia aderezados con sabias dosis de acción que asimilan prácticamente nuestra respuesta con la de los perros pavlovianos
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