Derramador de lágrimas, semejantes a cascada, torrente de dolor extirpable sólo por los ojos, liberación del pesar acumulado; lluvia caía a raudales encima de él, tronaba y relampagueaba. El aspecto era abismal, y él permitía que le cayese la recia tempestad.
El cielo, nublado, rodeado de nubarrones, chispeante el rayo airoso, graznido de campanada; levanta el rostro y mira cómo de a poco la lluvia amaina y comienza a clarear. El llanto se detuvo. La lluvia se detuvo.
Se siente triste, desgarrado, resentido; agudo remordimiento pues por culpa suya la lluvia murió. Qué desagradable remordimiento.